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La izquierda lunática
Y finalmente, el concepto de compromiso con la libertad. Oigo esa expresión en todos los foros pro palestinos europeos. «¡Estamos a favor de la libertad de los pueblos!», dicen con ardor. No es cierto. Nunca les ha preocupado la libertad de los ciudadanos de Siria, de Irán, del Yemen, de Sudán, etcétera. Y nunca les ha preocupado la libertad destruida de los palestinos que viven bajo el extremismo islámico de Hamás. Sólo les preocupa usar el concepto de libertad palestina como misil contra la libertad israelí.
Una terrible consecuencia se deriva de estas dos patologías ideológicas: la manipulación periodística. Sobre el conflicto árabe-israelí no se informa, se hace propaganda. La mayoría de la prensa, cuando informa sobre Israel, vulnera todos los principios del código deontológico del periodismo. Y así cualquier acto de defensa de Israel se convierte en una masacre y cualquier enfrentamiento, en un genocidio.
En paralelo, esa misma prensa nunca habla de la injerencia de Irán o Siria a favor de la violencia contra Israel; de la inculcación del fanatismo en los niños; de la corrupción generalizada en Palestina. Y cuando habla de víctimas, eleva a la categoría de tragedia a cualquier víctima palestina, y camufla, esconde o desprecia a las víctimas judías.
Acabo con un apunte sobre la izquierda española. Muchos son los ejemplos que ilustran el antiisraelismo y el antiamericanismo que definen el ADN de la izquierda global española. Por ejemplo, un partido de izquierda acaba de expulsar a un militante porque ha creado una web de defensa de Israel.
Otro ejemplo, la alcaldesa socialista de Ciempozuelos cambió el día de la Shoá, por el día de la Nakba palestina, despreciando, así, a más de 6 millones de judíos asesinados.
O en mi ciudad, Barcelona, el ayuntamiento socialista ha decidido celebrar, durante el 60° aniversario del Estado de Israel, una semana de «solidaridad con el pueblo palestino». Para ilustrarlo, invitó a Leila Khaled, famosa terrorista de los años 70. Y etcétera.
Este pensamiento global, que forma parte de lo políticamente correcto, impregna también el discurso del presidente Zapatero. Su política exterior cae en todos los tópicos de la izquierda lunática y, respecto de Oriente Medio, es inequívocamente pro árabe.
El hecho de que el presidente se pusiera una «kefia» palestina, en plena guerra del Líbano, no es una casualidad. Es un símbolo. España ha sufrido el atentado islamista más grave de Europa, y «Al Andalús» está en el punto de mira de todo el terrorismo islámico.
No soy judía, estoy vinculada ideológicamente a la izquierda y soy periodista. ¿Por qué no soy antiisraelí, como la mayoría de mis colegas? Porque, como no judía, tengo la responsabilidad histórica de luchar contra el odio a los judíos, y, en la actualidad, contra el odio a su patria, Israel. La lucha contra el antisemitismo no es cosa de judíos, es obligación de los no judíos. Como periodista, estoy obligada a buscar la verdad, más allá de las manipulaciones.
Como persona de izquierdas, que ama el progreso, estoy obligada a defender la libertad, la cultura, la convivencia, la educación cívica de los niños, todos los principios que las Tablas de la Ley convirtieron en principios universales. Principios que el islamismo fundamentalista destruye sistemáticamente. Es decir, como no judía, periodista y de izquierdas tengo un triple compromiso moral con Israel. Porque, si Israel fuera derrotada, serían derrotadas la modernidad, la cultura y la libertad. ¡La lucha de Israel, aunque el mundo no quiera saber, es la lucha del mundo!


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