El lunes fue el turno del secretario del Tesoro; y ayer, el del jefe del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca para alertar de los peligros que entraña no extenderle al Tesoro el permiso para seguir emitiendo deuda. En ambas oportunidades fue evidente la poca atención de los inversores a la advertencia, ya que si afilamos el lápiz concluiríamos en que ambas fueron respondidas con una suba de los activos de riesgo. En el caso particular de ayer, con una suba del 0,36% para el Dow, que cerró en 12.605,32 puntos (con esto, el resultado acumulado en la semana es marginalmente ganador -apenas el 0,07%-). La primera explicación corre por dos carriles: o el mercado cree que la sangre no llegará al río y se alcanzará un acuerdo en tiempo y forma, o falta tanto tiempo para agosto que los cortos horizontes de inversión tornan racional no preocuparse aún. Esto explica, además, por qué se privilegiaron las pocas buenas noticias (la caída en el número de gente aplicando al seguro de desempleo y especialmente el frenesí en las acciones de Linkedln, que tuvo el IPO más exitoso del año al subir un 109%) sobre las muchas malas (la caída de la actividad manufacturera en el medio atlántico, otra nueva baja en el número de viviendas usadas y el retroceso de los indicadores de liderazgo del último mes). El problema es que el Poder Ejecutivo puede estar cometiendo un error al presionar tan pronto a los republicanos, ya que como en la fábula de Juanito y el Lobo, corre el serio riesgo de cansar prematuramente a los ciudadanos con su cantinela alarmista. La realidad es que la suba de la víspera no fue mucha, especialmente si tenemos en cuenta que el volumen fue nuevamente pobre (apenas 850 millones de acciones en el NYSE), pero al menos es la segunda jornada consecutiva en que el Promedio Industrial termina del lado ganador y nos pone a tiro para no marcar tres semanas consecutivas en baja.
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