La resolución contra las colonias, mucho más que acto simbólico

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ENTRAÑA COMPLICACIONES FUTURAS FUERTES PARA EL ESTADO JUDÍO Y CONSOLIDA EL CONSENSO SOBRE SU ILEGALIDAD - La furiosa reacción del Gobierno de Netanyahu evidencia la dureza del revés diplomático que sufrió.

Una amplia línea de análisis sobre la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que el último viernes 23 condenó la colonización israelí de territorios palestinos como ilegal y atentatoria contra la solución de "dos Estados", ha apuntado a su carácter inocuo y simbólico, carente de efectos prácticos.

Esto es así porque se la enmarcó en el Capítulo VI de la Carta de la organización, que sólo permite emitir textos de recomendación, al revés del Capítulo VII, que se usa para la imposición de medidas coercitivas. Pero si eso es así, ¿qué explica la enfurecida reacción del Gobierno de Benjamín Netanyahu al texto adoptado por catorce votos a cero gracias a la histórica abstención de Estados Unidos? Acaso, más que de un hecho "simbólico" haya que hablar de uno sin efectos prácticos inmediatos pero de implicancias potenciales muy importantes.

"En Israel hemos repetido en múltiples oportunidades que la solución de 'dos Estados' es el horizonte que visualizamos y con el cual aspiramos poner fin al conflicto. Consideramos que el diálogo entre las partes, sin la intervención de actores externos, es el camino idóneo para la prosecución de una paz legítima y sostenible. Auguramos que nuestros aliados puedan acompañarnos tanto en el escenario bilateral y el multilateral, en la prosecución de esta compleja tarea", le dijo Ilan Sztulman, embajador de Israel en la Argentina, a Ámbito Financiero.

Más allá de la postura diplomática expresada por Sztulman, la reacción de su Gobierno incluyó una denuncia de que la ONU tiene una inclinación antiisraelí; la suspensión de los debidos aportes económicos a organismos dependientes de la misma; durísimas acusaciones a Barack Obama, a quien ubicó al frente de un complot internacional urdido con Egipto; el congelamiento de relaciones con los países que votaron la resolución; y, se espera desde hoy, una ratificación de la política de colonización con nuevas autorizaciones para construir.

Husni Abdel Wahed, embajador de Palestina en Argentina, le dijo a este diario que la decisión de la ONU "es importante porque la política de Israel en lo referente a la construcción de asentamientos en los territorios palestinos ocupados significa un permanente atentado a la solución de dos Estados. Por ello la comunidad internacional, incluido su protector y aliado incondicional, que es Estados Unidos, harta del chantaje del Gobierno fundamentalista de Netanyahu, envió un mensaje sobre la necesidad de preservar la vía de una solución pacífica", agregó. Según el diplomático, si las colonias israelíes siguen comiendo el territorio palestino, "la alternativa sería un solo Estado con dos sistemas: democracia para los judíos y apartheid para los palestinos".

La 2334 no es la primera resolución del Consejo de Seguridad que establece la ilegalidad de la colonización de territorios capturados por la fuerza, algo prohibido por la Cuarta Convención de Ginebra. Por otro lado, se pudo adoptar gracias a que Obama está de salida, a que las elecciones ya pasaron y a que la decisión de no aplicar el derecho de veto para proteger a Israel no implicará para los demócratas una pérdida de votos judíos ni, acaso tan importante como eso, de donaciones. El tiempo ya curará las heridas.

Pero no puede minimizarse el hecho de que el saliente se haya animado a quebrar un tabú de más de 36 años, puntualmente desde la abstención estadounidense del 1 de marzo de 1980, que permitió alumbrar la Resolución 465. El tabú es, justamente, el carácter de intocable de un "lobby" judío que entiende el interés de Israel en términos reñidos con la legalidad internacional.

Lejos de ser inocua, la nueva condena consolida el consenso internacional de que el trasplante de población a un territorio conquistado por la fuerza es ilegal (algo que debería leer muy atentamente la Argentina, si alguna vez quiere llegar a negociar en serio sobre Malvinas). Asimismo, al diferenciar lo que es el territorio israelí legítimo del que no lo es, refuerza los movimientos internacionales en pos de un boicot a los productos agrícolas e industriales provenientes de los asentamientos y la posibilidad de que la Unión Europea pase de etiquetar su procedencia para información de los consumidores a medidas más contundentes.

Asimismo, refuerza el caso que se sigue con carácter preliminar en la Corte Penal Internacional de La Haya, con el que Palestina pretende llevar a juicio a responsables israelíes por, entre otros motivos, las actividades de colonización.

Se ha dicho que todo será diferente cuando Donald Trump asuma el 20 de enero. Es posible que lo intente, pero la pretensión israelí de que una nueva resolución anule lo efectos de la 2334 es impracticable, aun cuando el futuro presidente de Estados Unidos pretenda encarar esa quijotada. Sí estará a su alcance cumplir con su promesa de trasladar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, algo que avalaría la anexión del sector oriental de esa ciudad por parte de Israel. Recordemos que ninguno de los presidentes estadounidenses, incluso los más proisraelíes, se atrevió a eso en los últimos veinte años, para lo que fueron dejando permanentemente en suspenso una votación del Congreso en ese sentido.

La justificación retórica, ya que es imposible calificarla de jurídica, para construir colonias es que se lo hace en un lugar donde ninguna parte ejerce soberanía, en territorios políticamente "vacíos". Pero es clamoroso que Cisjordania, donde ya están implantadas unas 400.000 personas, y Jerusalén oriental, con otras 200.000, son zonas reclamadas por la Autoridad Palestina para la construcción de su Estado. No hay allí ningún vacío.

Si el uso abyecto del terrorismo contra civiles es el rasgo más deplorable del modo en que varios grupos palestinos entienden la resistencia, la colonización es el más indefendible de la política israelí.

Netanyahu se irrita cada vez que la comunidad internacional alude a las fronteras de 1967 como base para una solución de dos Estados, alegando que el mundo es hipócrita por no admitir la existencia de "nuevas realidades demográficas". Lo que el mundo le dice es que deje de crearlas cada día.

Su Gobierno vincula inexorablemente su visión particular de Israel, que incluye la colonización, con el interés del Estado y, de modo más atrevido aún, con la del pueblo judío. Eso no es cierto. Son legión los judíos en todo el mundo que deploran ese curso de acción y que no aceptan que la felicidad propia deba fundarse en la desgracia eterna del prójimo.

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