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La isla vive una intriga no aclarada por el mea culpa
Felipe Pérez Roque había estado al lado de Fidel Castro desde su primera juventud, en tanto que Carlos Lage se transformó en artífice del régimen cuando cayó el bloque soviético.
«Reconozco los errores cometidos», señalaba Lage, para dejar luego todos los cargos que adquirió a lo largo de décadas al servicio del Gobierno cubano a la sombra de quien fue considerado su mentor, Fidel Castro. En términos que parecen casi calcados, Pérez Roque, el más joven del gabinete durante la década que pasó al frente de la Cancillería, también anunciaba su renuncia a todos sus otros cargos.
Ambas misivas, aunque fueron dadas a conocer ayer, aparecen fechadas el 3 de marzo, el mismo día en que Fidel Castro, para salir al paso de las interpretaciones de «desfidelización» que se hicieron de los cambios en el gabinete de su hermano la víspera, los acusara por cumplir un «papel indigno».
No sólo los cubanos se preguntan hoy cuáles fueron esos «errores». «Después de que Fidel Castro dijera que son indignos, tenían ya que renunciar. Lo que no se sabe es por qué son indignos, y el Gobierno cubano debería dar algún elemento de qué es lo que hicieron, porque nada más se sabe que son indignos y hay que confiar en la palabra de Fidel, que fue el padrino de ellos de toda la vida», dijo a la agencia DPA el economista disidente Oscar Espinosa.
Estalinismo
Para el también opositor moderado Manuel Cuesta Morúa, el verdadero mensaje no está en el fondo en los cambios realizados, sino en la forma del «mea culpa» que, afirmó, es una muestra de que Cuba «todavía está bajo un Gobierno estalinista que siempre transfiere la culpa general a personas y los pone como chivos expiatorios».
«Si renuncian dos ministros o se los sustituye, se los sustituye y ya, no hace falta que expongan meas culpas públicas como personas que tienen que pasar por el purgatorio moral y demostrar lealtad después de que han sido castigadas», razonó.
A su juicio, con esta maniobra el Gobierno cubano «trata de enviar el mensaje de que la razón no es política, sino moral», con un «doble objetivo», agregó.
«Para el exterior, es un mensaje de calma de que la política sigue siendo igual» y de que «todo lo que estamos haciendo es en virtud de las instituciones», mientras que hacia el interior, continuó, tendría una connotación «más profunda» a causa del «grado de impopularidad del Gobierno que crece ampliamente».
En el mismo día en que se conocían las cartas, el histórico líder cubano publicaba una nueva «reflexión» en la que no hacía comentario alguno sobre el tema.
Agencia DPA


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