Moscu - La salida del gigante petrolero británico BP de Rusia es una excepción entre los grupos extranjeros presentes en el país, que pueden difícilmente repatriar de un día para otro fábricas o supermercados.
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La huida rápida, un riesgo multimillonario
El domingo, en el cuarto día de la invasión rusa en Ucrania, la principal petrolera británica anunció que se salía del gigante ruso Rosneft, en el que posee una participación de 19,75%, tras denunciar “un acto de agresión que tiene consecuencias trágicas en la región”.
Entre los que toman la misma decisión figura su compatriota Shell, que anunció el lunes que se separaba de sus partes en varios proyectos comunes con el grupo ruso Gazprom en Rusia, especialmente de su participación en el proyecto gasístico Sakhaline-2 en el Extremo Oriente ruso.
El único gigante noruego de la energía, Equinor, anunció el lunes que cesaba sus inversiones en Rusia y se salía de las empresas comunes en el país. Equinor está controlada en un 67% por el Estado noruego, cuyos fondos soberanos congelarán sus inversiones en Rusia.
“Es muy difícil para cualquier empresa que tenga una actividad en Rusia irse ahora”, dice Guntram Wolff, director del centro de reflexión Bruegel de Bruselas.
“Primero porque el banco central ruso prohíbe la venta de activos financieros, y también porque si esas ventas son autorizadas, el rublo ha perdido tanto valor que las pérdidas serían enormes”, subraya.
“Para muchas empresas el asunto de salirse no se plantea; están atrapadas pues tienen propiedades y activos importantes en Rusia, sitios de producción que no pueden cerrar y vender de un día para otro”, destaca Sébastien Jean, director del Centro de estudios prospectivos y de informaciones internacionales (Cepii).


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