16 de junio 2014 - 00:00

La importancia de vestir el cine

Los códigos de estilo de Jep Gambardella (Toni Servillo) marcan hoy tendencia en Roma, como el  rojo pompeyano de un saco de factura exquisita que jamás pasará al olvido, acompañando nítidos pantalones de lino blanco.
Los códigos de estilo de Jep Gambardella (Toni Servillo) marcan hoy tendencia en Roma, como el rojo pompeyano de un saco de factura exquisita que jamás pasará al olvido, acompañando nítidos pantalones de lino blanco.
 Después de ver "La Grande bellezza" es difícil olvidar el perfil, el andar, la mirada del Jep Gambardella compuesto por Toni Servillo. Ajustado por el director Paolo Sorrentino a ese personaje que se dedica a vivir Roma como un dandy, durmiendo de día y saliendo de noche, el gran actor se metió en la piel de Gambardella de forma tan precisa que sus códigos de estilo se han convertido en tendencia: el rojo pompeyano o el amarillo limón de unos sacos de factura exquisita que jamás pasarán al olvido, acompañando nítidos pantalones de lino blanco, en combinaciones atrevidas con zapatos de dos tonos, sombrero de Panamá y el pañuelo "pochette" en el bolsillo superior, todo con ese "déja vu" de los que saben. Y no faltó quien observara que Jep, un hombre de detalles, no lleva pijamas normales a la cama.

"Usa una camisa de lino grezzo (crudo); pero es una camisa hecha por un sastre ...", explicó la vestuarista. Porque él es un hombre a la antigua; y toda la película está impregnada de horror vacui: el mundo a su alrededor ha perdido esa elegancia de altri tempi y Jep Gambardella es el único que todavía la honra hasta en la cama. Un guiño probable a "Il Cortigiano" de Baldassare di Castiglione cuando concluye que la educación no basta si no está acompañada de esa gracia en el vestir que los italianos llaman "sprezzatura": un estudiado pero elegante descuido, que asoma para regocijo de los entendidos en las corbatas con el nudo ancho que hizo Tino Cosma o en unas gafas Ray-Ban 5278 con montura de cuerno de búfalo que suman un toque de intelectual trasnochado.

Entre una fauna de personajes elegantes y contradictorios que se pasean por salones, despachos y jardines de ensueño, donde el mobiliario, la vajilla, las comidas y las bebidas se ven tan atractivas, Jep ejerce una elegancia insolente donde no falta el humor, siempre con la clase y la naturalidad de un dandi. Mientras la sociedad que lo rodea se derrumba, la mayoría destaca su atuendo. Es que "El dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupción", decía Baudelaire.

Moviéndose entre prelados, condesas, strippers, desde su hamaca con vistas al Coliseo o caminando a lo largo de las ruinas de un acueducto romano, un funeral heráldico o un partido que es un círculo del infierno, un impecable Jep sedujo a las dos Vanity Fair y a la Vogue América Latina; todas entendieron que no se trata sólo de imitar o copiar. Es "la actitud Jep" han dicho en París.

Cronista de la vanidad, impostor de la ligereza y amante de lo mundano, Gambardella camina por esa vida con una elegancia heroica que la vestuarista Daniela Ciancio ayudó a construir con unos trajes infalibles cortados por Cesare Antolini, reputado como uno de los mejores sastres del mundo desde que Vincenzo Attolini se estableció en Nápoles en los años 30. Él rubricó la silueta masculina de líneas delgadas, sisas altas y hombros suaves. Las dos generaciones que siguieron se preocuparon por mantener los valores de la casa: dedicación, buen gusto, singularidad y conocimiento artesanal. Y con eso han liderado durante 80 años la sofisticación de los trajes napolitanos.

Totò, Vittorio De Sica, Marcello Mastroianni y Clark Gable fueron los principales embajadores de Cesare Attolini en los años cincuenta. Pero también el rey Vittorio Emanuele III y el Duque de Windsor se vestían de la mano de Vincenzo. Después, su hijo Cesare y sus nietos Massimiliano y Giuseppe se han ocupado de llevar el estilo de Attolini a las boutiques más calificadas desde Nueva York, Miami, Los Angeles y Toronto, hasta Atenas, Londres, París, Berlín, Dubai, Moscú y Tokio. Hoy cuenta entre sus clientes a personajes como Robert De Niro, Dustin Hoffman, Michael Douglas y Denzel Washington. Clientes que saben que hay un proceso de ocho semanas que comienza con un sastre tomando medidas en una habitación privada, donde el cliente elige desde el tipo de tela y el tamaño de la solapa hasta el número de botones. Luego, el traje es hecho a mano en Italia.

Después de que "La Grande bellezza" se alzó con el Oscar, la sastrería vio crecer las reservas desde todo el mundo. El ambo de lino blanco que Jep Gambardella lleva mientras camina al amanecer por el muelle del Tíber se volvió el epítome del estilo italiano. Dicen que el viceprimer ministro de Azerbaiyán, encargó uno. Sacos, camisas, corbatas de color naranja brillante, borgoña o príncipe de Gales hacen furor en el local de Madison Avenue, en Nueva York, emulando los trajes y accesorios que hicieron a medida para la película los artesanos de Casalnuovo, en las afueras de Nápoles, elegidos por la diseñadora de vestuario Daniela Ciancio, alguien que sabe de prendas con personalidad única y sofisticación intemporal.

"Yo sabía que tenía que atreverse", dice Ciancio de Toni Sorvillo: "El personaje tiene unos 65 años y Toni es mucho más joven: por eso le hice llevar pantalones blancos, camisa al tono y ropa exterior de colores vibrantes. Y añadí el pañuelo en el bolsillo, como se llevaba hace 50 años. Ver cómo apoya el cigarrillo entre los labios, como cruza las piernas para mostrar los zapatos de dos tonos, son maneras antiguas, que él hizo propias".

Ella, vestuarista de muchos pergaminos, tiene la convicción de que el hábito (también) hace al monje. Por eso no es de extrañar que la revista Esquire ha llamado a "La Grande bellezza" "la película más elegante de 2013". "El vestido expresa la evolución del personaje" subraya la vestuarista que contabiliza no menos de 200 pañuelos "pochette" de seda, listos para posarse plegados con dignidad, en el bolsillo superior de los sacos del signore Gambardella, tan chic, detrás de sus anteojos de pasta, bajo el sol de Roma, con un vaso de scotch y sombrero de Panamá. El sombrero es de Marzi, de Florencia y se vuelve más llamativo cuando el hombre va en "total white" y con pajarita a lo Tom Wolfe.

Ciancio
ha dicho que buscó una cierta elegancia informal, clásica pero todavía joven, con base en la calidad del corte y la tela. ¿Cómo lo hizo? "Hay una cosa con la longitud de las piernas del pantalón, explicó a la revista GQ: por ejemplo, los pantalones en Nápoles son cortos; simplemente tocan el zapato. La usanza romana los pide más largos en comparación con la napolitana. Yo prefiero un estilo más clásico, a mitad de camino. No el inglés super-corto. Prefiero el pantalón que toca el segundo pliegue del zapato: siempre sienta bien y creo que es un detalle que marca la diferencia". Y con respecto a los colores: "Las raíces son claramente napolitanas. Cuando, por ejemplo, usted combina un saco azul con pantalones blancos y una camisa blanca. Es un estilo napolitano, un poco de Capri".

Además, el vestuario de Gambardella dialoga con el vestido blanco que usa Lorena, con el manto de Ramona, con los vestidos de "Dadina", de Giovanna Grillo y con la sastrería religiosa de Annamode, ambas de Roma. Y, como corresponde a un caballero que se sabe vestir, él no se casa con una sola marca: el traje azul noche y la corbata negra son de Armani, otro traje es de Boglioli, de Brescia, el sastre que eligió Sarkozy para su boda con Carla Bruni y el preferido de Cherubino Gambardella, referente estético del personaje. Arquitecto de profesión y amigo del director Sorrentino, el verdadero Gambardella es autor del libro: "La elegancia masculina, guía práctica para el vestuario de la familia perfecta".

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