García Satur es autor de un par de piezas teatrales, publicó un libro, "Heterocuentos" y debutó como dramaturgo con "Una vida mejor", comedia que él mismo protagoniza junto con Claudia Lapacó en Multiteatro (Av. Corrientes 1283) bajo la dirección de Santiago Doria. "Yo he leído mucho teatro, pero no tengo vocación de director" --señala--. "A mí me gusta actuar y escribir, porque en los dos lugares nadie me tiene que hacer caso. El que hace caso soy yo".
Entre sus últimos trabajos para la escena -también dirigido por Doria- se destaca su desopilante composición de un rústico italiano con pretensiones de galán en "El Conventillo de la Paloma" de Alberto Vacarezza. DIalogamos con él:
Periodista: ¿La comedia es su género favorito?
Claudio García Satur: Siempre me gustó. Y, como papá era actor, conocí a los más grandes comediantes del teatro nacional: Marcelo Ruggiero, Leonor Rinaldi, Olinda Bozán... También disfruté en cine de la comedia blanca que además de entretener podía despertar ternura. Aunque a mí me gusta más la comedia que expone sucesos del día a día. Lo que en otro tiempo se llamó "la comedia humana", donde las cosas que pasan dentro de un escenario son, de alguna manera, aquellas que el espectador ya vivió.
P.: Un teatro para todo público...
C.G.S.: Yo no puedo hablar más que de las cosas de mi pueblo con la mirada de mi pueblo, aunque yo tenga mi propia mirada sobre este pueblo. Y trato de hacerlo a través de personajes que conozco y que no los tengo que andar escudriñando para saber quiénes son. Pero que a la vez me sorprenden al contarme su vida y si a mí me sorprenden, entiendo que al público también.
P.: Hoy es casi una rareza que el humor esté ligado a la ternura...
C.G.S.: Eso ha calado lindo en la gente que vio la obra. Y me da mucho placer y orgullo, porque mi intención fue reconstituir aquello que no está. Esa franja ancha, generosa y diáfana que está entre la vulgaridad y la cosa sesuda.
P.: ¿En qué se inspiró para escribir esta comedia?
C.G.S.: Como explico en el programa de mano, no escribí este texto porque alguien me dijo que tenía una buena manejo de los diálogos u otras cualidades, ni porque tenía esta historia en la cabeza desde hace quince años. Nada de eso es cierto, escribo porque me gusta y porque me apasiona la palabra y porque vivo de la palabra.
P.: Es como su personaje: ávido de conocimiento y con un amor por las palabras casi obsesivo.
C.G.S.: Y él es tan gruñón como yo. Hay muchas cosas que me enojan y de eso también hablo en la obra.
P.: ¿Despotrica contra los políticos?
C.G.S.: Sí, también. Hay una especie de denuncia, desde la condición de individuo, frente a ciertas manipulaciones colectivas. Por ejemplo a través de la tele nos dicen cómo vivir o nos quieren imponer medicamentos para todo...
P.: Y a este señor sabihondo y quisquilloso lo saca del ostracismo la empleada de la limpieza que contrató su hijo.
C.G.S.: Sí, los dos son muy diferentes, pero ambos son sanos y fluyen. Eso hace posible el encuentro y el cambio de actitud. Porque la única manera de que un ser modifique a otro es por roce. Aunque este hombre huraño, algo achacoso, y muy lector lucha por defender su espacio y pelea para que nadie lo invada, también tiene mucho sentido del humor y la suficiente inteligencia como para advertir la existencia del otro y captar su mirada, sus pensamientos y su malestar. El enfrentamiento entre este hombre y su empleada hace que los dos existan con más fuerza.
P.: Ella es una mujer muy dulce y solidaria.
C.G.S.: Es "la" mujer. ¡Qué sería del mundo sin las mujeres! La mujer se aferra a la vida, quiere hijos y pelea por eso.
P.: Pero en su juventud las mujeres le hicieron la vida imposible...
C.G.S.: Bueno, eso pasó hace 40 años y fue un fenómeno muy particular, más propio de figuras de la música. El personaje que hice en la tira de Migré era un muchacho de una gran ternura y nobleza. Muchos decían: "este es mi hijo, este es mi hermano" y las mujeres se enamoraban de él. Hasta el día de hoy me paran por la calle -no con esa intención obviamente- sino para decirme: "Lo que yo lo amé a usted no se puede creer". Son mujeres de unos 60 ó 70 años. Y uno queda conmovido, porque no anda por la vida pensando que es una cara conocida ni que ha hecho mucho poco o nada. Y de pronto una persona me detiene para decirme "gracias". Yo siempre quedo descolocado.
P.: Los fans de ahora no se contentan con agradecer, ahora pelean por estar en cámara.
C.G.S.: Es cierto, ahora todos quieren ser famosos y que los aplaudan. No los entiendo. Para mí es algo fugaz y torpe. Porque como decía un tanguero "la fama es puro cuento". Y cierro con una anécdota. Cuando éramos chicos, mi papá nos hacía buscar palabras en el diccionario y un día encontramos a Eróstrato, un tipo de la Antigua Grecia con una tremenda necesidad de ser famoso. Luego de varios intentos sigue siendo un desconocido hasta que se le ocurre incendiar el templo de la diosa Artemisa, en Efeso. Es condenado por su delito y se prohíbe mencionar su nombre o hacer registro de él, bajo pena de muerte. Pero esto no bastó para borrarlo de la historia. Su nombre figura en el diccionario.
| Entrevista de Patricia Espinosa |

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