9 de diciembre 2013 - 00:00

La minoría blanca teme que regrese el revanchismo

Ciudad del Cabo - "Cuando Madiba muera, morirá la libertad", decía en 2012 el sensacionalista título de una columna publicada en el diario sudafricano Times. El texto profundamente pesimista reflejaba el miedo de muchos, sobre todo de los blancos, a lo que podría pasar en ese momento. Blogs de radicales de derecha extendieron incluso el miedo a un llamado plan "uhuru" que descargaría el odio sobre los blancos.

Tras 20 años de democracia y convivencia relativamente pacífica es algo que cuesta imaginar, incluso aunque sigan abiertas profundas heridas derivadas del sistema de segregación racial del apartheid. Sin embargo, muchos temen que tras la muerte del "padre de la nación" el país enfrente tiempos difíciles. Incluso el presidente, Jacob Zuma, llamó a la población en junio, cuando empeoró la salud de Mandela, a que no cundiera el pánico.

El arzobispo emérito Desmond Tutu está entre quienes creen en la estabilidad de la joven democracia sudafricana y contradijo a los que opinan que ahora el país se encuentra ante "un desastre" y que "arderá en llamas".

"No habrá batallas callejeras. Para nosotros, los jóvenes de todos los colores, el apartheid es historia", afirmó el arquitecto James, de 28 años, en Ciudad del Cabo.

Pero muchos sudafricanos lo ven de forma diferente y no sólo porque políticos como el líder del nuevo partido populista de izquierda EFF (Luchadores por la Libertad Económica), Julius Malema, quieran movilizar a la población negra con tesis radicales como la expropiación a los blancos. "Creo que Sudáfrica se dividirá más", cree también la taxista Sarah Xholi, de 51 años.

Pese a que Zuma invoca los ideales de Mandela como una herencia política a la que los sudafricanos deben ahora hacer justicia, el presidente y su partido gobernante, el Congreso Nacional Africano (CNA), llevan años protagonizando escándalos de corrupción y nepotismo. "El CNA sigue siendo un típico partido africano, corrupto y saqueado por la mala gestión", opinó el politólogo Stephan Bierling.

Unos piensan que sin el "padre supremo" al CNA todo le resultará más difícil, mientras otros opinan que desaparecerán "inhibiciones al ataque a los blancos" en el seno del partido, como dice una empresaria de la capital que no quiere dar su nombre. Y es que muchos blancos también creen que el ambiente entre blancos y negros se enrareció.

Para muchos la muerte de Mandela marca el fin de una era, porque pese a que desde hacía mucho tiempo ya no estaba activo en política, el Nobel de la Paz seguía siendo la conciencia de la nación, un recordatorio mudo de la libertad y la disposición a la paz.

Y es que su visión extraordinaria pasó por la reconciliación con sus antiguos enemigos, un mensaje inesperado para los combatientes victoriosos.

Una visión que estuvo muchas veces en peligro de olvidarse. "Diecinueve años después del nacimiento de una democracia no racista, el racismo sigue siendo un aparte de la realidad de la que no se habla en público", analizó el exembajador estadounidense John Cambell en la revista Foreign Policy. "El apartheid fue sustituido por la autosegregación", ya que muchos sudafricanos viven en entornos sociales sólo de blancos o sólo de negros.

Sobre todo, la mayoría negra está decepcionada por el ritmo del cambio social. Millones de personas siguen viviendo en la pobreza extrema, el desempleo asciende al 25% y casi la mitad de los jóvenes negros está desempleado, lo que se suma a que para la mayoría de la población sigue vetado el acceso a las riquezas del país, con su industria y sus ricos recursos naturales.

La brecha entre ricos y pobres apenas se ha reducido desde 1994, pese al Gobierno del CNA. Pocos negros lograron ascender socialmente como empresarios, académicos o funcionarios de alto rango. Desde hace años se agudiza el tono de la lucha de clases, al tiempo que aumentan la violencia política y un agresivo nacionalismo negro. Y la situación económica también es gris.

La muerte de Mandela tendrá también repercusiones en el día a día político, sobre todo de cara a las elecciones previstas para 2014, en las que la oposición teme una ola de simpatías para el CNA, el partido de Mandela.

Su muerte "movilizará a los miembros del CNA como nunca antes", cree la líder opositora, Helen Zille.

Agencia DPA

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