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La VII Bienal del Mercosur revaloriza a los creadores
Creaciones de Sergio de Loof se exhibirán en un aréa donde el arte se conjuga con el teatro, en una Bienal del Mercosur que busca consolidar una privilegiada posición internacional.
Para que estas palabras no queden como bellas expresiones de deseos, y para poner realmente en práctica la propuesta, Yáñez aclaró que «El grito y la escucha», título de la Bienal, consistirá «en una lucha cuerpo a cuerpo» que tratará de involucrar a todos los actores en la acción (el grito) y en la reflexión (la escucha). Para comenzar, esta vez el papel de educadores lo ocuparán los artistas y, además, teniendo en cuenta que la obra de arte es producto de un proceso creativo, Noorthoorn y Yánez decidieron crear una Bienal cuya dinámica y foco estén centrados justamente en el proceso de la creación, en los momentos que anteceden a la etapa final.
En un año difícil, dadas las repercusiones de la crisis financiera internacional, y con 200 artistas ya invitados a participar de las muestras, la Bienal se vio obligada a reducir el presupuesto inicial de 14 millones de reales a unos modestos 6,5 millones. André Jobim de Azevedo, director jurídico de la institución, contó que a pesar de la drástica reducción, se respetaron los proyectos educativos, «porque pueden cambiar la perspectiva del mundo que tiene la gente».
Cuestiones fundamentales como las invitaciones y la diversidad de los programas también se respetaron. En este sentido y a la hora de abaratar costos, la propuesta original de los curadores, consistente en hacer publicaciones masivas, baratas y gratuitas, favoreció sin duda los números. El catálogo se editará en blanco y negro, y ése sí es un modo de ahorro. Sin embargo, frente a los dilemas financieros, Noorthoon señala un capital del que se debe sacar partido: «Hay un sistema que no está en crisis, por el contrario, y es la producción y la creación artística de Latinoamérica».
Educación
Con el cargo de curadora pedagógica, la argentina Marina De Caro comenzó a trabajar hace un año. Sorprendida por las cifras de la población de Brasil, cuenta que fueron 700 docentes a una reunión con los artistas, para escuchar los métodos educativos que ellos proponen. De Caro y las artistas invitadas con probada experiencia educativa como Diana Aisenberg y la rosarina Claudia del Río, a quienes se suma Diego Melero con sus performances, estarán a cargo de las escuelas de Porto Alegre (se estima en más de 500.000 la cantidad de niños que accede a la Bienal). Otro de los cambios propuestos consiste en preparar al público para que pueda actuar como guía de las visitas la Bienal, personaje que allá recibe el nombre de «mediador», pues su misión ya no es meramente informativa y se acerca a la de un provocador, ya que estimula el pensamiento a través de preguntas.
Los curadores adjuntos de la Bienal también son artistas. Entre ellos figura Roberto Jacoby (Argentina), que sabe cómo se presenta una obra en estado de gestación. De hecho, su instalación performática «Darkroom» se exhibió concluida hace unos años, pero le permitía al espectador internarse en las profundidades del proceso creativo y punzaba su sensibilidad. Ahora Jacoby está a cargo de «Proyectables». La exposición se conforma con las obras que varios artistas de diversos lugares del mundo enviarán a través de Internet, obras que se materializarán y cobrarán forma en Porto Alegre y, que después del montaje, se podrán ver desde cualquier lugar del planeta.
Entre otros programas, la Bienal contará todas las noches con un espacio sonoro en la radio FM Cultura. La propuesta, inspirada en el genio de John Cage, partió de Artur Lescher y Lenora de Barros (Brasil), que utilizarán la radio como valioso instrumento de largo alcance para consolidar su presencia, como un medio que le permitirá a la Bienal llegar a lugares que de otro modo serían inaccesibles.
Entretanto, Mario Navarro (Chile) presentará la muestra «El árbol magnético», que trata sobre la movilidad y la transformación constante como
condiciones del arte; mientras Laura Lima (Rio de Janeiro) trabaja «El absurdo» y se propone desestabilizar la mirada a través del extrañamiento.
En el encuentro de Proa, además de la directora Adriana Rosenberg, que fue la curadora del envío argentino a la cuarta edición, estaban los artistas Marta Minujín, que va exponer sus diseños para proyectos que nunca fueron realizados, y Sergio De Loof, que participará de un área donde el arte se conjuga con el teatro.
En suma, a través de varias acciones y exposiciones que ponen al artista en el papel que siempre ha ocupado, el de productor del arte, pero además lo colocan como educador, curador, organizador, comunicador y hasta guía, la Bienal aspira a generar una dinámica cuyo éxito dependerá de que calcen todos los engranajes, para potenciar la enorme energía que esta edición pondrá en juego. Si los artistas alcanzan una «fuerza expansiva» que «contagie», «contamine», o sencillamente, transmita a la gente en qué consiste su hacer, la ambiciosa misión de los curadores de esta Bienal se habrá cumplido.


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