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La educación, un “lujo” cada vez más lejano
Nueva York - Los Estados Unidos han hecho de la calidad de su sistema educativo el gran motor de su progreso, pero la actual crisis económica corroe dramáticamente los presupuestos de las universidades más prestigiosas y dificulta el acceso a ellas de cada vez más familias, un desafío que Barack Obama deberá encarar urgentemente como parte del esfuerzo que prometió para revitalizar el país.
La cultura estadounidense ha girado históricamente en torno al concepto de que la buena educación debe ser cara. Sobre la base de esa creencia, padres, por un lado, e instituciones educativas, por el otro, generaron una espiral que llevó a las nubes el monto de los aranceles. Así, según el último reporte del Centro Nacional para las Políticas Públicas y la Educación Superior, un ente privado que evalúa la eficacia del sistema educativo terciario y la accesibilidad de la educación para los ciudadanos, de los 50 estados del país, sólo California cumple con los requisitos gracias a sus escuelas relativamente baratas.
De acuerdo con los resultados obtenidos, sólo en 2008 las cuotas subieron el 6,6%, mientras el costo de la educación subió el 440% desde la década del 80.
«Una de las mayores diferencias con respecto a diez o quince años atrás es que entonces los padres podían pagar fácilmente la educación de sus hijos, mientras que hoy se ven forzados a pedir préstamos», explicó a Ámbito Financiero el editor del The Chronicle of Higher Education, Jeffrey Selingo.
Dificultad
Teniendo en cuenta que el ingreso promedio anual de una familia esta-
dounidense es de u$s 50.000, la crisis económica y el costo medio de u$s 23.000 por año para mandar a los hijos a la universidad las ponen cada día en dificultades más severas.
El informe del Centro Nacional para las Políticas Públicas y la Educación Superior calcula el grado de accesibilidad en base al ingreso promedio familiar que se ve comprometido en la educación de los hijos. Por ejemplo, en Illinois, el estado en el que Obama ha desarrollado toda su carrera política, el costo promedio de la educación terciaria de cuatro años saltó de representar el 19% de los ingresos familiares en 1999-2000 al 35% en 2007-2008, y en Pennsylvania, del 29% al 41%.
Considerando los mismos cuatro años, pero en establecimientos públicos, las cuotas han crecido vertiginosamente de u$s 1.600 por año, hace veinte años, hasta u$s 7.000 en la actualidad. A su vez, «la matrícula en las universidades privadas subió de u$s 8.000 a u$s 25.000 por año», dijo la periodista Kelly Wallace a esta corresponsal.
Las familias de bajos recursos, que votaron abrumadoramente por Obama el 4 de noviembre, son las más afectadas. Las que ganan menos de u$s 19.000 anuales están pagando el equivalente al 57% del total de sus ingresos en los estudios terciarios de sus hijos en comparación con el 39% en 1999. En el caso de las familias de clase media que ganan hasta 90.000 dólares anuales, otro bastión demócrata, los gastos en educación también subieron del 18% al 25%. Para las familias que se encuentran por encima de esa franja, paradójicamente de tendencia mayoritariamente republicana, el costo subió en muchísimo menor medida, pasando del 7% al 9%.
«Por muchos años sólo pensamos en los pobres», explicó a Ámbito Financiero el presidente del Centro Nacional para las Políticas Públicas y la Educación Superior, Jim Hunt. «Pero ahora muchos alumnos de clase media simplemente no pueden ir a la Universidad porque las cuotas son muy altas».
La mismísima Universidad de Harvard anunció oficialmente haber perdido recursos por u$s 8.000 millones en los últimos cuatro meses. Se trata de una baja del 22%, la peor de la historia de la prestigiosa institución, que cuenta con el mayor presupuesto del mundo en su tipo.
En una carta distribuida a los distintos rectores de la Universidad, Harvard anunció que deberá «revisar detalladamente» los salarios de sus empleados. Se prevé que la decisión supondrá un recorte del 30% de aquéllos para junio próximo, cuando finalizarán las cursadas.
El problema empeora al mismo ritmo que la economía. Históricamente, en los períodos de crisis «los estados hacen cortes desproporcionados en los subsidios a las instituciones terciarias y, a cambio, aceptan que éstas suban sus cuotas», explica el especialista Patrick Callan.
Scott Cristal, miembro del consejo organizador de la Universidad de Columbia, fue más optimista en un diálogo con este diario. «Hay que ser optimistas y esperar que el sistema se equilibre solo».
Pero para muchos otros, el tiempo apremia. Si el sistema educativo estadounidense se vuelve incapaz de mantener su histórica promesa y brindar acceso a la población, parece inevitable que las nuevas generaciones resulten considerablemente menos educadas que sus predecesoras, particularmente la de los babyboomers, aquellos nacidos luego de la Segunda Guerra Mundial. «Mientras la fuerza de los Estados Unidos está representada por un grupo de personas a punto de jubilarse, en el resto del mundo la que tiene el poder es la generación que ha iniciado la universidad en los 90», resume, categórico, Callan.


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