28 de octubre 2010 - 11:24

La muerte de Néstor Kirchner

La sociedad argentina despertó ayer en el silencio del feriado del Censo, que inmediatamente se trocó en estupor y desazón por una muerte. No más amanecer, desde la Patagonia, como el Pampero, corrió la noticia que dejó helados a todos: había fallecido el ex presidente Néstor Kirchner, titular del Partido Justicialista e influyente dirigente político de nuestro país.

En mi carácter de presidente de Editorial Amfin, no puedo menos que referirme, aun cuando brevemente, a un asunto tan delicado y penoso para la Nación. 

Me apuro en señalar un hecho que considero determinante: ha fallecido Néstor Kirchner, el esposo, el padre de familia, el hermano, el hijo. Es decir, ha muerto el ser humano. Esta aclaración no es trivial. La cultura de nuestro tiempo, de esta posmodernidad, nos insinúa y convence de que antes que el ser humano está la investidura, la profesión, el éxito. Nada menos cierto. Antes que cualquier título está la persona, el ser humano y sus seres queridos. Vayan nuestras condolencias a su esposa, la presidente Cristina de Kirchner, a sus hijos y a toda la familia del ex presidente y diputado nacional.

Sea tal vez porque el hombre de nuestros días es incapaz de advertir que sobre todas las cosas está el ser humano, que exista tanta división, puja, desencuentro y, en suma, pena en nuestra tierra. Ante la muerte de un prójimo, no hay, no puede haber, oficialistas u opositores, hay sólo prójimos. No debería haber oficialistas y opositores a ultranza cuando se trata del destino de una Nación; y acaso porque esta necesidad no ha sido asumida por nosotros los argentinos, es que hay tanto desencuentro con la consiguiente desventura.

En segundo lugar, no me es posible dejar de hablar respecto de Kirchner, el hombre político. Puede o no el lector haber estado de acuerdo con sus ideas y su metodología de trabajo, pero no puede omitirse una verdad: Kirchner vivió entregado a su pasión, la política, y comprometido con su pensamiento.

De ningún modo forma parte de mi ánimo trazar una apología del dirigente desaparecido. Ello supondría un mensaje rebuscado, con miras a satisfacer las reglas del protocolo y nada más, o a distribuir una lisonja impertinente. Néstor Kirchner tuvo aciertos y tuvo errores, como cualquier ser humano.

Por último, y como ciudadano, como persona que transcurre sus días en este país maravilloso en ciertos aspectos y tan golpeado en otros, no me queda menos que pedirle a la dirigencia en general (acaso en nombre de millones de compatriotas) que esta muerte no sea ocasión oprobiosa y humillante de especulaciones políticas, de movimientos con miras a la ocupación de espacios de poder. Que se respete en el tiempo la pena que la desaparición de este hombre provoca en el seno de su familia; que se honre a las instituciones de la Patria; que se consolide la democracia, y que por fin, y de una vez y para siempre, se produzca el encuentro de toda la dirigencia nacional para que sean satisfechas las necesidades de millones de compatriotas. Una vez más, nuestras condolencias a la señora presidente de los argentinos, y nuestros votos para que tenga el ánimo de resguardar a las instituciones de la Patria, acompañada por todos aquellos que quieren lo mejor para esta Nación.

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