«La economía global podría volver a caer en una recesión para fines de 2010 o 2011 a causa de la creciente deuda guber-namental, los mayores precios del pe-tróleo y el estancamiento del empleo», alertó Nouriel Roubini, el economista que anticipó la crisis financiera. En su blog (www.rgemonitor.com/roubini-monitor), el profesor de la Universidad de Nueva York señaló que estos problemas podrían gestar una «tormenta perfecta» que precipitaría a la economía mundial, que parecía estar recuperándose, a una
recesión de «doble caída».
La recesión mundial podría terminar a fin de 2009, no antes, y la recuperación en 2010 será anémica, pues los hogares, las empresas y las instituciones financieras se encuentran limitados para tomar créditos, prestar y gastar.
Mientras tanto, avanza una tormenta perfecta de déficits fiscales persistentemente excesivos, la monetización de esos déficits que podría acelerar la inflación, el aumento del rendimiento de los bonos públicos, el alza del precio del petróleo, la debilidad de los beneficios, la incesante destrucción de puestos de trabajo.
Es una tormenta que podría frustrar la recuperación de la economía mundial para hundirla en una recesión de doble caída a fines de 2010 o en 2011.
No tiene que suceder. Pero parece cada vez más probable, a menos que se diseñe una clara estrategia de salida del masivo estímulo monetario y fiscal, incluso antes de que sea implementado, cuando se logre una recuperación global más sostenida.
La recesión no está a punto de terminar, con una tasa de desempleo aún aumentando y los precios de las viviendas cayendo: la contracción tiene por delante al menos cinco meses y tal vez un poco más. El crecimiento que se logrará cuando termine la recesión tendrá forma de «U», es decir, será un crecimiento que se mantendrá débil durante un período prolongado.
La economía de Estados Unidos probablemente crezca cerca del 1% en los próximos dos años, por debajo de su nivel de tendencia del 3%, por la debilidad de la demanda final, ya que las instituciones financieras siguen altamente apalancadas y limitan el crecimiento del crédito, y los hogares y las empresas endeudados reducen su consumo y gasto de capital.
Esta debilidad del crecimiento prepara el terreno para una segunda etapa de «bajada», de regreso a la recesión, si los precios del petróleo suben demasiado rápido y los rendimientos de los bonos de largo plazo siguen aumentando, en un contexto de la debilidad de la demanda. Ésta sería la recesión en forma de «W», que los mercados parecen haber olvidado.
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