- ámbito
- Edición Impresa
La rabieta de Sol se prolonga otra semana
Carlos Burgueño - Enviado especial a España
Así, España ya tiene sus cacerolazos para que se escuchen sus protestas, muy cercanas al «que se vayan todos». En la Puerta del Sol de Madrid, a pocos metros del Congreso de los Diputados, miles de españoles (en su mayoría menores de 30 años, pero recibiendo la visita y el apoyo de muchos mayores de 50 años, viejos militantes de izquierda y desempleados mayores de 40) despliegan todo tipo de pancartas en contra del sistema de partidos español. De manera permanente, 25.000 personas cubrieron la totalidad del lugar, de manera rotativa, lo que hace presuponer que hubo entre el viernes y ayer por la noche más de 100.000 manifestantes en total.
Nadie de la clase política española lo pudo prever. Mucho menos, el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o el opositor Partido Popular (PP). Tampoco la Izquierda Unida, que incluso fue invitada a desalojar la Puerta si sus dirigentes más conocidos se hacían presentes o si mostraban carteles. «Esto no es de ningún partido», se apuraba a decir cualquiera de los «indignados» que pueblan la plaza.
La metodología de la protesta sorprende a la clase dirigente española. Sin embargo, para un argentino resulta una movilización más, de las que adornan el panorama político en la Capital Federal o el conurbano bonaerense. Salvo por una cuestión central: en la Plaza del Sol están prohibidas las pancartas partidarias. Cualquier manifestante que intente enarbolar las banderas de un solo partido será expulsado del lugar.
El tradicional paseo madrileño se convirtió así en una gran ágora, similar a las que poblaban Buenos Aires durante la crisis de 2001. En vez de bancadas de diputados hay un piso donde se sientan los protagonistas, y en lugar de presidente de un Parlamento hay un moderador que va dando la palabra a medida que alguien la pide. Al final, alguien que anotó todas las propuestas las somete al voto. No hay orden del día, sino un listado de reclamos con algunos puntos «innegociables» antes de levantar las protestas que requerirían respuesta de la clase dirigente.
«Somos la generación NiNi, Ni PSOE Ni PP», dice un cartel. «Yes we camp», dice otro más allá. «Lo escribimos en inglés para garantizarnos de que la protesta llegue a todo el mundo vía los medios de comunicación», reconoce Jordi, uno de los manifestantes que confecciona los carteles. «SpanishRevolution», dice otro más directo. «¿Dónde está la izquierda? Al fondo a la derecha», reza uno más político. «Me sobra mes al final del sueldo», se lee en un pasacalle con un mensaje muy cercano a los reclamos de la Plaza.
Marginalidad
Sucede que muchos de los manifestantes se definen como víctimas de la crisis y de los ajustes de Zapatero. Afirman que uno de cada dos jóvenes menores de 30 años, incluso universitarios, no consigue trabajo. Y si lo logra, es con salarios de no más de 800 euros, «lo que nos condena a la marginalidad», según Raúl, otro «indignado». No cree que el problema sea la inmigración. «Los inmigrantes hacen el trabajo que muchos de nosotros no haríamos y con buenas políticas y menos ajustes habría lugar para todos en este país», aseguran varios a coro. Igualmente, cuesta encontrar en la Plaza algún inmigrante. Jordi forma parte de una de las comisiones elaboradas por áreas, la de comunicación. Hay otras como la de asamblea (que organiza las consultas populares), alimentación (que dirige la logística para conseguir bebidas y algo para comer), la de infraestructura (que maneja las carpas del centro del ágora) y otra de energía (dedicada a conectar con alargues los aparatos eléctricos a casas particulares que amablemente les ceden enchufes).
Comienzo
«Consideramos leyes injustas la Ley de Extranjería, la ley electoral y la de Igualdad de Género», suena por un altavoz en una esquina del lugar. «Se debe acabar con el apoyo estatal a la Iglesia», defiende una mujer de mediana edad. «Los rescates deben ir dirigidos a las familias desahuciadas y no a los bancos», dice otro joven.
Los manifestantes se vienen convocando en esta Plaza del Sol desde el 15 de mayo (de ahí el 15-M). Sin embargo, todo comenzó en febrero con el inicio de una serie de comunicaciones vía redes sociales. Facebook y Twitter fueron los mecanismos de comunicación que terminaron por organizar el evento. No está claro de dónde salió el nombre «indignados». Para muchos, fue una forma de usar un denominador común en Twitter. Para otros proviene de un paper del politólogo francés Stephane Hessel, llamado «Indignados y listos para una revolución». Hessel, filósofo de 90 años cercano en su momento a François Mitterand y sobreviviente de la resistencia francesa contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
«Que la crisis la paguen los culpables». «Podemos hacer historia, ven al Sol ya». «Desobediencia civil pacífica». «Democracia Real Ya». «Estamos desempleados, mal remunerados o precarios. Es el momento». «La República del Sol funciona, ven a verla», dicen otros carteles. Según los manifestantes, éstos harán historia «como París en Mayo del 68», según se entusiasman.
Se les cuenta a algunos manifestantes que en la Argentina hay una modalidad llamada piqueteros nacida en la crisis de los 90 y que como característica principal incluye el bloqueo de rutas, calles y caminos. «Seremos parecidos entonces, pero no queremos cortar el tránsito, le daríamos la razón a la Policía y un motivo para la represión», aseguran. Finalmente coinciden. «Es posible que adoptemos el que se vayan todos», dicen con una sonrisa.


Dejá tu comentario