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La música de cámara, de fiesta en Mendoza
La joven cellista austro-suiza Estelle Revaz deslumbró el sábado con obras de Shostakovich y Ginastera, en dúo con Anaïs Crestin.
En este contexto, el Teatro Independencia fue nuevamente sede de conciertos convocantes. El dúo de clarinete y piano integrado por los cubanos Leonardo Gell y Dianelys Castillo brindó el viernes un repertorio variado. En primer lugar el pianista desplegó un toque sutil y un fraseo cuidado en la «Sonata en Si bemol mayor» KV 570 de Mozart y a continuación interpretó en primera audición local tres piezas de autores contemporàneos: «Quién cantaba ese aire?» de Juan Piñera, «Siete Haikus» de Marvin Camacho y «Toque» de Guido López Gavilán, de estéticas diferentes pero idénticas en intensidad y belleza.
La clarinetista Castillo se sumó para la célebre «Sonata» opus 120 n° 2 de Johannes Brahms, la «Pieza en forma de habanera» de Ravel y la «Tonada y cueca» de Carlos Guastavino. Con musicalidad y sonido terso, la cubana se ensambló perfectamente al piano de Gell y otorgó expresividad a cada línea.
También en el Independencia, el sábado por la noche dos pianistas argentinos proporcionaron experiencias para el recuerdo. Alfredo Corral ejecutó los siete adagios que componen «Las últimas siete palabras de Cristo en la cruz» de Haydn en alternancia con «PHEDSCI: Siete Iniciales a las Siete Palabras de Haydn sobre los males de nuestro tiempo» encargada por él al compositor argentino Juan María Solare. Si la escucha de los adagios de Haydn es una vivencia de ribetes inusuales, la concatenación con las bellas «reflexiones musicales» de Solare le da una dimensión contemporánea asombrosa, que Corral supo poner en valor como intérprete. En la segunda parte, y en coincidencia impensada con una lluvia torrencial, la joven pianista santafesina Lilia Salsano, finísima intérprete, brindó un repertorio «acuático»: «Jeux d'eaux» de Ravel, la segunda «Balada» de Liszt y el «Aquarium» de Saint-Saëns (como bis y a dúo con Corral), más la paráfrasis sobre «Aïda» de Verdi (Liszt) y tangos de Gilardi y Flores Villanueva. Por su parte, en la bodega Atamisque deslumbró la muy joven cellista austro-suiza Estelle Revaz, quien en dúo con la francesa radicada en Argentina Anaïs Crestin ofreció la «Sonata» de Shostakovich, el «Rondó» opus 94 de Dvorak (donde su sonido robusto se desplegó con más generosidad) y finalmente la «Pampeana» n° 2 de Ginastera, que en este marco natural adquirió un vuelo todavía mayor.
* Enviada Especial


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