15 de agosto 2013 - 00:00

La visita de Kerry dejó sólo pesar en Brasil

Brasilia - Dilma Rousseff, según trascendió, quedó frustrada con los argumentos que escuchó de John Kerry sobre las millones de comunicaciones brasileñas espiadas por Estados Unidos. Al parecer, la presidenta esperaba una posición más flexible y hasta la presentación de disculpas por el escándalo que destapó Edward Snowden sobre la base de papeles secretos.

Funcionarios del Gobierno brasileño, preservados por el anonimato, dijeron que la mandataria fue clara en su cuestionamiento al espionaje de la CIA y la NSA, que contaron por años con una base en Brasilia.

Dos preguntas sobrevolaban ayer en los palacios del Planalto y el Congreso, donde habló el ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo, anunciando posibles medidas en la ONU. Uno: ¿Qué efecto tendrá la "decepcionante" visita de Kerry en el proceso de aproximación entre Brasilia y Washington iniciado motu proprio por Rousseff desde el 1 de enero de 2011, cuando llegó al Planalto? Dos: ¿Queda en pie la ambiciosa agenda de temas que iban a ser tratados por Rousseff y Barack Obama en octubre, entre ellos la hipótesis de la compra de aviones de guerra?

Una atmósfera de frustración dominaba el Palacio de Itamaraty, sede de la cancillería, tras las declaraciones formuladas por Kerry en la conferencia de prensa del martes, en la que ratificó a libro el espionaje en Brasil.

La posición casi frontal de Patriota ante Kerry causó comentarios en reporteros que conocen desde hace años a este diplomático calificado, que construyó su ascenso dentro de la estructura de Itamarty en base a su muy buen tránsito por los pasillos de Washington, donde fue embajador.

Cabe recordar que fue Patriota quien, a poco de surgido el affaire Snowden, declaró que descartaba de plano darle asilo, con lo cual tendió un puente de diálogo con Washington y cosechó críticas dentro del oficialista Partido de los Trabajadores. Pero esa mano tendida por Patriota, con el seguro aval de Dilma, hacia la Casa Blanca pareció no alcanzar el objetivo buscado cuando el secretario Kerry aseguró ayer que las acciones de inteligencia seguirán adelante.

En el Palacio del Planato, Kerry estuvo secundados por el embajador Thomas Shannon, cuyo desgaste político por el escándalo es ostensible al punto de que tal vez sea suplantado antes de la visita de Dilma.

La salida de Shannon, exsubsecretario adjunto del Departamento de Estado, ya estaba prevista antes del roce por los papeles de Snowden, pero su figura fue cuestionada públicamente por parlamentarios del Gobierno, especialmente cuando se supo que él mismo recibió informes de espionaje a mandatarios latinoamericanos en 2009.

El ministro Bernardo fue explícito ayer al hablar en el Congreso del momento delicado de las relaciones. "No estamos satisfechos con las aclaraciones presentadas (por Kerry), por eso llevaremos el caso a los organismos internacionales, probablemente a Naciones Unidas. Ese espionaje no es sólo para combatir el terrorismo, envuelve el espionaje industrial, comercial y diplomático", dijo.

Con un paisaje diplomático tan deteriorado analistas consideran que la esperada visita de Estado de Dilma, la primera desde 1995, no irá más allá de un evento de gran pompa, pero sin avances sustantivos en la agenda bilateral.

Nótese que en sus discursos del martes tanto Kerry como Patriota hablaron genéricamente sobre los temas en común y no arriesgaron ningún acuerdo sustantivo a ser firmado por los mandatarios el 23 de octubre en la Casa Blanca. En ese sentido parece desvanecerse, aunque aún nada es definitivo, la posibilidad de que Brasilia y Washington acuerden un entendimiento en el área de Defensa, por la compra de 36 cazabombarderos F-18 Super Hornet, fabricados por Boeing, para la Fuerza Aérea Brasileña.

Agencia ANSA

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