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La meta es evitar el caos político
El nuevo presidente de Egipto, Mohamed Mursi, la recibió con amabilidad a pesar de que el Gobierno estadounidense fue uno de los principales socios del derrocado Hosni Murabak. Pero Mursi necesita toda la ayuda que pueda recibir para evitar la quiebra del país sin tener que eliminar las subvenciones al pan y a la nafta.
Aun así, la fotografía en la que el islamista estrecha la mano de la enviada estadounidense no cumplió con el protocolo egipcio. El presidente y la secretaria de Estado aparecieron en una postura algo tensa: ella en un sofá, él en un sillón, mirando cada uno en distinta dirección.
Resulta comprensible que Mursi mantenga cierta distancia respecto de Clinton, pues el presidente nada actualmente entre varias aguas.
Por un lado está la Hermandad Musulmana, de cuya mano llegó a la presidencia. Para el movimiento islamista, al que se unió cuando estudiaba en Estados Unidos, Washington fue en las últimas décadas parte de un «eje del mal» del que también formaban parte Mubarak e Israel.
Del otro lado se encuentran los cristianos, los fieles a Mubarak y las fuerzas izquierdistas, liberales y nacionalistas. Estos grupos están decepcionados por el nuevo pragmatismo estadounidense en lo que a política exterior en Cercano Oriente se refiere, pues esperaban el apoyo de Washington contra los defensores de la sharia.
Un importante representante de la minoría copta se negó incluso a reunirse con Clinton en El Cairo. El motivo figura en un comunicado firmado, entre otros, por la diputada Georgette Kellini y el empresario Naguib Sawiris: «Desde el inicio de la revolución, la señora Clinton y otros políticos estadounidenses vinieron a El Cairo para mantener conversaciones políticas en las que la señora Clinton tuvo palabras de ánimo para el islam político e ignoró a todos los demás movimientos políticos civiles».
Los cristianos acusan al presidente estadounidense, Barack Obama, de emplear con los países de la «primavera árabe» el mismo rasero que usó George W. Bush en Irak: donde hay elecciones, hay democracia.
No obstante, la jefa de la diplomacia norteamericana tuvo un mensaje claro para el mariscal Mohamed Husein Tantaui, presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas egipcias. «El proceso democrático debe continuar. El Ejército debe apartarse de la política», le dijo Clinton al estrecharle ayer la mano. Traducido: pronto debe haber un nuevo Parlamento y el proceso constitucional tiene que completarse.
La secretaria de Estado pudo comprobar además los efectos que tienen en el público -a menudo con poca formación- las teorías de la conspiración diseminadas por los propietarios de las televisiones privadas. Ante el hotel en el que se hospedaba su delegación, cientos de manifestantes gritaban: «Abajo la Hermandad Musulmana; Mursi es un agente de los estadounidenses». Más aún, algunos diarios egipcios aseguraron ayer basándose en «fuentes confiables» que Clinton intentó imponer a Mursi el número de ministros y gobernadores cristianos que debe nombrar.
Agencia DPA


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