5 de octubre 2017 - 00:00

La hipocresía de los dirigentes

El fútbol argentino está inmerso en una tiniebla de hipocresía, que abarca a todos y cada uno de los actores que lo protagonizan: jugadores, dirigentes y autoridades nacionales. Sería una necedad negar que el extinto presidente de la AFA Julio Humberto Grondona hizo muchas cosas malas en el ámbito local, para muchos demasiadas. Sin embargo, lo que no se le puede discutir es que bajo su extenso mandato las selecciones argentinas se ganaron un respeto único en el universo del fútbol. Ese prestigio se fundamentó en un ordenamiento estructural y deportivo y un peso específico logrado ante la FIFA y la Conmebol. Pero esa célebre frase de Don Julio "Todo pasa" bien se le puede aplicar a la Selección, porque ese poderío que circundaba al seleccionado también parece que se va evaporando en el tiempo poco a poco.

Por eso los dirigentes argentinos necesitaron una parafernalia publicitaria para motivar al pueblo argentino para que aliente a su seleccionado. Este es uno de los puntos en los cuales se refleja la hipocresía: la gente no necesita de un impulso para alentar a la Argentina. No es necesario. Después del Mundial del '70 nunca nuestra Selección estuvo ausente de un Mundial. Tal vez esa fue la causa, la tranquilidad del saberse que se va a estar, por la que el argentino perdió ese fanatismo por el equipo nacional y que recién vuelca, sin distinción de género, de edad o de sexo, durante la disputa de la máxima cita mundialista.

No hay que ser hipócrita: el hincha es hincha de su equipo, le importa su equipo y después la Selección. Si se le pregunta al hincha de River qué es lo que más desea: ganar la Libertadores o que el selecconado clasifique a Rusia; si se le pregunta al de Independiente o Racing qué le gustaría más, ver al Rojo o a la Academia festejar el título de la Copa Sudamericana o que Argentina vaya al Mundial, seguramente el hincha volcará la balanza para el lado de su club. Y tal vez esta angustia por la latente posibilidad de no clasificar para la cita ecuménica haya hecho que el público argentino se "tire en contra" de los jugadores, que son el último eslabón de un descalabro que comenzó a nivel dirigencial.

Una AFA incendiada dio paso a una "intervención" del Gobierno nacional, negada siempre desde sus altas esferas, y a una elección de presidente incluido, que provocó que en el proceso clasificatorio para el Mundial, la selección haya tenido tres técnicos diferentes: Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli.

Tanto los dirigentes del fútbol como el Gobierno nacional se juegan mucho esta noche ante Perú, se juegan más que una clasificación a un Mundial, porque saben que ninguna de las dos partes hicieron bien las cosas. Es más, en un momento se enfrentaron, se pusieron palos en las ruedas, que derivaron en este presente peligroso.

Ayer intentaron demostrar una fuerza homogénea cuando el presidente de la Nación, Mauricio Macri, junto al titular de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia recibieron al mandamás de la FIFA, el suizo Gianni Infantino, y al de la Conmebol Alejandro Domínguez, con motivo de la postulación de Argentina-Uruguay y Paraguay para organizar el Mundial 2030. También los directivos del fútbol mundial y continental desayunaron con la mesa directiva de AFA: además de Tapia, el presidente primero Daniel Angelici, el segundo Hugo Moyoano y el secretario Víctor Blanco, titulares de Boca, Independiente y Racing, respectivamente.

Estas reuniones fueron tomadas por los medios de prensa peruanos como, por lo menos, inoportunas y hasta el Elbocón.com ilustró la foto con una valija llena de dólares, en donde se ven a los actores de esta última reunión.

"Perú vs Argentina: los elogios de Infantino tras visitar la AFA" (ElBocón.com); "Presidente de FIFA elogia fútbol argentino antes del partido contra Perú" (Diario Correo) y "Presidente de FIFA llegó a Buenos Aires un día antes del Perú vs Argentina" (La República"), son algunos titulares de los diarios peruanos quienes toman la visita como llamativa.

Tal vez, un resultado adverso, hasta pueda tornarse en contra tanto para el Gobierno como para la AFA.

Con el agua hasta el cuello subrepticiamente, se trató de endilgar la responsabilidad al último eslabón: el jugador, que ya fue subido a la cruz y sólo falta que lo terminen de crucificar con críticas feroces si es que, por lo menos, no se logran sacar cuatro de los seis puntos que restan por jugar.

Como queriéndose desligar de todo este descalabro, la hipocresía dirigencial llaman a la solidaridad del hincha argentino para que le dé su apoyo; cambia de cancha (del Monumental a la Bombonera), le entrega todo tipo de prebendas a la barrabrava de Boca para que haga sentir su presión, con la intención de convertir un partido de fútbol en un verdadero circo romano; llenan de afiches de apoyo pintando de celeste y blanco la Ciudad, especialemente el barrio de La Boca, intentando fortalecer el ánimo de un equipo y desconociendo que fueron ellos mismos responsables de dejar en esta situación al seleccionado, cuando en muchas ocasiones se negaron en "entregar" a sus futbolistas. Ahora acuden a todas estas chicanas mandando al frente a los jugadores, muchos de los cuales ya se ganaron el odio del futbolero argentino (Higuain, Agüero, Di María, entre otros) a pesar que lograron tres subcampeonatos en los últimos tres años. Demasiado dieron por haber recibido tan poco de parte de los dirigentes, quienes deben entender que si Argentina llega al Mundial es pura y exclusivamente por los jugadores, quienes no necesitaban tanta exposición publicitaria para enfrentar este fundamental cruce ante Perú.

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