4 de marzo 2014 - 00:00

La rebelión se contagia a otras regiones del sureste

Moscú - La revuelta filo rusa genera fisuras en el sureste de Ucrania, país históricamente suspendido entre Occidente y Moscú, dividido entre los filoeuropeos y los rusófonos.

Luego de la designación de dos gobernadores fieles a las nuevas autoridades ucranianas, se suceden manifestaciones anti-Kiev en Dnipropetrovsk y en Donetsk, el feudo del presidente depuesto Víktor Yanukóvich, donde algunos cientos de filorrusos se adueñaron de la sede del Gobierno regional, mientras el Parlamento local convocaba a un referendo siguiendo el ejemplo de Crimea.

Algunos cientos de filorrusos también irrumpieron en la sede del Gobierno de la histórica ciudad de Odessa, pero el Parlamento regional rechazó organizar un referendo análogo.

Basta un fósforo para desatar una guerra civil en este país donde hay al menos cuatro Ucrania: la occidental que mira a Europa, en un tiempo dominada por Polonia y los ausburgo austríacos, cuna de los nacionalistas y fuertemente antirrusa; y la central, que gira en torno a Crimea, regalada por Krushov a Ucrania en 1954, que es una república autónoma con una mayoría étnicamente rusa (casi 70%) y donde se habla casi exclusivamente ruso. Finalmente, las regiones rebeldes del sureste industrial y minero, donde los rusófonos no son mayoría en los números sino en la lengua y cultura.

En Dnipropetrovsk, según el censo de 2001 son "sólo" el 23,5%, pero en Donestsk llegan al 48,8%, aunque en la región homónima llegan al 38,2%.

Un porcentaje similar al de la región de Lugansk (39%), pero en Kharkov sólo son un cuarto de la población. En cambio, Odessa es una ciudad rusa, aunque los rusófonos no llegan a la mitad (42,8%). Sólo son mayoría en Crimea, en particular en Sebastopol (71,7%). Con sus 8,3 millones, los rusófonos no representan ni siquiera un quinto de la población ucraniana (45,5 millones), pero en 13 de las 27 regiones el ruso fue adoptado como lengua oficial antes de que la ley fuera anulada en el marco de las protestas en Kiev.

Y ésta ha sido una de las causas de la reacción de Moscú, preocupada por los derechos de su minoría y por los temores de venganzas por parte del ala ultranacionalista de Maidán.

Una minoría que está indignada por la corrupción de la élite en el poder, por la desocupación y por las desigualdades sociales frente a los que viven en la Ucrania occidental, que se siente asediada, con una herencia cultural bajo amenaza. La responsabilidad de eliminar estas preocupaciones compete sólo a Kiev, no a Washington o a Moscú.

En tanto, la ocupación rusa de Crimea y la amenaza de una presencia militar también en el sureste del país podrían alimentar las tensiones étnicas o religiosas, ya que en Ucrania también viven otras minorías, como los tártaros (en Crimea) y los judíos, con una comunidad importante en Odessa.

Agencia ANSA

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