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“La lectura en e-book decrece en el mundo”
• DIÁLOGO CON TERESA CREMISI, EDITORA TOP EN FRANCIA, AHORA NOVELISTA
Titular de Flammarion, y antes de Gallimard, fue descubridora de Michel Houellebecq y otros talentos contemporáneos. Ahora se lanzó a escribir.
Cremisi. “La piratería es un problema mundial, pero las editoriales se adelantaron con medidas para que no ocurriera como con la música”.
T.C.: Ella tiene una profesión menos apasionante que la mía. La profesión editorial es un bello oficio. Es una suma de oficios, hay que estar atento a la cultura del momento y tener una clara percepción del mercado. Los editores se lamentan de su labor, pero no tienen razón alguna; se puede vivir de la edición sin volverse rico, y se tiene la chance de conocer grandes artistas.
P.: Usted descubrió a Michel Houellebecq.
T.C.: Así es. Hace doce años que soy su editora.
P.: ¿Cómo anda Houellebecq?
T.C.: Bien, sin exagerar. Ahora vive en París. Está trabajando, leyendo; lleva una vida ensimismada, sale muy poco. Prepara una charla que va a dar en Frankfurt, junto a una entrevista, y yo lo voy a acompañar. Lo admiro profundamente. Su oscuridad ilumina, adelanta lo que sucede, tiene una afinada percepción de la realidad.
P.: ¿Cuál es el futuro de la industria editorial en la era digital?
T.C.: Se pensaba que lo digital iba a transformar la vida de los editores y los libreros, pero eso no ocurrió. Hay material que ya no sale en papel, como los diccionarios, las enciclopedias, los libros de turismo, el porno, ese tipo de cosas. Pero la lectura digital no ha aumentado sino que disminuye en todo el mundo. El libro en papel sigue vigente, sobre todo en el formato de libro de bolsillo de buena calidad, que no cuesta caro; en Francia sale unos 4 o 5 euros, que es el precio de dos cafés, lo que es un estímulo para los lectores. Algo que no se había previsto, y que impidió una transformación radical, es que las personas que leen en digital son las mismas que leen en papel; no se ha creado un nuevo público que cambiara las cosas. El cambio real se produjo hace cincuenta años cuando se transformaron las formas de impresión. Lo que la revolución digital pone en peligro es la profesión de librero. Se lee en papel como siempre pero ahora se compra desde la casa, con la computadora. Lo que no está en peligro es la labor del autor ni la del editor.
P.: Para ambos el peligro es la piratería.
T.C.: Es un problema mundial. Las editoriales, viendo lo que sucedía con la música, se adelantaron con medidas legales de protección, y de ese modo se ha logrado limitar el problema. Google, por señalar un caso, y hay otros, ya no se apropia de obras, salvo las que corresponden a textos clásicos. Otro modo es ofrecer los libros de una forma que sean accesibles a la mayoría de los lectores, como lo es con el libro de bolsillo. La piratería va tras el best seller, y las grandes concentraciones editoriales están atentas y vigilantes para impedir la copia de las obras. Junto a esas grandes concentraciones se han multiplicado mundialmente la pequeñas editoriales, que son un valioso fenómeno cultural que provoca una permanente dinámica del mercado.
P.: ¿Está escribiendo una nueva novela?
T.C.: Sí, pero tengo miedo, más que al escribir "La triunfante". Un editor que tuvo la suerte de conocer a grandes autores tiene miedo de la mirada de sus amigos. Sin embargo vienen en ayuda aquellos que, como T.S. Eliot, Virginia Woolf o André Gide, fueron editores, además de grandes escritores. En este momento estoy trabajando en una nueva historia pero aún no di con su forma. De lo que estoy segura es de que no voy a escribir mis memorias, tienen mucho de tragicomedia; en la tragedia tendría que divulgar secretos (la vida de un editor está hecha de relaciones), y en la parte de comedia los sucesos más divertidos no sé si me animaría a contarlos.


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