10 de diciembre 2009 - 00:00

La popularidad de Obama cae al 46%, la menor de su gestión

Antes de viajar a Oslo para recibir el polémico Premio Nobel que se le ha otorgado, Barack Obama habló ayer de economía y empleos, buscando responder a la preocupación más acuciante de los estadounidenses. Las encuestas ya no le sonríen.
Antes de viajar a Oslo para recibir el polémico Premio Nobel que se le ha otorgado, Barack Obama habló ayer de economía y empleos, buscando responder a la preocupación más acuciante de los estadounidenses. Las encuestas ya no le sonríen.
Nueva York - La aprobación de los esta-dounidenses a la gestión del presidente de EE.UU., Barack Obama, cayó al 46%, el nivel más bajo desde que llegó a la Casa Blanca en enero, según un sondeo publicado ayer que atribuye al descenso a los planes de reforma del sistema de salud y al manejo de la economía.

El sondeo de la Universidad Quinnipac de Nueva York muestra que el plan de reforma sanitaria que el mandatario presentó al Congreso y «su manera personal de abordarlo» son apoyados por menos de cuatro de cada 10 estadounidenses.

Según esa muestra, el 52% de los votantes desaprueba la propuesta de reforma enviada por la Casa Blanca al Congreso, mientras que sólo el 38% la apoya. Además, el 56% de los consultados no está de acuerdo con la manera en que Obama está tratando la situación sanitaria del país, frente al 38% que le da su visto bueno. Con respecto a noviembre, el porcentaje de encuestados que no respalda la propuesta de Obama aumentó tres puntos.

Los expertos de la Universidad de Quinnipac, especializada en la elaboración de sondeos, señalaron también que el 56% de los estadounidenses favorece la posibilidad de optar por una cobertura sanitaria dependiente del Gobierno. En noviembre pasado, esa opción tenía el respaldo del 57%.

«El 63% de los votantes estadounidenses considera que ampliar a todos el seguro sanitario aumentará los costos del sistema», dice el sondeo, que señala que el 30% no comparte esa opinión.

«Quienes favorecen la reforma del sistema sanitario en el Congreso tienen suerte de que los estadounidenses no tengan que votar ahora. En estos momentos tienen un 14% menos de apoyo», señaló el subdirector del instituto, Peter Brown. Agregó que «el nivel de aprobación del trabajo de Obama sigue cayendo y es evidente que ese deterioro deriva de que los votantes no están satisfechos con los asuntos de carácter nacional».

En tanto, Obama continuó ayer con su estrategia para destrabar la aprobación de la reforma sanitaria que tanto repercute en su imagen. El mandatario dio su apoyo al compromiso alcanzado por los legisladores oficialistas el martes.

Al respecto, el líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, anunció anteayer que los demócratas habían acordado suavizar la controvertida «opción pública» -el punto más conflictivo de la reforma- un plan opcional de seguro médico, financiado por el Gobierno, al que se opusieron muchos republicanos y demócratas moderados. Esta opción se sustituiría en el nuevo sistema, en el cual las aseguradoras privadas ofrecerían un plan sin fines de lucro, similar al de los empleados federales.

«El Senado hizo un progreso crítico la noche pasada con un nuevo proyecto que creo ayudará a allanar el camino para la aprobación final de un logro histórico para el pueblo estadounidense», indicó Obama poco después de una reunión con líderes del Congreso.

El acuerdo en cuestión podría ser aprobado sin la oposición republicana, sólo si los 60 demócratas votan a favor.

Por otro lado, y en otro de los puntos que afectan su imagen, Obama se encontraba en Oslo para recibir el premio Nobel de la Paz por sus «extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional», aun cuando sus iniciativas siguen, en general, precisamente en el terreno de los «esfuerzos».

Otro aspecto rechazado por los norteamericanos es el manejo de la guerra en Afganistán. Durante la campaña electoral Obama prometió el retiro de las tropas estadounidenses en Irak y el aumento de la presencia militar en Afganistán. En este terreno cumplió, ya que puso en marcha un calendario para la retirada de Irak, pero su decisión de enviar otros 30.000 soldados, anunciada apenas días antes de recibir el destacado premio, no sólo provocó la protesta de los pacifistas locales, sino que manchó la elección de los académicos noruegos.

En el interior de su Gobierno saben lo controvertido que se volvió el galardón, por eso ayer el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, se apuró a aclarar que «el presidente entiende y sabe que no está al mismo nivel que (el ex presidente sudafricano) Nelson Mandela y (la religiosa albanesa beatificada) Madre Teresa» de Calcuta.

Agencias EFE, Reuters, DPA, ANSA y AFP

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