3 de agosto 2010 - 00:00

La utopía del hombre invisible es posible

En una fotografía simulada se muestra cómo funcionaría el material que haría invisibles a los objetos.
En una fotografía simulada se muestra cómo funcionaría el material que haría invisibles a los objetos.
Así como algunas de las utopías de Julio Verne terminaron realizándose en el siglo XX, la mayor fantasía de H. G. Wells, la del «Hombre invisible», podría dejar de ser en el futuro próximo apenas una fuente de inspiración para Hollywood. Según los asombrosos avances que llevan adelante Elena Semouchkina, profesora de ingeniería electrónica e informática, y su equipo de investigadores en la Universidad Tecnológica de Michigan, el uso de campos de resonancia magnética para desviar rayos de luz visible, redirigiéndolos alrededor de objetos específicos volvería esos objetos invisibles para el ojo humano.

En 2006, hubo una primera experiencia que permitió hacer «desaparecer» un minúsculo fragmento de metal: el objeto se convirtió en completamente transparente a esas ondas cuya frecuencia está comprendida entre 1 y 300 GHz (invisibles al ojo humano). Para concretar esa hazaña, los investigadores habían utilizado lo que se llama una «capa de invisibilidad», un cilindro especial hecho de plástico y metal, que recubría completamente el objeto.

A partir de entonces, fueron varios los equipos de investigadores en el mundo que buscaron perfeccionar esta técnica. Para convertir un objeto en invisible, la idea general es poder recubrirlo de una capa fabricada en un material que posea propiedades físicas que no existen en la naturaleza. Al acercarse a esa capa, las ondas electromagnéticas seguirían de manera parabólica el camino que hubieran tomado en el caso de que el objeto no se interpusiera. Es decir, se produciría la sensación de transparencia.

Sombra

El gran problema que se les planteaba hasta ahora a los investigadores estaba vinculado a la absorción de las ondas. Los metales utilizados para la confección de las capas absorbían una gran parte de su energía. Si las ondas disminuían demasiado, desaparecían formando una sombra detrás de la capa que ya no era invisible sino «negra». La única solución, entonces, era disminuir la distancia recorrida por las ondas en la capa, es decir, disminuir su tamaño, y en consecuencia reducir también el volumen de los objetos a convertir en «invisibles». En Michigan modificaron entonces el metal por un vidrio de consistencia especial, ya que la naturaleza física del vidrio es muy poco absorbente. Las primeras simulaciones logradas de manera digital arrojaron resultados muy alentadores.

Nicolas Stenger, físico francés que en la Universidad de Karlsruhe se ocupa de investigaciones similares, dijo anteayer al diario Le Figaro que si «se logra crear este tipo de capa, lo que parece muy probable, el volumen de los objetos que podrían hacerse desaparecer no dejaría de aumentar». Según Stenger, la utopía de la invisibilidad se obtendrá en no más de una década. El físico, sin embargo, alertó sobre las posibles aplicaciones de riesgo de tal avance: «El espionaje internacional, seguramente, se valdrá de esta revolución, comenzando con la invisibilización de cámaras y otros microartefactos».

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