13 de diciembre 2010 - 00:00

La necesaria y urgente unidad

Orlando Vignatti,  Presidente del diario Ámbito Financiero
Orlando Vignatti, Presidente del diario Ámbito Financiero
Como una sombra a veces furtiva y siempre rápida y sigilosa, otro año ha transcurrido. Otra vez, como si lo hubiésemos hecho recién, estamos aquí, reflexionando en este nuevo Anuario de Ámbito Financiero. Es que el tiempo pasa rápida e inexorablemente. Y, sin embargo, en este instante de la eternidad, en esta fugacidad, en esta medida de tiempo, muchas cosas sucedieron en el mundo y en nuestro país. No es del caso, desde luego, enumerarlas, no es el propósito de este espacio ni el destino de estas palabras; además, cada lector las tendrá presentes. Pero sí es menester formular ciertos conceptos generales, especialmente sobre nuestro país.

Lo cierto es que los argentinos hemos vivido circunstancias plausibles y halagüeñas, pero también de las otras, de esas que dejan en el corazón del hombre, sin distinción de clases sociales, un regusto amargo. Y así como en algunas cuestiones se ha realizado un trabajo que debe ser reconocido, en otras hay deudas pendientes que deben ser saldadas cuanto antes. En materia económica, por ejemplo, el país ha mostrado un crecimiento significativo y se ha consolidado. Las reservas del Banco Central constituyen una muestra inobjetable de que la Argentina está sólidamente de pie, mientras algunas economías del llamado Primer Mundo trastabillan y deben ser rescatadas.

Dos caras

Sin embargo, a esta bonanza económica que permite al país mostrar una respetable imagen internacional en ese aspecto, corresponde la realidad que soporta una buena franja de la sociedad que aún no es beneficiaria de este crecimiento. Y ello, se sabe, provoca efectos indeseables que no se agotan con la pobreza ni en ella porque ésta, a su vez, es causa de otros males que ya no sólo agobian a una franja social, sino a toda la sociedad. Uno de estos flagelos, que más impiadosamente azota a los argentinos por estos días (y en rigor de verdad, desde hace muchos años sin que se ponga freno a la espiral), es la ola delictiva, el tsunami de robos que con frecuencia son seguidos de muerte. Este mal no hace excepción de personas, y son víctimas de él tanto ciudadanos de las clases más pudientes como de la clase media o de los sectores más pobres. Nadie se salva, en esta Argentina de hoy, de un monstruo feroz que ataca sin discernir sobre la condición de la presa.

No es del caso considerar si para mitigar este fenómeno hace falta, en la coyuntura, de la llamada mano dura o seguir en una línea de garantismo que muchas veces se pasa de su propia línea para caer en el abolicionismo del castigo. Pero sí lo es recordar que no habrá soluciones de fondo, no habrá tranquilidad ciudadana, si la fortaleza económica que se ha logrado no trasvasa y llega a todos los sectores; no habrá solución para un mal que figura primero en la agenda de preocupaciones tanto del empresario como del trabajador o desocupado, si no se fortalece la educación y se repara la cultura, y si no se pone el acento en una campaña contra el narcotráfico, génesis de muchos males.

Pero tampoco habrá soluciones para éste y otros males que afronta el país sin un ingrediente fundamental que está ausente en estos momentos (como en otros de la vida y la historia nacional): la unidad de la dirigencia política para generar acciones propicias a todos los argentinos.

La reciente discusión del Presupuesto para el próximo año, la falta de acuerdos y el bochorno que supone carecer de ley madre, es una muestra acabada, tristemente reluciente, de la escena política signada por el contrapunto y el desencuentro.

Entendimiento

Hace ya tiempo que desde ésta y otras columnas bregamos, junto con otros empresarios de las comunicaciones y periodistas, para que se concrete de una vez y para siempre en el país un acuerdo que perdure en el tiempo, pactos exitosos como los que realizaron aquellas naciones dispuestas a salir de las crisis profundas que soportaron. Sin embargo, la dirigencia nacional, de uno y otro signo, sigue ufana por el camino del desencuentro, desentendida del agobio social y lamentablemente indiferente ante las oportunidades formidables que se pierden por tal insensatez en un país fabulosamente pródigo en recursos naturales.

Acaba un ciclo, un año. En este período que se va han ocurrido hechos políticamente conmovedores y humanamente lamentables. La muerte del ex presidente Néstor Kirchner es uno de ellos.

Tal como se preveía, las instituciones están consolidadas y no hay grietas que hagan sospechar debilitamiento en la acción de Gobierno. Sin embargo, la dirigencia política argentina, toda, le debe a la sociedad, y hay que insistir en ello, la unidad para ciertas acciones que son fundamentales. Y, a fuer de ser sinceros, detrás de esa anhelada cohesión política deberíamos participar también quienes pertenecemos al ámbito privado, pues ningún éxito será posible sin el acuerdo de todos los sectores.

Por último, es dable recordar que el año que se asoma trae consigo un acto electoral. No puedo menos que bregar por que la contienda no esté guiada por el rencor, la mezquindad y el denuesto, que tanta aflicción siempre han causado en el hombre argentino. Ojalá que el nuevo año sea el inicio de un entendimiento que genere justicia y paz. Por eso brindo. n

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