Para los que no lo creían, quedó demostrado que lo que más les importa a los inversores en Wall Street es lo que sucede en su país. No lo decimos porque sólo el 16% de los norteamericanos se preocupa por la crisis europea (podría ser el 16% que más invierte), sino porque de manera indubitable la principal causa de que el Dow viviera el viernes la mayor baja del año (-2,22%, a 12.118,57 puntos, con un volumen un 21% mayor que el habitual) fue local: el anuncio de que la economía creó el último mes sólo 69.000 puestos de trabajo y de que la tasa de desempleo subió al 8,2% (el 14,5% de los norteamericanos tiene problemas laborales, 5,4 millones de personas hace más de 27 semanas que no consiguen ningún empleo, el sector de la construcción expulsó a 28.000 personas, etc.). Con esto el promedio industrial pierde el 0,81% en lo que va del año y el 2,7% en la semana (el NASDAQ aún trepa en 2012 un 5,46% y el S&P 500, el 1,63%). Para completar el panorama basta decir que lo único que subió el viernes fueron los bonos del Tesoro, cuya tasa a 10 años se derrumbó a un sin precedentes 1,442% (cerró en 1,467%; en estos niveles pone nerviosos a quienes piensan que la baja ya es exagerada) y las acciones vinculadas al oro, que treparon en promedio el 6,7%, impulsadas por el 3,71% que ganó el metal amarillo (pensemos esto frente al 8,4% que perdió en cuatro días el precio del petróleo WTI o el 15,78% que retrocede en el año).
Claro que no todas fueron malas caras; si bien no festejaron, los republicanos no pudieron ocultar una sonrisa al ver que su chance de recuperar la presidencia crece por la ineficiencia demócrata. ¿Un nuevo plan de rescate? Con una situación política tan complicada es muy difícil (ojo con Chipre).
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