La materia de las cosas inanimadas cobra vida, está animada y, mientras sus formas se dilatan y desplazan, deja de resultar familiar. No obstante, lejos de la condición siniestra que le adjudicaría el surrealismo, los paisajes resplandecen de alegría. Hal Foster plantea que las fuerzas reprimidas de la arquitectura doméstica, funcional o modernista, "muchas veces vuelven al surrealismo bajo formas demoníacamente femeninas". Y luego, se interroga: "¿Por qué resulta tan automática esta asociación entre lo femenino y el inconsciente?". Siegrist conoce las interpretaciones de origen freudiano,escucha las voces de los viejos surrealistas, pero encarna su propia rebelión: busca la belleza de lo trivial cotidiano.
El tiempo no ha pasado en vano: las puertas se abrieron. Las mujeres cansadas de circular por el mundo global sienten la casa como motivo de inspiración. "He visto ventanas en brote explosivo de plantas. He mirado este jardín con manos húmedas de vajilla de festivales pasados", escribe Siegrist. Las imágenes se perciben como el anuncio de una valoración social generalizada, con niveles de adhesión creciente de las dulces cuestiones hogareñas y su acontecer extraordinario.
| A.M.Q. |


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