- ámbito
- Edición Impresa
La vuelta a los Valles, un clásico salteño
La tierra cafayateña tiene las mejores vides del norte argentino. La bodega Michel Torino es una de las más bellas de la región.
Con rumbo al sur por la Ruta 68, saliendo de la Capital, el siguiente destino es Cerrillos, a sólo 15 kilómetros, un sitio de valor histórico por haberse firmado allí el denominado Pacto de los Cerrillos, una ciudad que en verano se destaca por sus coloridos carnavales, y que está rodeada por cultivos de tabaco y cereales.
La Ruta Nacional 68 desemboca luego en la localidad de La Merced, donde se puede visitar el Santuario del Señor de Sumalao, en el que los historiadores afirman oraron los patriotas de la Independencia.
Más adelante aparece El Carril, un típico poblado del Valle de Lerma, el cual conserva antiguas casonas y arraigadas tradiciones gauchescas como las que se exhiben cada marzo durante el Festival de Canto y Jineteada.
Siembre camino al sur, con Cafayate en el horizonte, el siguiente destino es Coronel Moldes, una ciudad destacada por su antigua iglesia parroquial. Entre las actividades turísticas se encuentra la pesca deportiva de pejerreyes y dorados en el río Juramento; la caza deportiva en los cerros circundantes, y deportes náuticos en el cercano Dique Cabra Corral.
Unos cinco kilómetros más adelante se encuentra Ampascachi, antiguo asentamiento de una tribu aborigen, para continuar luego por La Viña, un poblado elegido por los jesuitas, encargados de cultivar los primeros viñedos de la zona.
La antesala de los Valles Calchaquíes es la denominada Quebrada de las Conchas, que se extiende por unos 83 kilómetros sobre la Ruta Nacional 68. El camino atraviesa allí caseríos aborígenes como las Ruinas de Quitilipi; construcciones de adobe en Las Curtiembres; las abritas; el carrizal; y algunas viviendas semisepultadas. El distintivo del lugar son las extravagantes formaciones naturales que tomaron los nombres de Anfiteatro, Garganta del Diablo, Obelisco y Casa de los Loros, entre otros.
Sobre la ruta se encuentran también los médanos o dunas, pequeños arenales blancos con composición de mica calcárea, ideales para recorrer las noches de luna llena.
Finalmente se llega a Cafayate, rodeada de ríos, médanos y viñedos que producen la cepa del Torrontés, una variante mundialmente reconocida por sabor, cuerpo y color. Además, en las bodegas de la zona se recomienda la degustación de vinos pateros. Desde allí, algunas de las visitas imperdibles son a San Isidro, donde se conservan cuevas con pinturas rupestres; a la bodega La Rosa, una de las tradicionales de la región; al Museo Regional y Arqueológico Rodolfo Bravo, con más de mil piezas que relatan el origen local; y al molino jesuítico que funciona luego de 350 años de uso.
De regreso a Salta capital, completando la llamada "vuelta a los valles" se puede recorrer Molinos, otra de las poblaciones serranas de los Valles, con casonas de adobe, una iglesia construida en 1639 y ruinas aborígenes; Brealito, con una laguna para la pesca deportiva y jornadas de acampe; Cachi, a 157 kilómetros de Salta; Cuesta del Obispo, sobre la Ruta Provincial 33; y Quebrada de Escoipe, un valle agrícola de cerros multicolores, entre otros bellos poblados.



Dejá tu comentario