La política y el petróleo

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Desde el colapso de Lehman Brothers en 2008 la crisis le costó a cada norteamericano unos u$s 40.743 (incluye el efecto de la merma del PBI real proyectado, los 23,1 millones de norteamericanos con serios problemas laborales, los 9,63 millones que perdieron su seguro de salud, los 11 millones de hogares cuyas hipotecas valen más que las viviendas, etc.), según Better Markets, una entidad que fomenta la mejora de las prácticas en el mercado.

Curiosamente el sector estatal no ha realizado ningún estudio en este sentido (un ejemplo: la Fed no ha hecho público el «costo», el QE3, QE2, QE1, etc.), lo que alimenta la idea que quienes piensan que esta cifra se queda corta, puede ser cierta. Lo más llamativo de la jornada de ayer no fue el 0,3 por ciento que perdió el Dow quebrando cuatro ruedas consecutivas de suba al cerrar en 13.553,1 puntos, ni el vuelo hacia los bonos del Tesoro cuya tasa descendió a un 1,838 por ciento anual (el 0,68% que cedió el oro evidencia que no tuvimos un clásico «flight to quality») sino el sin precedentes del 3,04 por ciento que se desbarrancó el precio del petróleo -el WTI se desplomó u$s 3 con un fortísimo volumen en menos de un minuto- para quedar en u$s 95,99 por barril. Si bien no hubo ninguna noticia puntual que explicara este movimiento y no se puede obviar que alguien le haya «herrado a la tecla» (disparando una orden «equivocada»), hubo quien lo vinculó con una hipotética «filtración» respecto a que la administración Obama estaría a punto de liberar reservas estratégicas de crudo para atemperar el alto costo de la energía para los norteamericanos, algo siempre importante, pero mucho más cuando estamos tan cerca de los comicios presidenciales. Por lo que sea, este tipo de incidentes no son buenos, ni hablan bien del mercado.

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