Cristina de Kirchner le mostró a Felipe Calderón cómo marchan las obras de restauración del mural de Siqueiros. Sin embargo, aún el Senado no aprobó la ley para expropiar la obra. La propiedad de "Ejercicio plástico" es argentina, pero podría ser mexicana.
Cristina de Kirchner le mostró al presidente de México, Felipe Calderón, el mural que David Alfaro Siqueiros realizó en la Argentina. Demostró que no se quedó con los brazos cruzados luego de los reclamos que le hiciera el gobierno azteca para que salvara la obra. Kirchner no sólo logró rescatar la pintura que está en la plaza Colón, cerca de su despacho, sino que además pudo exhibirla en pleno proceso de restauración.
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Siqueiros pintó en 1933 «Ejercicio plástico», en el sótano de la quinta de Natalio Botana, donde permaneció olvidado hasta 1991, cuando el mexicano Manuel Serrano -que hoy está a cargo de la restauración-, contratado por el nuevo dueño de la quinta, Héctor Mendizábal, lo fragmentó en seis partes, a la medida de cuatro contenedores con el fin de llevarlo de gira por el mundo. El desmontaje costó más de un millón de dólares y la quinta Los Granados quedó pulverizada.
Toda esta historia quedó atrás sin embargo en el paseo rápido de ayer por el tinglado.
El presidente Calderón, acompañado por el millonario y coleccionista Carlos Slim, consultó a Serrano sobre la restauración. El mexicano dijo: «Demorará alrededor de seis meses; el montaje no ofrece mayor dificultad. La pintura no presenta ni siquiera señales de humedad».
El mural ha sido víctima de una fórmula fatal: la desidia de quienes tenían la obligación de protegerlo (dado que es un bien patrimonial) y la voracidad de quienes lo desean (que todavía continúan la pugna judicial). Trabado por la Justicia, permaneció 17 años deteriorándose en unos cofres de metal, arrumbados en una playa de grúas junto a una ruta bonaerense, bajo el sol y la lluvia.
Hace dos años Calderón ofreció ayuda financiera para el rescate, y Kirchner, cuando todavía era candidata a la Presidencia, le dio instrucciones a su amiga la diplomática Magdalena Faillace para que organizara la restauración y posterior exhibición. La gestión naufragó. El mural es propiedad privada y la medida judicial de no innovar parecía inamovible. Ni Faillace ni la burocrática comisión que nombró, con sus viajes a México y otros gastos, lograron avanzar.
Fue necesario todo el poder de la Presidencia para movilizar la obra, sepultada bajo una montaña de expedientes.
Pero el cerrojo legal no fue él único impedimento, la obra fue abandonada por cuestiones financieras, y Oscar Parrilli logró el apoyo de tres magnates: Carlos Pedro Blaquier (Ledesma), Paolo Rocca (Techint) y el poderoso Slim (Claro y Telmex), quienes se comprometieron ante el juez a solventar los gastos que demandara resguardar la pintura mientras dure la compleja restauración. Se sabe que Slim aporta un monto mayor, y que contrató a Serrano, responsable de recuperar la obra y dejarla como la encontró.
También se sabe que los ingenieros que realizaron el desmontaje, Balestra y Del Carril, no fueron convocados, « pedían una cifra demasiado elevada», aseguró una fuente confiable.
Entre tanto, el Senado demora el tratamiento de la ley de expropiación del mural, que ya cuenta con la aprobación de la Cámara de Diputados. La abogada de Dencanor informa que según el convenio firmado con el Estado, el plazo de exhibición vence en diciembre de 2010, cuando acaben los festejos del Bicentenario.
Pero, ¿y después del Bicentenario qué? ¿El mural puede salir del país para siempre? Con este acuerdo, el Estado le da el visto bueno a la « exportación temporaria», que finalmente es una exportación, y sin plazos acotados.
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