Berlín - Descrita como simpática, sociable y amante de los gatos, pero también como "una persona fríamente calculadora" para la cual la vida de los demás carecía de importancia, Beate ZschTMpe constituye un enigma difícil de descifrar en un macrojuicio que ha ocupado a Alemania durante los últimos cinco años.
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El perfil que conocidos e investigadores trazan de esta presunta terrorista neonazi, llega incluso a ser contradictorio. "Soy una persona compasiva y he podido ver y sentir la angustia y la desesperación de los familiares (de las víctimas). Me disculpo por el sufrimiento que causé", dijo en su alegato final, en el que también defendió su inocencia desvinculándose de los delitos que se le imputan como integrante de la célula neonazi NSU.
Hija de madre soltera, nació en la extinta República Democrática Alemana (RDA) y fue criada por su abuela después de que su progenitora se desentendiese.
Tras moverse en círculos de izquierda y punks durante su entrada en la adolescencia, conoció a los 17 años al ultraderechista Uwe Mundlos, con quien inició una relación sentimental hasta radicalizarse. Testigos que declararon ante el tribunal de Múnich que juzga el caso indicaron que hasta que entró en contacto con el mencionado extremista de derecha jamás había mostrado un mínimo interés por la política.
Bajo los alias de Susann Dienelt, Mandy Pohl o BTMrbel Bucilowski, entre otros, comenzaron una vida clandestina que se prolongó durante casi 14 años y que la llevó a mudarse con frecuencia de domicilio. Las autoridades también creen que ella, aunque quizás no asesinó directamente a las víctimas, sí se encargaba de elegirlas y vigilarlas. También entiende que la mujer fue quien alquiló el garage en el que sus dos compañeros fabricaban bombas, y que además de consumar varios asaltos y de perpetrar un ataque bomba en Colonia contra el negocio de una familia iraní, prendió fuego a la vivienda en la que residía con sus compañeros fallecidos para destruir pruebas.
A sus 43 años, Beate ZschTMpe se enfrenta a una pena de cadena perpetua. De ser condenada, pasaría como mínimo 15 años en prisión. Espera su sentencia desde 2011 en una cárcel en las inmediaciones de Munich, donde se celebra el proceso.
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