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La técnica del collage por artistas de altísimo nivel
Además de obras individuales, Kirin, Lecuona, Sclavo, Arnaiz y Stupía realizaron collages colectivos y un «cadáver exquisito». También hay obras de Kemble, Estrada, Liliana Porter, Pat Andrea y Sean Mackaouni.
La obra de Carlos Arnaiz remite a formas de la naturaleza que van fagocitando el espacio; de Kenneth Kemble (1923-1998) que comenzó una serie de collages hacia 1956, se seleccionaron aquellas en las que utilizaba arpilleras entre otros materiales. Adolfo Estrada tiene una elaborada imagen de carácter constructivista; Juan Lecuona utiliza, a fines de los 80 y comienzos de los 90, alfombra, pigmentos, esmalte, papel, que van a desembocar en sus famosos «moldes» con los que marca una etapa muy significativa por lo evocadora en su quehacer .
Este año Jorge Mara presentó la obra del brasileño Macaparana, que con sus diminutos cortes de papel e incisiones sorprendió por su trabajo obsesivo y minucioso, que en cierta forma tiene puntos de contacto con la del uruguayo Fidel Sclavo, quien cala el papel quirúrgicamente.
Por fin vemos obra de Kirin, artista oculto, autor de una obra en la que convergen la poesía y la alquimia y que se inicia anclada en el surrealismo. Lo mínimo de lo mínimo, en Liliana Porter deviene en máxima elocuencia. Pat Andrea y su dislocada imagen; Eduardo Stupía propone una cascada de papeles recortados, algo lejos de su intrincada gestualidad orientalista; y la impoluta perfección desestabilizadora de Sean Mackaouni, artista de origen anglolibanés nacido en Lausana en 1969, que además del cutre, el spray y las tijeras, utiliza el humor.
Los dadaístas y cubistas intuyeron que el collage era uno de los descubrimientos más revolucionarios que atentaba contra los sacrosantos valores del arte vigente, confirmaban que la obra de arte era un artificio, un «corte y pega» y que no era la creación inspirada de un genio. En su ensayo de 1930, «El Desafío a la Pintura», Louis Aragon decía que «esta técnica sustituye un arte envilecido por una forma de expresión de una fuerza y un alcance desconocidos»; «pone en cuestión la personalidad, el talento, la propiedad artística y muchas otras ideas que calentaban sin desconfianza sus pies tranquilos en cerebros cretinizados». Lenguaje que ningún crítico se animaría a emplear actualmente, apagados ya todos esos hechos y discusiones revolucionarias en materia de estética. Los artistas pueden expresarse con total libertad y con una gran variedad de medios simultáneamente.
Pero la muestra también tiene una sorpresa para estos tiempos: Kirin, Lecuona, Sclavo, Arnaiz y Stupía realizaron collages de manera colectiva y un «cadáver exquisito», expresión nacida en la casa del N° 54 de la rue du Chateau donde se alojaron, entre otros, Jacques Prevert, Ives Tanguy y André Breton, que señaló que allí reinaba el inconformismo absoluto, la falta de respeto y el mejor humor, además del Chateau-Yquem y otros vinos. Así comenzaban los juegos, entre el dibujo y el sistema del doblado y tapado de papelitos. Según el Diccionario Abreviado del Surrealismo, es un juego de papel doblado que consiste en hacer componer una frase o un dibujo a varias personas sin que ninguna de ellas pueda aprovecharse de la colaboración o de las colaboraciones precedentes. El ejemplo que dio su nombre al juego proviene de la frase que se obtuvo de esta manera: El cadáver-exquisito-beberá-el vino-nuevo.
No sabemos cuánto Malbec puede haber circulado entre estos cinco artistas pero el resultado es para «regardeurs», término inventado por Duchamp. Propone mirar, estudiar, comparar, reflexionar. Es para aquellos que miran de manera crítica y subjetiva lo que se les propone. El «cadáver exquisito» merece ser considerado como un arte en estado de desarrollo progresivo en la medida que trabaja sobre lo oculto.
A manera de catálogo hay un video en www.jorgemaralaruche.com.ar/collages.html que registra la acción conjunta de estos artistas.


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