10 de septiembre 2013 - 14:26

La despedida a Lescano fue otra escala en la campaña

• Peronismo oficial y varias CGT anoche en el velorio del sindicalista

Hombres del Gobierno y sindicalistas de todos los palos anoche en el velorio de Oscar Lescano: Daniel Scioli, Hugo Moyano, Gerónimo Venegas, Antonio Caló, entre otros, pasaron por la sede de Luz y Fuerza de la calle Defensa. Casi una escala en la campaña electoral.
Hombres del Gobierno y sindicalistas de todos los palos anoche en el velorio de Oscar Lescano: Daniel Scioli, Hugo Moyano, Gerónimo Venegas, Antonio Caló, entre otros, pasaron por la sede de Luz y Fuerza de la calle Defensa. Casi una escala en la campaña electoral.
El velatorio de Oscar Lescano, el dirigente de Luz y Fuerza que murió ayer a los 80 años y luego de 29 de encabezar el principal gremio energético, se convirtió en un encuentro del peronismo y, a su vez, de los sectores en los que está dividida la CGT. Anoche desfilaban por la sede porteña del gremio, en Defensa 453, centenares de amigos, afiliados, sindicalistas y políticos, entre ellos, Daniel Scioli, Hugo Moyano, Antonio Caló, la jueza María Servini de Cubría y los secretarios Noemí Rial (Trabajo) y Daniel Cameron (Energía).

Lamentaron la muerte del "Negro" Lescano, golpeado por un tumor cerebral que lo mantuvo postrado en sus últimas semanas, oficialistas y opositores, así como funcionarios y empresarios, al menos por algunas presencias y las coronas que tapizaron la cuadra de la sede del sindicato. Referente principal de los "gordos" de los grandes gremios de servicios, el dirigente tuvo su último acto político en su propia casa de San Isidro, cuando, a pesar de contar con poca lucidez, recibió a Sergio Massa y a colegas de la central obrera.

Hoy a las 10 partirá el cortejo fúnebre desde el gremio hasta el cementerio de Lomas de Zamora, la localidad donde nació el 15 de octubre de 1932. Desde la última dictadura, Lescano tuvo participación protagónica en todas las etapas del país. Comenzó su actividad sindical en 1964 y jugó en las grandes ligas al quedar al frente de la filial porteña de Luz y Fuerza en 1977, tras la desaparición de Oscar Smith. En su legajo figura haber trabajado para la Ítalo y Segba, y hasta su muerte engrosó la plantilla de personal de Edesur.

Como eterno negociador y dialoguista, estuvo cerca y hasta se declaró amigo de Raúl Alfonsín (llegó a ponerle como ministro de Trabajo a Carlos Alderete). Pero fue durante el Gobierno de Carlos Menem cuando su figura llegó a las primeras planas: tanto por su aval a las privatizaciones como por escándalos personales. Las mujeres siempre fueron su perdición, sobre todo aquellas que lo denunciaron por una supuesta fortuna personal.

Al principio de la gestión de Menem llegó a ocupar la secretaría general de la CGT junto con otros cuatro dirigentes, en uno de esos esquemas colegiados que la central obrera genera cuando desconoce a qué tipo de mandatario se enfrenta. Junto con los otros "gordos" Armando Cavalieri (Comercio) y Carlos West Ocampo (Sanidad) acordó con los funcionarios buena parte de la legislación flexibilizadora en el campo laboral aprobada en esos años.

Sus colegas recuerdan un encuentro con el exministro de Trabajo Armando Caro Figueroa al que no había sido invitado el entonces jefe de la CGT, Rodolfo Daer. Cuando Daer entró de sorpresa, encontró una carpeta tirada en el piso, con su firma en un documento que avalaba una serie de cláusulas de flexibilización. Esa carpeta estaba a los pies de Lescano. De ahí que algunos lo apodaran "el chico grande".

Quien se declaró "oficialista de todos los gobiernos" tuvo en esos años su recompensa: con un gremio diezmado de afiliados tras las privatizaciones, se emparejó a otros de sus colegas en el rol de empresario con Futura, su propia AFJP.

Con Moyano tuvieron etapas de cariño; pero en los últimos años, de fuerte enfrentamiento retórico. En 1989 Lescano fue quien le transmitió al camionero un mensaje de la ya por entonces jueza Servini de Cubría, acerca de que sería procesado en una causa por el hallazgo de una bolsa con cocaína en su despacho. Jueza y sindicalista fueron anoche, por separado, al velatorio. También hubo dirigentes como Ricardo Pignanelli (mecánicos, SMATA), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y Gerónimo Venegas (rurales, UATRE), entre otros.

Entre las coronas se destacaban las del ministro de Planificación, Julio De Vido, y del subsecretario Roberto Baratta. Ambos fueron sus principales interlocutores con el Gobierno en la última década. En líneas generales, la relación entre ellos fue impecable: Lescano nunca promovió un paro energético y los funcionarios cuidaron, con subsidios, de los sueldos de los trabajadores del sector, que, por cierto, había sido raleado luego de las privatizaciones. Sólo hubo un quiebre en noviembre pasado, cuando luego de un apagón De Vido denunció que alguien había "bajado la palanca", en aparente alusión al personal de las compañías del servicio eléctrico.

Este año Lescano vio enfriarse su vínculo con el Gobierno y promovió, con los otros "gordos", el acercamiento a Massa que derivó en la candidatura de Héctor Daer (Sanidad) por el Frente Renovador.

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