“La TV es como la iglesia: cualquier cambio lleva años”

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«Yo no creo que el teatro sea lo bueno, ni que todo lo que se hace en televisión sea malísimo» señala la actriz, directora y dramaturga Mónica Cabrera, integrante del elenco de «La malparida», el nuevo culebrón que canal 13 emitirá a partir del 12 de abril a las 22 con Juana Viale y Gonzalo Heredia como figuras centrales.

Cabrera conquistó al público televisivo gracias a su participación en «Tratame bien», donde interpretaba a una empleada doméstica de pocas palabras, pero muy graciosa como observadora involuntaria de una familia en crisis. No obstante, es en el teatro donde la aguda comicidad de esta actriz cuenta con el tiempo y los libretos adecuados para exhibir sus múltiples facetas.

Actualmente trabaja en tres espectáculos: los días miércoles en «Anfitrión Cabaret» (Teatro Anfitrión), los viernes en «El club de las bataclanas» (Bataclana, Av. Corrientes 3500) y los sábados en «Maratón Cabrera» (Teatro Payró) donde mes a mes va reponiendo distintos títulos de su repertorio humorístico.

Periodista: Pasó del drama familiar al culebrón ¿Le gusta su nuevo personaje televisivo?

Mónica Cabrera: Sí, es muy lindo. Además me dejaron aportar algunas ideas de vestuario y agudizar ciertos rasgos del personaje. Es una mujer muy escéptica, que siempre espera lo peor. No tiene familia y hace años que trabaja en el mismo lugar, ella es como una institución. A esa empresa llega la Malparida, que es malísima, para vengarse del hombre que le rompió el corazón a su mamá y la llevó al suicidio. Ella se propone enamorarlo, pero cuando empieza a trabajar ahí, conoce al hijo de este hombre y se enamora de él. Ella igual sigue con su raid de asesinatos. Envenena, mata, empuja... No asesina adrede, pero si cuadra y es necesario... no tiene límites.

P.: ¿Usted cambió de peinado por el nuevo personaje?

M.C.: Así es. Y hace mes cuando volví a Pol-ka me dijeron «Eh, qué buen look!». Pero es otro personaje, les dije. ¿Creían que yo tenía canas y andaba con el pelo atado porque estaba deprimida? Antes era la señora que limpia, que se levanta a las cinco de la mañana, hace todo en la casa y viaja una hora y media desde San Miguel para llegar a Capital. Esta otra, en cambio es una empleada muy formal, bien peinada y siempre de traje sastre. Mis participaciones son pequeñas, pero muy contundentes. Tengo el lugar del queso parmesano, de la pimienta. Es la dosis justa y necesaria. Me gusta que sea así, porque la gente se queda con ganas.

P.: ¿A usted la descubrieron en el circuito teatral o suele participar de castings?

M.C.: Nunca hago casting. No me gusta. Por lo que yo sé, la gente que se encarga de eso va a ver mucho teatro. Saben quién hizo esto y lo otro, conocen nombre y apellido de todo el mundo y siempre están a la pesca. La mayoría de mis compañeros de elenco, tanto en «Tratame bien» como en «La Malparida» son gente de teatro y eso se ve en el producto final. Yo digo que la televisión es como la iglesia católica, cualquier cambio que se quiera introducir lleva un montón de tiempo.

P.: ¿Por qué sigue teniendo tanta vigencia el culebrón?

M.C.: Tal vez responda a algún arquetipo o a otra teoría de Jung. No lo sé. Además del culebrón, también hay un gusto por la novela seria, el unitario... Los productores son a la vez fabricantes de comida rápida, de cocina de autor y de platos étnicos. Por suerte siguen interesados en producir ficción e incluso a veces se atreven a correr ciertos riesgos. Por ejemplo con «Mal parida». ¡Ese nombre! Suena muy fuerte. Como si un teleteatro se titulara «El pelotudo». «Che, pelotudo es mala palabra». Bueno, pero «Mal parida» está ahí nomás de hija de puta... Yo creo que es bueno que los productores se arriesguen y busquen otra cosa. No todo lo de la televisión es basura. Hay gente que además de preocuparse en captar audiencia, también quiere hacer algo de lo cual enorgullecerse.

P.: ¿Cómo reaccionó el público que la conoce del teatro y ahora la ve en televisión?

M.C.: Hay un asunto con eso... Yo no entro en el mercado. No soy la mujer deseada, ni pertenezco al sistema machista de venta de hetero-comestibles. Y como estoy por fuera de esas reglas, la gente se identifica con un lugar como de perdedor. Es como si jugara Arsenal. ¡Uy, no va a ganar, es un cuadrito de provincia! y eso conmueve. O si juega Alemania contra Nigeria todos quieren que gane Nigeria. Yo hace más de ocho años que trabajo en televisión, pero recién a partir de «Tratame bien», la gente empezó a decir: «Pero mirá qué buena actriz. Tendría que darle más papel». Y por otro lado la gente que ya me conocía del teatro ahora viene a verme ahora con una actitud de triunfo «Yo que te vi en el 2000 cuando estabas en el Parque Chacabuco...». Se sienten reivindicados.

P.: ¿Qué otros títulos va a reponer en «Maratón Cabrera»?

M.C.: En abril, reponemos «The victory to la madrecita», con Teresa Murias como actriz invitada; en mayo, «Limosna de amores» y en junio, «¡Dolly Guzmán no está muerta!».

P.: Usted se abocó al humor recién en la última década.

M.C.: Tengo suerte de tener esa característica. Es un don que la gente te agradece porque la hiciste reír. El mundo cambia a través de la risa, se alivian las tensiones, uno se vuelve más optimista aún dentro de la oscuridad. Cuando nos reímos en un velorio, por ejemplo, ese también es un acto de optimismo, de apego a la vida.

Entrevista de Patricia Espinosa

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