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La reforma de la salud, cada vez más complicada
La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, admitió ayer que no cuenta con los votos suficientes para aprobar sin más trámite la reforma sanitaria.
El martes, el republicano Scott Brown venció a la demócrata Martha Coakley y se quedó con la banca senatorial por Massachusetts que había dejado vacante el histórico Ted Kennedy, fallecido en agosto pasado por un cáncer cerebral. Esta derrota significó para el Gobierno de Barack Obama el fin de la «supermayoría» (60 escaños sobre un total de 100) con la que los demócratas podían impedir que la oposición bloqueara la votación de cualquier proyecto de ley.
Ambas cámaras aún deben armonizar las versiones de la reforma de salud que cada una ha aprobado. Así, el voto positivo de los diputados de la versión del Senado era para muchos oficialistas un atajo para zanjar la cuestión eludiendo la posibilidad de veto que han logrado los republicanos en la Cámara alta.
«No veo los votos para eso», admitió Pelosi a los periodistas, y agregó que los líderes demócratas en el Congreso se tomarían un tiempo para determinar los próximos pasos en la reforma de salud. Con todo, intentó despejar el pesimismo al afirmar que el oficialismo sigue decidido a aprobar la ley este año.
«En su forma actual, sin ningún cambio, no creo que sea posible aprobar el proyecto del Senado en la Cámara de Representantes», agregó Pelosi.
Algunos dirigentes demócratas objetaron varias partes de la ley aprobada por la Cámara alta, como un impuesto a los planes de seguro más costosos o una política menos restrictiva en el uso de fondos federales para cubrir abortos.
Ahora los demócratas cuentan con opciones limitadas para impulsar la reforma al sistema de salud -la mayor prioridad en la agenda gubernamental del mandatario norteamericano- sin la supermayoría de 60 votos en el Senado, y han estado divididos sobre los pasos a tomar.
Pelosi dijo que «todo está sobre la mesa», pero que los líderes del Congreso harían una pausa para evaluar el camino correcto. «No estamos apurados», indicó Pelosi, obligada por las circunstancias.
Con las elecciones legislativas de noviembre en el horizonte, los demócratas están ansiosos por virar la atención hacia propuestas para crear empleos e impulsar la economía, y dejar de hablar de la reforma al sistema de salud, que según los sondeos es impopular entre la opinión pública.
«Hay una fuerte visión en ambos lados de que queremos cosas buenas en el sistema de salud, y la pregunta es: ¿cuánto costará y cuán rápido (se pueden lograr las reformas)?», dijo el senador demócrata Chuck Schumer a periodistas. «No creo que queramos estar hablando del sistema de salud durante los próximos tres meses», agregó.
Otras opciones incluyen la presentación conjunta de una reforma atenuada y usar un procedimiento parlamentario llamado reconciliación en algunos elementos clave de la legislación.
Este proceso requiere una mayoría simple de 51 votos en el Senado, que los demócratas poseen, pero está limitado a temas con un impacto en el Presupuesto.
Según la Casa Blanca, Obama aún prefiere una reforma de salud integral, si bien el miércoles había dejado abierta la posibilidad de que, ante las presiones políticas, los demócratas se vean forzados a aprobar una reforma menos ambiciosa.
En ese sentido, durante su conferencia de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, indicó ayer que «el presidente Obama cree que lo mejor que se puede hacer es darle (a la reforma) algún tiempo, dejar que se calmen las aguas y examinar cuál es el mejor camino a seguir».
Las declaraciones de ayer surgieron en momentos en que en paralelo Brown se reunía con los principales líderes republicanos del Senado para analizar el panorama político actual.
Los republicanos ahora presionan para que Brown jure el cargo lo más pronto posible, aunque los demócratas indicaron que permitirán ese trámite cuando se certifiquen los resultados de los comicios.
Agencias EFE y Reuters

