18 de julio 2018 - 23:02

"La religión ofrece posibilidades literarias"

DIÁLOGO CON MARCELO PASTARINO SOBRE SU LIBRO “NÚMEROS INMENSOS” - Antes publicó la novela histórica “Confesiones de un esclavo”.

Multifacético. El autor es contador, estudió filosofía, trabajó 30 años en un banco, ahora tiene un callcenter y escribe cuentos.
Multifacético. El autor es contador, estudió filosofía, trabajó 30 años en un banco, ahora tiene un callcenter y escribe cuentos.
"Elegí los cuentos que más me gustan de los que escribí en los últimos 30 años, y que fueron pausas creadoras al mundo de las finanzas", comenta Marcelo Pastarino sobre "Números inmensos" (Paradiso). Pastorino es contador público (UBA), estudió Filosofía en Birbeck College de Londres y en la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico (Sadaf) con el doctor Eduardo Rabossi. Fue ejecutivo del desaparecido Banco de Boston en el país, en Uruguay, en Inglaterra y en Italia. Desde hace 8 años está en Lima, Perú, como empresario, tiene un callcenter internacional. Publicó la novela histórica "Confesiones de un esclavo" y la dramática "A la sombra del Vaticano". Dialogamos con él.

Periodista: En los 13 cuentos de "Números inmensos" usted asume diversas voces de un hombre, o una mujer, unos muchachos, que relatan una historia, pero en el que abre el libro quién cuenta es Dios, ¿no le pareció demasiado?

Marcelo Pestarino: Ese cuento, "La Alianza", se me ocurrió leyendo los libros de Éxodo y Deuteronomio. Haciendo una interpretación agnóstica de las Tablas de la Ley, los Mandamientos son meras reglas de convivencia. En su lecho de muerte Moisés le confía a su hijo Gershom que todo eso lo inventó él para que pudieran sobrevivir en el desierto. Y le pide que haga saber la verdad, pero Gershom no obedece, no tiene la fuerza para enfrentar la ilusión de los pueblos. Y es ahí que aparece Dios decidido a contar esa verdad a través de un labriego analfabeto de Honduras. Me gustó ese giro provocador además de literario.

P.: El tema religioso, que está también en su novela "A la sombra del Vaticano", aparece en otros relatos.

M.P.: Si bien estudié en un colegio católico, son juegos de un ateo. Cuando hice un aporte al libro "El joven Cortázar", que dirigió Nicolás Cócaro, que en ese tiempo era el director cultural del banco en el que yo trabajaba, lo firmé como Pío Clementi, y no soy ni pio ni clemente. La religión ofrece posibilidades literarias. Da al lector la posibilidad de decirse si creo en esto también puedo creer en esta historia. Adopta esa misteriosa actitud que permite suspender el descreimiento. Si en el cuento "Números inmensos" que parte de la posibilidad de armar digitalmente cerebros, por ejemplo el de Shakespeare y tener así las obras que pensó escribir, diera una fórmula matemática el lector dejaría de interesarse, en cambio diciendo que se usaron "números inmensos" se impulsa a creer en algo indescriptible. Estoy haciendo la reconstrucción racional de un proceso narrativo casi impulsivo, que se continúa en sucesivas correcciones, y en, a veces, descubrir finalmente qué es lo que realmente se está contando.

P.: "Números inmensos" es del orden de la literatura fantástica.

M.P.: Del mismo orden que los que remiten a la religión, a la mitología bíblica y "Número inmensos" bordea la ciencia ficción y las investigaciones de la neurociencia. En "No hay más tiempo" se especula sobre la desaparición del tiempo porque no hay más cambios. Y en "Bérgamo" está la fusión a través del tiempo. Un muchacho y una chica que se conocieron en el colegio, que hicieron la facultad juntos, que tienen padres que provienen de la misma provincia italiana, le han hablado tanto de esa geografía gloriosa que planean una visita a la tierra de sus mayores. Comienzan a compartirse lo que saben. Han leído mucho, manuales y guías, tienen detalles minuciosos, circunstancias históricas, la Piazza Vecchia, la taberna Scolari. Y, de pronto, mirá hay un tipo que se llama igual que vos. Y ahí es el trance, el ya estar, la identificación. Y es la guerra entre la República de Venecia y la de Milano. Whitehead, filósofo y matemático, decía que puede ser que el lenguaje se refiera a la realidad o que la realidad se haya plasmado después de haber sido leída, de haber sido lenguaje. En la medida de la identificación con esa Italia que quedó como una novia inolvidable, tantas veces contada por abuelos y padres, que es algo que mamé de chico, ese es un relato casi autobiográfico.

P.: ¿Cómo le aparecen las "historias de amor"?

M.P.: Que son bastantes. Ahí están "Compromiso masculino", "Compromiso femenino". Surgen, por lo general, de distorsiones de la realidad. Me ocurre una pequeñísima cosa que me da materia para un cuento. Por ejemplo, confundir el nombre de una persona. En "La puerta" una mujer confunde el nombre del marido porque lo había engañado con el mencionado. Me gustó haber puesto como final: para la verdad siempre hay tiempo. En "Marisa", en cambio, viendo que el tiempo se acaba, se elige saber y padecer un desengaño.

P.: Moraleja: "hay incertidumbres que son más fecundas que la verdad".

M.P.: "Marisa" pertenece a "La muerte en la plaza", libro que publiqué con seudónimo en Uruguay, donde estaba trabajando hace 30 años. Hoy considero que fueron borradores. Si apareció con seudónimo es porque pensé: todavía no está listo, pero oigamos qué pasa. Como "Marisa" valía lo reescribí enteramente, algo que me pasó con algún otro. Al crítico y escritor Rodolfo Fattoruso, que era editor cultural de Búsqueda, una especie de Ámbito Financiero del Uruguay, le gustó y no solo lo publicó sino que además escribió una nota elogiosa.

P.: ¿Trabaja en un nuevo libro?

M.P.: Hace unos 20 años Roberto Alifano, que tenía un programa sobre literatura en Radio Nacional me invitó a hablar sobre autores latinos. Preparé unos ensayitos, sin ser especialista en el tema, por puro gusto. Ahora quiero publicarlos, son sobre Ovidio, Propercio, Tito Livio, Virgilio, Tibulo, Marcial, Juvenal, y algunos más.

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