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La Scala desafía el invierno con la “Aída” de 1963
Una imagen de la «Aída» de Giuseppe Verdi, en la histórica puesta de Franco Zeffirelli que la próxima semana regresa al escenario de La Scala de Milán.
Eectivamente, después de la magistral apertura de la temporada con el «Don Giovanni» firmado por Barenboim/Carsen y de los «Cuentos de Hoffmann» también bajo la régie del canadiense, y mientras en su escenario se puede disfrutar del delicioso ballet «Excelsior», la casa de ópera prepara para el martes próximo el retorno de «Aída» de Giuseppe Verdi, en la histórica puesta de Franco Zeffirelli vista por primera vez en 1963.
Ambito Financiero pudo presenciar de cerca, semanas atrás, parte de los preparativos para esta reposición en el Laboratorio Ansaldo, el monumental complejo donde se fabrica desde el más delicado detalle de vestuario hasta la más sólida estructura escénica. En los 20.000 metros cuadrados de superficie de esta ex fábrica, hoy verdadera usina teatral, se puede encontrar también un acervo de 60.000 trajes perfectamente inventariados, entre ellos los de Lila de Nobili que integran esta recordada «Aída».
La puesta de Zeffirelli, el gran régisseur y cineasta florentino que festejará dos días antes del estreno sus 91 años, es una de las joyas de la historia de La Scala, y es absolutamente incomparable en su monumentalidad y en el rigor de la reconstrucción del Egipto evocado por Verdi según el argumento del especialista Auguste Mariette.
El guía de este diario en el recorrido, el pianista argentino Roberto Curbelo (quien trabaja como maestro interno en La Scala desde hace 26 años), resalta el hecho de que ninguna pieza de esta producción es igual a la de al lado. Ese aspecto «irrepetible» de cada elemento es cuidadosamente tenido en cuenta por los artesanos encargados de acondicionar desde la barca de Amneris y las grandes esfinges hasta las plumas de pavo real que acariciarán el aire en la mítica sala.
Un rigor no menor se aplica a lo musical: el gran cast de solistas reunido para esta ocasión trabaja cada línea de la partitura verdiana en detalle, bajo la guía del director musical, Omer Meir Wellber, y del asistente de Zeffirelli desde hace varias décadas. Las encargadas de dar vida a la esclava etíope serán Oksana Dyka (a quien el Colón pudo ver en ese rol cuando los cuerpos estables de La Scala interpretaron allí esa obra a las órdenes de Barenboim en el 2010) y Liudmyla Monastyrska; el guerrero Radamés tendrá la voz de Jorge De León y Stuart Neill, Marianne Cornetti y Luciana DIntino serán Amneris, Riccardo Zanellato y Giacomo Prestia Ramfis, y Andrzej Dobber y Ambrogio Maestri Amonasro. El responsable de la coreografía es otro de los lujos de esta versión: el destacado bailarín y coreógrafo ruso Vladimir Vasiliev.
La magia de aquel Egipto reescrito a fines del XIX, su sol rajante y sus pasiones en pugna habitarán así hasta el 10 de marzo el rojo y el dorado de la sala de Piermarini. La sombra de Verdi sonreirá feliz desde un palco, como lo hizo hace 140 años al recibir en ese mismo lugar la bienvenida triunfal que daba Europa a una de sus óperas más amadas.


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