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La Corte, en stand-by: tácticas y estrategias a la espera del 10-D
TRIBUNAL ACOTADO DIFICULTA CONSTRUCCIÓN DE MAYORÍAS. OTRAS TRIBULACIONES EN UN AÑO DE CAMPAÑA
Carlos Fayt, Gustavo Béliz y Carlos Menem
El presente actual de la Corte es un desafío para la lógica que prefiere Ricardo Lorenzetti para juntar los votos. Cuando el tribunal tenía siete miembros era más facil encontrar las mayorías.
El justice escuchaba todas las opiniones de sus pares en los acuerdos y luego los visitaba en forma individual con el objetivo de limar las distintas posturas a fin de obtener consensos. Esa táctica le sirvió, por ejemplo, para lograr los fallos que blindaron la pesificación en los albores del kirchnerismo.
Fue el mismo sistema a partir de 2008 cuando la misma Corte comenzó a emitir fallos que orientaban el discurso crítico hacia el Gobierno: las cuestiones jubilatorias, los fallos sobre el uso de la publicidad oficial, el pedido de restitución de un exprocurador santacruceño, etc.
Pero ahora ese margen de acción es mínimo porque las terminales son pocas y porque tanto Elena Highton de Nolasco como Carlos Fayt son más rigidos en sus ideas y conceptos. El ministro decano tiene por norma ni siquiera apartarse de la jurisprudencia de sus propios votos.
Esta dificultad se evidencia también en conductas y en resoluciones. Un fallo de la semana pasada limitó el alcance de los recursos extraordinarios que llegan a la Corte. En diversos párrafos sobresale la idea, o al menos la intención, de ir hacia una Corte que trate menos expedientes. Un viejo anhelo de Fayt que también compartía Carmen Argibay. Una Corte más similar a la estadounidense que sólo elige unos 70 casos por año sobre los cuales expedirse.
Este modelo también es coincidente con el discurso cortesano que defiende un tribunal de cinco miembros como garantía de un trámite más ágil de los casos. Las dificultades aparecen, por supuesto, cuando una composición de ese número ofrece disonancias bien marcadas. Funcionar bien con cinco jueces precisa de un marco conceptual más uniforme.
Esa uniformidad no es deseada por los aspirantes a la presidencia, que a pesar de sus diferencias en materia judicial coinciden en que la Corte precisa de un número superior. Mauricio Macri ya lo expresa sin tapujos y así se lo ha comunicado a algunos socios del radicalismo que también tienen candidatos para el máximo nivel judicial.
El único candidato que recientemente dijo que cinco es un buen número fue Sergio Massa, que, de paso, insiste cotidianamente con que la Corte tenga plena autonomía presupuestaria. La vinculación del tigrense con ciertos satélites familiares en el ámbito del cuarto piso irrita sobremanera al kirchnerismo duro.
La pasividad de una Corte en stand-by, que mira atenta el desarrollo electoral, sirve al oficialismo porque lo preserva de dolores de cabeza en un momento de toma de decisiones.
Aun así, siempre habrá lugar para divergencias o señales calculadas con destino a actores de poder. El debate por el gremio de las policías tiene esa dirección: constituirse como un llamado de atención al peronismo, pero que difícilmente se constituya como fallo en el corto plazo. Por eso noches atrás un cónclave de hombres del sindicalismo fue el escenario para discutir sobre el estado de ese debate que ya está instalado en las alturas de la Corte. Uno de los laboralistas a quien más escucha Hugo Moyano dio a entender que tras las múltiples apariciones públicas de Lorenzetti, tan características en los últimos días, se vislumbra la dificultad de la propia Corte para fijar agenda por sus propios fallos y no tanto por ideas o comentarios sobre el contexto general.


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