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La ‘‘Tigresa’’ pega el salto del Luna Park al Congreso nacional
Los brazos en alto, el gesto triunfante de la «Tigresa» Acuña. Una imagen que se repitió a lo largo de una vasta y exitosa carrera como boxeadora.
A esa temprana edad fue a practicar a un gimnasio ubicado a una cuadra de su casa que pertenecía a Ramón Chaparro, con el que después tendría una historia de amor precoz que se fue solidificando con el tiempo hasta convertirse en su esposo, con el que tuvo dos hijos. La «Tigresa», como la bautizó Chaparro por lo aguerrida, a los 12 era cinturón negro y a los 14, campeona sudamericana. Las chicas no querían pelear con ella. No tenía rivales y hasta los varones se acobardaban al verla. «A los 19 años vi a Christy Martin boxear por tele y me dije: Yo quiero hacer eso, yo quiero ser boxeadora». Para ese entonces -mediados de los años noventa-, la estadounidense Martin era la diosa del box, muñequita del célebre mánager Don King y futura tapa de la revista Sports Illustrated.
Así fue como la «Tigresa» empezó a entrenarse para boxear. Al año vino a la Argentina Christy Martin para promocionar el boxeo femenino, y Marcela Acuña viajó desde Formosa hasta Buenos Aires sólo para sacarse una foto con su ídola.
En su periplo por Buenos Aires, Martin pasó por distintos programas de televisión y en uno de esos, la producción había invitado a la «Tigresa» para hacer una exhibición. Todo comenzó como una exhibición, pero cuando la primera mano de Martin entró a pleno, la «Tigresa» reaccionó y a partir de ahí comenzaron a pegarse de verdad.
De ahí, surgió el real combate con Christy Martin. Como el boxeo femenino no estaba reglamentado en la Argentina, tuvo que viajar en 1997 a Miami para enfrentarse con su ídola que, a esa altura de su carrera, acumulaba 30 peleas, 28 ganadas por nocaut. Marcela perdió contra Christy Martin por puntos.
«Fue mi pelea más difícil: tenía a todo un país en contra. Pero más que nada tuve que luchar contra el machismo argentino, la gente que no aceptaba que una mujer boxease, el periodismo que decía que estábamos locos, que Ramón (su marido y entrenador) me llevaba al matadero».
Después peleó contra otra grande como Lucía Rijker y también perdió, pero por nocaut, en el quinto round. Sin embargo, la «Tigresa» había peleado con las mejores del mundo, pero no podía boxear en su propio país. Y hasta no encontraba un gimnasio para entrenar. «Nadie me quería dar un espacio para entrenar, no me querían dar sparrings. Lo peor es que me ponían excusas o me tiraban a matar...».
Llegó a hablar con el presidente de la Federación Argentina de Box, Osvaldo Bisbal, y recibió la misma contestación: «En este momento no se puede reglamentar el boxeo femenino». Hasta que el 24 de marzo de 2001, después de tanto insistir y luchar, la «Tigresa» conseguía lo que tanto buscó: la reglamentación de un deporte que, gracias a ella, rompió el tabú machista para convertirse en muchos casos en la atracción de las veladas boxísticas.
Cuelga los guantes en la banca
«La melancolía la voy a tener siempre porque el boxeo para mí es una pasión, pero ya tomé una decisión: colgué los guantes». La última pelea de la «Tigresa» fue el 20 de agosto del año pasado cuando, en Formosa, venció a la brasileña Rosselete Dos Santos. Iba a realizar otro combate en diciembre pasado, que significaba su despedida del boxeo, pero tuvo un inconveniente y debió cancelarla. Ahora, los compromisos adquiridos no le permiten si siquiera entrenar.
Es que esta formoseña es concejal justicialista del partido de Tres de Febrero y ahora quiere seguir defendiendo al Gobierno que encabeza Cristina de Kirchner desde la Cámara de Diputados de la Nación. Dice que si bien le atrapa la imagen de Cristina, ella es peronista de cuna. «Mi abuelo fue el primer presidente del Partido Justicialista de Formosa, mi padre militó toda su vida, y Ramón también ha trabajado siempre muy de cerca con gobernadores y diputados de Formosa. La política siempre me llegó y estuvo muy cerca de mí».
Marcela Acuña sabía que la carrera deportiva termina entre los 25 y los 28 años, pero que la mejor edad para largarse a la arena política comienza a partir de los 30. Sin embargo, asegura que no utilizó el boxeo como trampolín para la política. Empezó colaborando con talleres sociales de la mano del entonces presidente Néstor Kirchner. «En 2005 me contacté con él para colaborar con su Gobierno y con el proyecto nacional, y Kirchner me pidió que diera charlas y organice talleres sobre deportes, drogadicción y que les hable a los jóvenes sobre mi experiencia de vida. Pero jamás pensé que haciendo estos trabajos iba a poder llegar a ocupar una banca. Se fue dando de a poco y fue llegando paulatinamente».
Su sueño ahora es llegar a ser reconocida por su accionar y su gestión en la política, como le pasó en su etapa deportiva.
«Siempre trato de pensar en el que está al lado, trabajando desde donde más puedo aportar, que es desde el deporte como herramienta de inclusión social». Marcela la «Tigresa» Acuña, Una mujer que se abrió paso en la vida a fuerza de golpes y ahora con la palabra y su accionar social pretende incursionar en la política nacional con la misma pasión que volcó en el deporte.



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