26 de julio 2017 - 21:33

“La novela histórica no debe desdeñar temas fuertes”

Integrante de la pléyade de autoras cordobesas que descollaron en el género, su nuevo libro se ocupa de la trata en los años 20.

Ramos. “El cordobés lee a las autoras cordobesas. Esos lectores nos apoyan, y desde allí es distinta la mirada para el resto del país”.
Ramos. “El cordobés lee a las autoras cordobesas. Esos lectores nos apoyan, y desde allí es distinta la mirada para el resto del país”.
La hija de un estanciero salteño, a comienzos del siglo pasado, escapa a Buenos Aires tras un hecho traumático y se instala en el barrio de La Boca. Allí es secuestrada por la Varsoviana, una red criminal de explotación sexual. Son los tiempos de la Semana Trágica, los grupos anarquistas, la Liga Patriótica, el tango y los conventillos, y en esa mujer se esconde el amor como esperanza de vindicación. Tal el derrotero de "La Boca Roja del Riachuelo", novela histórico-romántica de Graciela Ramos que editó Suma de Letras. Licenciada en Gestión Gerencial por la Universidad Católica de Córdoba, Ramos decidió saltar del área de marketing y ventas a la narrativa publicando "Lágrimas de la Revolución", "Malón de amor y muerte", "La Capitana" y "Los amantes de San Telmo". Dialogamos con ella.

Periodista: ¿A qué cree usted se debe que, en la Argentina, la mayoría de las escritoras de novela romántica histórica son cordobesas cómo Cristina Bajo, Florencia Bonelli o Viviana Rivero?

Graciela Ramos: Tenemos una ventaja grande: el cordobés lee a las autoras cordobesas. Esos lectores nos apoyan, nos sostienen, y desde allí es distinta la mirada para el resto de país. A eso se suma que siempre vamos juntas, somos amigas. Cada una tiene su historia pero nos ayudamos si lo necesitamos. Además, Córdoba es una ciudad que si sale a pasear camina la historia todo el tiempo.

P.: Sin embargo, la mayoría de las novelas no tratan de Córdoba; Bonelli usa cualquier escenario, pasa del Buenos Aires de los tiempos de Rosas a la guerra en los Balcanes, de París al Congo.

G.R.: Es una escritora que nos ha marcado la ruta a todas. Eso de salir, de recorrer, lo inició ella. Tener lectores en nuestra provincia alimenta la industria del lugar y nos proyecta. Cristina Bajo fue pionera en empezar por una editorial cordobesa y luego ser relanzada por Sudamericana. Y Bonelli impulsó los grupos de lectoras. Gracias a las redes sociales las lectoras han armado lugares de encuentro donde las mujeres se juntan a debatir las novelas. Eso nos ayuda, nos involucra, es publicidad gratis. Yo, en mis dos últimas novelas, aunque sin abandonar a mis lectoras, me he dirigido un poco más al lector masculino.

P.: Y de forma provocativa. La protagonista descubre que su padre, "el más macho de los machos salteños, es marica", y tiene relaciones incestuosas con un tío de ella.

G.R.: Me gusta que el relato sea consistente. Y no me freno por el qué dirán. Hay temas fuertes poco conversados en la novela histórica; no sólo los que tienen que ver con la intimidad de puertas cerradas, también en la visión íntima; por caso, de la Semana Trágica, de la red de trata de blancas Varsovia. Yo busco matizar lo histórico colectivo con lo individual no esperado, como ese amor homosexual. Creo que revelar lo no esperado prepara al lector para la violencia social e individual que viene después. Mis lectoras ya me conocen, saben que busco la intensidad. Soy una persona apasionada y no puedo andar tranquila escribiendo la novela. Lo que me pasó con "La Boca Roja del Riachuelo" es que mi pasión se encontró con una realidad de pasiones, con la tan trágica Semana Trágica. Me gustó contar del crecimiento del anarquismo criollo que tenía enfrente a la Liga Patriótica, y cómo se fueron alimentando esos dos monstruos. Ahí ya andaba la famosa grieta.

P.: Su protagonista le permite hablar de la mafia de la Zwi Migdal.

G.R.: Una organización criminal muy importante. En los años veinte, cuando tuvo su apogeo, fue tremendo. Había zonas con un prostíbulo por cuadra. Cuento el establecimiento de las redes de la trata pero también la rebelión de las mujeres. Mi marido me dijo: se habla mucho de las mujeres que murieron en el incendio de una fábrica en Nueva York y vos contás que nosotros tenemos acá a las mujeres de la Huelga de las Escobas.

P.: ¿Cómo llega al título de "La Boca Roja del Riachuelo"?

G.R.: Al comenzar a escribir. Cuando Rosa María viaja de Salta y yo empiezo a transitar por el barrio de La Boca. Es la Boca Roja porque ahí empieza todo. Llegan los inmigrantes de los lugares más diversos, y con ellos las ideas socialistas y anarquistas. Es roja por las banderas y la sangre derramada. Sangre de las confrontaciones políticas, de las prostitutas, de la pobreza. Una de las formas de documentarme fueron charlas con viejos anarquistas y con gente de la vereda de enfrente, conservadora, me daban la historia en carne viva.

P.: ¿Cómo maneja lo sentimental, lo romántico?

G.R.: Me cuesta. Me dicen La Tarantino. No soy tan romántica. Me visto de rosa para las chicas. En un momento me pregunté: ¿cómo se aman los pobres y cómo los ricos? ¿Se aman igual? Me di cuenta de que no. Y que Rosa María tenía que estar frente a posibilidades contrapuestas, cuestionadas.

P.: ¿En que está ahora?

G.R.: En algo diferente. Estoy trabajando sobre los incas. Es una investigación que ya lleva cuatro años y me voy a tomar tiempo. No me importa lo misterioso sino la vida diaria, qué comían, qué hacían, cómo amaban.

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