21 de enero 2009 - 00:00

La tensa y amarga despedida de Bush

George W. Bush y su esposa Laura abandonaron ayer Washington en un helicóptero oficial. Laspolémicas de su administración dejan paso ahora a nuevas maneras de enfrentar los desafíos de los Estados Unidos.
George W. Bush y su esposa Laura abandonaron ayer Washington en un helicóptero oficial. Las polémicas de su administración dejan paso ahora a nuevas maneras de enfrentar los desafíos de los Estados Unidos.
Washington - Sonriendo suavemente y con semblante calmado y relajado, el ahora ex presidente George W. Bush abandonó ayer Washington DC en helicóptero junto con su mujer, Laura, rumbo a la base militar Andrews, desde donde partiría hacia su rancho en Texas.
El nuevo presidente, Barack Obama, y la primera dama, Michelle, acompañaron a los Bush hasta el aparato y se despidieron con abrazos y besos. Luego, los Obama y el vicepresidente Joe Biden y su mujer, Jill, contemplaron desde las escalinatas del Capitolio la marcha del ex presidente, que deja atrás ocho años de mandato con dos guerras sin resolver, en Irak y Afganistán, y la peor crisis económica después de la Gran Depresión.
Para Bush, que defiende su política argumentando que hizo lo que creyó «correcto», no fue un adiós dulce. En el metro de Wa-shington, inmersa en el ambiente festivo que vive la ciudad estos días, se podía escuchar a la gente cantar «Good bye Bush, Good bye Bush».
Bush, que dedicó el lunes su último día en la Casa Blanca a despedirse por teléfono de una docena de líderes mundiales, recibió una agria despedida por parte de algunos manifestantes que, delante de la Casa Blanca, se dedicaron a lanzar zapatos a la residencia presidencial como forma de crítica a la gestión del líder republicano. Un acto hecho en honor al ya histórico incidente en Bagdad en el que un periodista iraquí lanzó en una rueda de prensa sus zapatos, la peor humillación que se puede infligir a alguien según la cultura árabe.
Bush, que empezó ayer su última breve jornada como presidente celebrando el tradicional café con el nuevo inquilino de la Casa Blanca, mostró durante la ceremonia de investidura una cara contraída y marcada por una media sonrisa que no abandonó su rostro en ningún momento.
Ante su inminente partida, se pudo ver a Bush caminando de manera marcadamente pausada hacia la zona del Capitolio donde unos minutos después Obama iba a relevarlo oficialmente en el cargo. Los megáfonos anunciaban quiénes iban llegando al escenario, entre ellos varios ex presidentes, como Bill Clinton, quien llegó con su mujer y secretaria de Estado designada, Hillary Clinton.
Bush, quien se retiró con altas cuotas de impopularidad, fue recibido fríamente por parte de los dos millones de personas que no quisieron perderse la ceremonia en directo. Un recibimiento bien diferente al que tuvieron los Clinton, que, al llegar al Capitolio, fueron acogidos por fuertes aplausos y vítores.
«Nosotros los criticamos pero también sabemos reconocer que son los líderes elegidos», señaló sobre la calurosa acogida uno de los comentaristas del canal de televisión conservador Fox News.
Minutos después que dejara de ser presidente, Bush tomaba el helicóptero llamado antes Marine One, nombre reservado sólo para los presidentes. Ahora, como apuntaban los canales de televisión, el aparato militar pasó a llamarse Executive One.
Era el primer trayecto de vuelta hacia su casa en Texas, donde empezará una nueva vida dedicada a la fundación de su biblioteca y a escribir un libro sobre su experiencia política.

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