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La Rioja: herramientas para lograr mayores precios
El caso de esta provincia del NOA, donde le encontraron la vuelta con sistemas de producción intensiva, cerrados y multiproducto. Pesa el costo de los fletes y piden mayores reintegros a las exportaciones.
Diferencial. Las uvas blancas totalizan el 50% de los viñedos (mayoritariamente Torrontés), pero también hay viñedos para tintos como Bonarda, Malbec, Syrah o Cabernet.
A pesar de la situación global, los proyectos siguen adelante y el reciente lanzamiento de la Ruta del Torrontés Riojano es un claro ejemplo, ya que en el participan 19 bodegas (algunas cooperativas), que abarcan casi 7.500 hectáreas de cultivo (muchos campos son compartidos con plantaciones de olivos). Varios establecimientos, además de la modernización industrial impuesta, cuentan con instalaciones turísticas en las que se impone lo regional, desde la comida, hasta tejidos, ropa y música.
La idea, naturalmente cobró más fuerza a partir de 1987, cuando un torrentés riojano, el Nacarí esmerilado, ganó el oro en la tradicional muestra de Burdeos, Francia, como "el mejor vino del mundo", lo que también impactó en las posibilidades de toda la región, y corroboró la importancia que las marcas, denominaciones de origen, certificaciones internacionales, trazabilidad y otras herramientas tienen a la hora de poder colocar productos. De hecho hoy los vinos de la región ya se están exportando a mercados como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania y Suecia, algunos de ellos interesados también en ampliar estas producciones locales.
A partir de un cruzamiento natural original en la época de la Colonia, entre la uva negra y la Moscatel de Alejandría, surgió el torrontés riojano, que los jesuitas comenzaron a difundir por toda la región. Desde ahí a este presente de alta especialización en viñedos de altura, con reconocimiento y certificación internacional (que incluye más de 700 hectáreas de vides orgánicas) hay mucha distancia, pero también una idea clara que se extrapola a los restantes clusters, y también a otras actividades, como los "vinos de autor", elaborados por 12 productores o, en otro extremo, los bonos verdes conseguidos por la producción de 24 aerogeneradores ya instalados.
En todos los casos se trata de alternativas de varios pasos y con inversiones que para la vid, implican entre u$s12-15.000 por hectárea de implantación, más la parte industrial de bodega, y la turística, en el caso de que la incluya.
Por supuesto que los productos emblema son seguidos por todos los restantes. Y si bien las uvas blancas totalizan el 50% de los viñedos (mayoritariamente para Torrontés, que lidera la franja de otros vinos claros como los Chardonnay), también hay otro tanto de viñedos para tintos como Bonarda estupendos, Malbec, Syrah o Cabernet Sauvignon, además de los espumantes.
Los mismo ocurre con las aceitunas y los aceites de oliva, o la producción nogalera, cada vez más diferenciada, a pesar de los costos que implica "hacer productos" vs "los graneles".
De ahí que no sorprenda que en este cluster que incluye a la nueva Ruta Alimentaria del Torrontés Riojano, además de los productores y empresarios de los distintos rubros, también se involucran varios organismos oficiales (vía financiación, apoyo técnico, etc.), desde el CFI (Consejo Federal de Inversiones), hasta los municipios y los ministerios de Planeamiento, y el de la Producción, todos apostando a un modelo con más proceso y agregación de valor, que se debería replicar en otras regiones y productos.

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