Es una de esas historias que, contadas, parecen demasiado simples y sencillas, pero que al ser transitadas llevan a reflexiones y hasta conmueven. Cuando Nora, la mujer del doctor en física narrador de esta historia, comienza a tener problemas con su embarazo, pasa a ser "como de la familia" una empleada doméstica de unos sesenta años, humilde, viuda algo maniática, que había sido la "por horas" del padre de Nora: la Señora A. "Fue su propensión a cuidar de los demás, casi religiosa (o quizá tristemente accidental, la que la condujo hasta nosotros en un principio", recuerda el físico cuántico, especie de alter ego del autor que ha confesado que su relato lo construyó a partir de una niñera de su infancia mezclándola con un personaje de Flaubert.
La Señora A. pasará con la pareja ocho años, será cocinera, criada, niñera y maestra de Emanuele, y concejera sentimental que ayudara a superar los desencuentros de la pareja. A la Señora A. la llamarán Babette, como aquella criada y cocinera de dos ancianas solteronas que, según el cuento de Karen Blixen, cuando gana la lotería gasta el dinero ofreciendo una fiesta al pueblo. En cine se llamó "La fiesta de Babette" y fue una película danesa ganadora del Oscar a mejor película extranjera. Cuando le explican a la Señora A. porque la llaman Babette se cubre con el delantal para no descubrir su emoción, porque ella es dura, terca, anticuada, conservadora, y la madraza que parece necesitar esa pareja moderna libre de prejuicios y tabúes, o por lo menos que se considera así. Un día la Señora A. enferma de cáncer y poco después muere, y la familia feliz deja de serlo, se asoma a un irrefrenable abismo de conflictos. El narrador se pregunta: "¿quién éramos nosotros para la Señora A.? Los dueños de la casa donde trabajaba, no mucho más. La muerte recompone los papeles según un orden de importancia formal, zurce al instante los desgarrones de las reglas afectivas que uno se ha permitido en la vida, y poco importaba que Emanuele fuera más parecido a un nieto para la señora S., o que a nosotros, a Nora y a mí, nos gustara considerarnos sus hijos adoptivos. No lo éramos". Nora y su marido son padres que no han dejado de ser hijos, que sobrellevan una orfandad emocional que es parte del clima de la época. Se encuentran perdidos frente a tantas libertades. Viven en una sociedad donde las familias son una convivencia de aceptadas individualidades.
"Como de la familia", cuyo título original es "El negro y el plata", melancolía y frialdad, lo que muere y lo valioso que conduce a otro lado como un metal, puede ser vista también como el crecimiento de una relación de dependencia, acaso la contracara sentimental de "El sirviente", la extraordinaria nouvelle de Robin Mugham que Joseph Losey llevó al cine en la adaptación de Harold Pinter. A Paolo Giordano no pareciera interesarle el lado perverso del comportamiento humano, sino que siguiendo las enseñanzas de su admirado David Foster Wallace va desde lo atormentado (o lo desconsideradamente feliz) al encuentro con lo moral. Su exploración de las conductas humanas tuvo un fulgurante comienzo cuando a los 26 años este doctor en Física Cuántica publicó "La soledad de los números primos", estremecedora novela de formación de un muchacho y una chica que fueron traumados en la infancia y que si bien se rozan no llegan a poder unirse. Con ese libro Paolo Giordano ganó incontables premios, fue traducido a 27 idiomas y ha conquistado a más de diez millones de lectores. La versión cinematográfica dirigida por Saverio Costanzo se puede ver por YouTube. Desde aquel extraordinario éxito publicado en 2008, Giordano ha confesado que lucha contra "la presión de escribir algo que esté a la altura". Lo consigue con la prosa prolija, contenida, de éste libro, que se vuelve dramáticamente científica al hablar del cáncer de la Señora A., al poner frente a la fragilidad de la existencia (tema que trató en se segunda novela "El cuerpo humano"), pero que es capaz de conseguir sonrisas del lector con situaciones marcadamente italianas como las que surgen de las diferencias sociales por conducta y palabras, o alcanzar lo conmovedoramente sentimental cuando la moribunda Señora A. le dice a Nora "No llores, durante un tiempo nos hicimos compañía", o cuando Emanuelle abrazado a la tumba llama a la falsa Babette por su verdadero nombre. Lo logra con exploraciones como las de "Como de la familia", que son camafeos con destellos iluminadores.
| M.S. |



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