6 de julio 2009 - 00:00

La peste en el cine: tradición ambivalente

Cuba Gooding Jr., Kevin Spacey y Dustin Hoffman en «Epidemia» (2000), ominoso film de Wolfgang Petersen sobre una peste que hasta incluía la escena de un espectador que estornudaba en un cine.
Cuba Gooding Jr., Kevin Spacey y Dustin Hoffman en «Epidemia» (2000), ominoso film de Wolfgang Petersen sobre una peste que hasta incluía la escena de un espectador que estornudaba en un cine.
Mientras lo que se hunda sea el Titanic, los volcanes entren en erupción en tiempos de la Antigua Roma, o in sitios exóticos y lejanos como Krakatoa, el público comerá pochoclo disfrutanto del mejor desastre al estilo Hollywood. Incluso los Terremotos, Incendios en la torre y los Concorde que no lograban aterrizar en el Aeropuerto solían tener a ricos y famosos, magnates malos y estrellas de buen corazón que cautivaban a la audiencia sin perturbarla seriamente al presenciar alguna superproducción de Irwin Allen.

Pero el tema de las plagas, pestes y epidemias es otra cosa. La idea de contagiarse el cólera, la peste negra o algún nuevo virus letal es poco glamuroso como para interesar al gran público. Esto no significa que desde su era clásica Hollywood no haya intentado sacar provecho a este tipo de dramas, y si no lo ha hecho en demasiadas ocasiones es precisamente porque el cine de la peste justamente suele funcionar como una venenosa enfermedad para la taquilla.

Sin ir más lejos, se puede mencionar una de las mayores producciones que explican su género ya desde el título: «La peste» de Luis Puenzo adaptaba el libro existencialista de Albert Camus a una imaginaria ciudad sudamericana, donde una epidemia exterminaba a la población y cambiaba radicalmente las normas de la sociedad, llevándolas hacia un brutal totalitarismo. A pesar de sus valores de producción y de las actuaciones de Robert Duval, Raul Juliá y William Hurt, esta coproducción entre Argentina, Francia e Inglaterra nunca llegó a estrenarse en los cines norteamericanos, donde sólo se vio lanzada directamente al video.

El ejemplo exacto de este problema lo describió con enorme audacia una de las pocas películas en ir directo al tema: en «Epidemia» («Outbreak», 1995) un virus mortal amenaza con diezmar la población estadounidense, y en un momento clave del film el director Wolfgang Petersen muestra cómo el germen se va contagiando en una sala cinematográfica repleta de espectadores. Un miembro de la audiencia estornuda, y la cámara sigue el recorrido de las gotas surgidas de ese estornudo entre el público, generando magistralmente un clima de tensa paranoia entre quienes están viendo la película real.

Con un presupuesto de 50 millones de dólares, y un elenco encabezado por Dustin Hoffman, que incluía a Rene Russo, Morgan Freeman, Kevin Spacey, Donald Sutherland, Cuba Gooding Jr y Patrick Dempsey, más los mejores efectos especiales y un ritmo y toques de suspenso propios de una superproducción de acción, en marzo de 1995 «Variety» recibió al film de Petersen como uno de los mejores en su tema, e incluso se atrevió a especular con el éxito comercial que podría alcanzar en aquella temporada.

Pero el dictamen eel oráculo no terminó de cumplirse, y pese a todas sus cualidades como entretenimiento de primer nivel, con la capacidad adicional de reflejar preocupaciones de la sociedad moderna, «Epidemia» redituó mucho menos de lo que se esperaba.

Es más fácil llevar una plaga a un panorama fantástico que a un plano realista. Por eso en general la aproximación al asunto ha sido a través de contextos más relacionados con la ciencia ficción que con la descripción de hechos históricos demasiado terroríficos para entusiasmar a un productor de Hollywood, empezando por las epidemias de peste de la Edad Media, pocas veces convertidas en factor principal de un film realista. Sí fueron desencadenantes de clásicos fantástico-metafísicos como la obra maestra de Ingmar Bergman «El séptimo sello», (1957) que más allá de sus oscuras y tétricas imágenes, finalmente era una fábula romantica donde el protagonista puede jugarle su vida a la Parca durante una partida de ajedrez. Werner Herzog, en su «Nosferatu», (1979) también concluía el film con las catastróficas consecuencias de una peste acarreada por el vampiro.

Una peste del medioevo era el conflicto principal de una película basada en un cuento de Edgar Allan Poe, pero con una clara inspiración bergmaniana como «La Máscara de la Muerte Roja» (1964) de Roger Corman, con un brillante Vincent Price en el papel del monarca que se encierra con los nobles en su castillo para vivir una orgía constante, mientras su pueblo es diezmado por la plaga a la que se refiere el título. Obviamente la enfermedad buscaba la forma de infiltrarse en ese santuario de lujo y pecado, y el horrible villano tenía un castigo a su medida. Y el film está entre los mejores de la larga serie de películas sobre Poe filmadas por Roger Corman durante los 60.

Un adecuado uso de una epidemia de fiebre amarilla en un contexto histórico le dio el Oscar a Bette Davis. La película era «Jezebel, la tempestuosa» (1938) de William Wyler con un excelente guión escrito, entre otros, por John Huston. Davis interpretaba a una caprichosa de la alta sociedad de Louisiana, que tenía en vilo a varios caballeros del siglo XIX, empezando por su prometido Henry Fonda. Pero la llegada de la epidemia cambiaba el comportamiento de la protagonista, que se convertía en una heroína dejando su pasado frívolo.

Pero a Elia Kazan se le debe el mayor clásico en la materia, toda una audacia por el foco moderno, realista e incluso técnico y social en todo lo que tiene que ver con los intentos de la policía y un oficial médico para evitar que se propague una peste en la zona del puerto de Nueva Orleans. Se trata de «Pánico en las calles» («Panic In The Streets»), con Jack Palance como un criminal infectado que podría contagiar a toda la población, y Richard Widmark como el oficial médico encargado de poner en alerta a las autoridades y detener la epidemia sin provocar el pánico en la ciudad. Más allá de que en síntesis se trata de un film policial, es uno de los intentos más cuidadosos y rigurosos de Hollywood por mostrar el tema de cómo combatir la diseminación de una enfermedad altamente contagiosa.

Pero claro, lo que más abunda en el cine de todas las nacionalidades son las epidemias de virus totalmente fantásticos que terminan con el mundo tal como lo conocemos, ya sea generando apocalipsis llenos de zombies -empezando por los de George Romero a partir de «Noche de los muertos vivientes» de 1968- y las innumerables copias italianas o inglesas, como la más reciente «Exterminio» de Danny Boyle, más los zombies españoles de «Rec» después trasladados a los Estados Unidos en su remake «Cuarentena».

Hay docenas de películas de toda procedencia -y calidad- sobre virus que liquidan a la población mundial. Uno de los fracasos más estrepitosos, al menos en lo comercial, fue la superproducción japonesa de 1980 dirigida por Kinji Fukasku, «Virus» («Fukkatsu no hi») con un elenco internacional que incluía a Sonny Chiba, Glenn Ford, Chuck Connors, George Kennedy y Olivia Hussey contando la historia de los últimos sobrevivientes del virus genocida, apenas unos científicos que deben reconstruir la humanidad desde una base aislada en la Antártida.

La película más original sobre plagas probablemente sea argentina. Se trata del clásico de la comedia picaresca dirigido por Daniel Tinayre en 1963: «La cigarra no es un bicho», con todas las parejas que intentan encontrar intimidad en un hotel alojamiento amenazadas por una epidemia de peste bubónica, dando lugar a los enredos entendibles. Es un clásico que habría que revisar ya que seguramente debe haber sobrevivido bien al paso del tiempo, y en especial llamaría la atención del público contemporáneo por un elenco que incluye nombres importantísimos, empezando por la esposa de Tinayre, Mirtha Legrand, acompañada por Narciso Ibáñez Menta, Luis Sandrini, Elsa Daniel, Amelia Bence, Jose Cibrián, Guillermo Battaglia, Marcos Zucker y Guillermo Bredeston. Lamentablemente el film de Tinayre también generó otra plaga, la interminable saga de comedias berretas de hoteles alojamiento que asoló al cine nacional por décadas, aunque ésa ya es una peste de otro tipo.

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