7 de mayo 2009 - 00:00

La oleada amenaza toda Asia Central

Alcanzó renombre mundial con su certero retrato de los talibanes y las consecuencias internacionales de su régimen. Ahmed Rashid, periodista y analista político paquistaní que reside en Lahore, se ha convertido en una referencia para comprender las claves que rigen los designios de Asia Central. La inestabilidad política en Pakistán y el resurgimiento de los talibanes en Afganistán centran su nuevo libro, «Descenso al caos».

Periodista: ¿Está fraguándose en Asia Central el próximo conflicto mundial?

Ahmed Rashid: El problema es que los talibanes se han convertido en un modelo a seguir en toda la región. Su éxito en Afganistán y Pakistán está creando una ola de militancia talibán en Asia Central, donde hay gobiernos muy represivos, sin oposición ni partidos políticos, y donde los talibanes se han convertido en la única oposición.

P.: ¿Qué grado de responsabilidad ha tenido EE.UU. en el fracaso de la construcción nacional en Pakistán, Afganistán y Asia Central?

A.R.: La administración Bush cometió dos grandes errores. El primero fue prometer reconstruir Afganistán para luego fracasar en ello. Fracasaron en la reconstrucción del Gobierno y de las fuerzas de seguridad en los primeros años, cuando había paz. Fracasaron en la reconstrucción de las infraestructuras y en el lanzamiento de la economía. Como resultado de este fracaso, se produjo una explosión del narcotráfico. El segundo error fue, por supuesto, Irak. Como consecuencia de la gran destrucción, el país necesitó muchos recursos financieros y de inteligencia. Afganistán se convirtió en la prioridad número dos. Y el único objetivo de Bush en Afganistán era derrotar a Al Qaeda, no desarrollar el país.

P.: ¿Considera que la nueva estrategia anunciada por Barack Obama para Afganistán va en la dirección correcta?

A.R.: Sí. Por primera vez en siete años, creo que es la dirección correcta. Estamos viendo una nueva doctrina contrainsurgente diseñada por el general David Petraeus, que habla de la protección de la población expulsando a los militantes y reteniendo el territorio para fomentar el desarrollo. Antes, las tropas de la OTAN y de EE.UU. limpiaban de talibanes un área, pero luego se marchaban, con lo que los insurgentes volvían.

P.: Obama ya piensa en la estrategia de salida de sus tropas, pero ¿cómo salir de Afganistán?

A.R.: La única salida es reconstruir el Estado afgano y hacer que los afganos sean responsables y efectivos a la hora de proteger su país del terrorismo.

P.: Tras ocho años de guerra contra los talibanes, la insurgencia parece reforzada. ¿Cómo combatirla? ¿Es posible negociar con ellos?

A.R.: Entre 2001 y 2004 no había insurgencia. Hubo una ventana de oportunidad para ganarse al pueblo afgano y construir la nación. Y ésa es exactamente la etapa en la que Bush fracasó al poner todo el foco en Irak. Entonces, los talibanes iniciaron la insurgencia sin que existiera ninguna visión estratégica por parte de la administración Bush. Espero que ahora la haya y que incluya no sólo más tropas en el terreno y más desarrollo, sino negociaciones con los talibanes. Muchos milicianos militan no porque estén comprometidos con la guerra santa (yihad) o con Al Qaeda. Muchos luchan porque sus familiares fueron asesinados o sus hogares bombardeados. O por dinero: los talibanes pagan más a sus guerrilleros que el Ejército afgano a sus soldados. Muchos de estos comandos pueden dejar las armas. No creo que sea posible negociar con la cúpula talibán, porque están muy comprometidos con Al Qaeda, pero sí con muchos comandantes y guerrilleros.

P.: ¿Cuál es la situación en Pakistán?

A.R.: Pakistán es ya un Estado fallido. Tiene un liderazgo político muy fragmentado. Hay problemas entre los líderes civiles y los militares. Hay, además, una seria crisis económica. Pakistán necesita desesperadamente ayuda y dinero, que hasta ahora no llega. Y, por supuesto, está la expansión de los talibanes paquistaníes en el Norte. Quieren derrocar al Gobierno e imponer la sharia (ley islámica) en todo el país. Y no estamos viendo la efectividad del Ejército y de los líderes políticos para combatir eso. La diferencia es que los líderes de Al Qaeda en Irak eran «outsiders»: jordanos, egipcios, palestinos, pero no iraquíes, así que fue relativamente fácil derrotar a la red en Irak. El problema de Pakistán es que los talibanes son una fuerza local. Tienen una alianza estratégica con Al Qaeda, que marca su dirección, pero sus líderes son locales. La situación es más peligrosa que en Irak.

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