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La hora del cine de las mujeres
Miranda Otto protagoniza «Blessed» («Bendita»), de la australiana Ana Kokkinos, otro de los títulos con predominio femenino en San Sebastián.
Seguimos con el público. En la sección Perlas de Otros Festivales, donde el Soberano da su voto, se van imponiendo dos historias de mujeres negras que han sabido superar graves dramas familiares: «Precius» (la gorda neoyorquina basureada por sus padres hasta que afirmó su autoestima), y «Desert Flower», novelesca vida de una flaquita somalí que sufrió ablación cuando niña, huyó del hogar a los 13 porque el padre quería casarla como cuarta mujer de un vecino, emigró a Londres protegida por unos tíos del cuerpo diplomático, y a los 18, empleada de limpieza, la descubrió un fotógrafo: la supermodelo Waris Dirie, hoy embajadora de la ONU contra la mutilación genital femenina, que existe incluso entre las comunidades islámicas residentes en Europa. Una lástima que no vinieran Waris Dirie ni quien la representa en pantalla, la modelo y actriz etiope Liya Kebede.
Por su parte, en la lista destinada al voto del jurado juvenil, la favorita va siendo «Min dit / The Children of Diyarbakir», del kurdo Miraz Bezar. Un matrimonio es muerto por la policía turca en un control caminero, los hijos ven esto, pasan bruscamente de la protección hogareña a la dureza de la calle, se la van arreglando, y, a su manera, logran vengarse. Pérdidas familiares violentas y cuentas pendientes también son tema tratado con altura en el vasco «Itsasoaren alaba», la hija del mar, de Josu Martínez (una joven evoca al padre asesinado en Navidad por paramilitares, cuando ella era criatura) y el anglo-irlandés «Five Minutes of Heaven», del alemán Oliver Hirschbiegel (director de «La caída»), sobre el encuentro pautado entre un asesino del Ira que no se anima a pedir perdón, y el hermano del muerto, que no se siente capaz de perdonar.
Excelente película con James Nesbitt y Liam Neeson, y de particular interés en el País Vasco, donde abundan situaciones como ésta, según comentan los espectadores. «Irlanda del Norte y el País Vasco son hermosísimos, y parece increíble que haya en ellos tanto odio», comentó Hirschbiegel, y explicó. «El comienzo reconstruye un hecho real. Lo demás, es fruto de cuatro años de charlas con cada uno de los sujetos reales de la historia. Cada uno aprobó cada palabra que ahi se dice, y cuando cada uno vio el film, aprobó también su verdad emocional. Pero eso no significa que se hayan reconciliado entre ellos. Lo importante, es que cada uno se reconcilió consigo mismo, dejó de alimentar un poco tanto dolor y tanto odio. Y el hermano de la víctima dejó de levantarse cada día con ganas de matar al asesino. Es lo que pudimos hacer», contó Hirschbiegel.


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