20 de noviembre 2015 - 17:09

La transición arrancará ni bien se conozca resultado

 Es un relato conocido en los Estados Unidos que el Servicio Secreto de ese país se enteró antes que Bill Clinton que él le había ganado la presidencia a George Bush en 1992. La historia, novelada en incontables ocasiones, relata que la noche del demorado escrutinio Clinton, Hillary y un grupo reducido esperaban los resultados en la residencia de Little Rock sin saber aún el desenlace final de la elección cuando vieron a un grupo de hombres de negro ocupar posiciones en el jardín de la casa. Después de un primer momento de pánico un amigo del matrimonio entendíó por la señal: "Ganaste la presidencia", le dijo. Era el Servicio Secreto que , alertado del resultado, tomaba posiciones para custodiar con más contundencia que hasta ese momento al nuevo presidente.

Algunos de los dos hombres que se juegan la presidencia vivirán la madrugada del lunes sensaciones similares, aunque está claro que el desenlace legal final se dará cuando se conozca el escrutinio definitivo. Se trata de un momento único que pocas personas viven en el mundo; el instante en que su figura deja de lado ciertos rasgos de humanidad para convertirse en presidente de la Nación y el que está en ejercicio comienza a retornar a su condición de humano.

Uno de los primeros signos de la transición efectiva, más allá de la que luego comienza entre los equipos de cada área que se van y los que llegan, es la puesta en conocimiento del nuevo presidente de las cuestiones sensibles del gobierno y del manejo que pasará a tener sobre su vida de ahora en más. Scioli o Macri lo sabrán de boca de funcionarios de la Casa Militar que se hará cargo de sus vidas y desplazamientos por los próximos 4 años.

Ese signo opera, además, como la primera notificación al presidente saliente de su inminente mudanza. De hecho hasta la Ley de Acefalía lo expresa con bastante sabiduría, aunque en ese caso se trate de una disposición legal: "Habiendo presidente electo, cesa la acefalía", dice ese texto.

Eso significa que ante cualquier problema con el Ejecutivo hasta el momento de la asunción presidencial las reglas de reemplazo ya no son las mismas sino que rige el electo. Es uno de los principales síntomas de la entidad presidencial que toma quien fue elegido aunque no haya asumido.

La Constitución nacional no es mucho más rica que eso en materia de transición. Los procedimientos de cambio de mando no están estrictamente reglamentados, más allá de las disposiciones que exigen en las reglamentaciones de la Casa Rosada. Todo otro diálogo entre los entrantes y salientes depende de la buena voluntad de cada uno.

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