12 de febrero 2014 - 15:42

La Dama defendió el "siga, siga" (la Bolsa, también)

Siga, siga. Janet Yellen espera darle continuidad al legado de Ben Bernanke y así lo manifestó ayer en su debut en el Congreso. El timón de la Fed cambió de manos, pero no de dirección. El itinerario previsto se mantiene aunque, se aclara por enésima vez, los tiempos y la traza definitiva dependen de los avatares económicos. No obstante, de no mediar accidente grave, la suerte del QE3 está echada: se irá extinguiendo reunión tras reunión -en sucesivos recortes de 10 mil millones de dólares- hasta desaparecer en el cuarto trimestre (si en octubre, con una reducción final de 15 mil millones; si no hay prisa, en diciembre, con una de 5 mil millones). La nueva conductora defendió el "siga, siga" y la Bolsa, también.

Yellen fue transparente: la Fed observa con suma atención la reciente oleada de volatilidad en los mercados financieros mundiales. En el Informe de Política Monetaria, un texto de 58 páginas que acompañó su presentación oral, el estrés financiero de las economías emergentes y sus vulnerabilidades ocupan dos páginas completas. ¿La conclusión? "No suponen un riesgo sustancial para el panorama de la economía de los EE.UU.", Yellen les dijo a los legisladores. ¿Y entonces? Pues, que siga el baile, que la Fed no dejará tampoco de seguir con el "tapering".

¿Cuánto del frío polar que congeló el informe ISM fabril (y al conocerse, una semana atrás, también congeló la sonrisa de los inversores) asomó en su racconto económico? Ni una mención. Nada. La actividad levantó vuelo en la segunda mitad de 2013 y no se espera que amaine en la medida que tampoco se piensa que la política fiscal se interpondrá en el camino (como lo hizo el año pasado, en el primer semestre, con la suba de impuestos y el "sequester" del gasto; pero no luego, con el cierre parcial del Gobierno).

La inflación, por lo exigua, es la piedra -o el guijarro- en el zapato. El alza de los precios orilla el 1%, la mitad del objetivo explícito de la Fed. Y Yellen recalcó su compromiso con las dos exigencias de su mandato: conducir la economía al pleno empleo, pero también la inflación al 2%. Sin embargo, no se quitará el zapato para librarse de la molestia. El guijarro es temporario, se convertirá en arenilla o se saldrá solo, de la misma manera natural que se hace camino al andar.

¿Y qué del "forward guidance"? Yellen no dejó dudas. El QE3, pergeñado para promover una mejora sustancial de las condiciones laborales, resultó eficaz. Desde agosto de 2012, un mes antes de lanzar el programa de compra de bonos, se crearon 3,25 millones de puestos de trabajo. Ahora bien, "la recuperación del mercado laboral está lejos de ser completa". Entiéndanse los matices. Como la mejora es sustancial, toca el turno del "tapering", de rebatir el QE3. Como es incompleta, es temprano para batir las palmas a favor de una suba de las tasas de interés. En esa quebrada virtual transitará la política de la Fed. ¿Y cómo interpretar la reducción vertiginosa de la tasa de desempleo que se ubica en el 6,6% a un tris de cruzar el mojón del 6,5% que la Fed, en diciembre de 2012, instaló para señalar cuándo podía ser apropiado evaluar un alza de las tasas cortas? Yellen dijo, como siempre, que un umbral no es un gatillo. Y recordó que hay que contemplar la fórmula en su totalidad.

No sólo la tasa de desempleo tiene que internarse mucho más allá del 6,5%; sino que la tasa de inflación debe trepar hasta medio punto por encima del objetivo del 2% (mientras las expectativas de inflación permanezcan bien ancladas). ¿Una cláusula demasiado engorrosa? Sobre todo, si no se pone voluntad en comprenderla. Yellen tuvo que repetirla ante legisladores que querían hacerle pisar el palito (como si la que improvisara fuese ella, como si no hubiesen pasado 36 años desde su primer contrato en la Fed).

Lo importante quedó clarísimo: ni siquiera el mercado de trabajo está maduro para darle las hurras a la tasa cero. Hay que advertir la cantidad de gente que permanece desocupada por más de medio año. O la que trabaja a tiempo parcial porque no consigue un conchabo de jornada completa. Ya anticipamos que la Fed tendrá que perfeccionar la comunicación para evitar confusiones (y que Yellen deba peregrinar por todas partes explicando lo mismo). Es una tarea que figura al tope de la agenda para la próxima reunión de marzo. Si no hay más urgencia es, sencillamente, porque basta ver la reacción de los mercados y notar que el mensaje se entiende. Pero no será tan así cuando la coyuntura se libere de la tenaza de un invierno crudísimo.

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