27 de febrero 2015 - 01:02

La vuelta a los Valles, un clásico salteño

La tierra cafayateña tiene las mejores vides del norte argentino. La bodega Michel Torino es una de las más bellas de la región.
La tierra cafayateña tiene las mejores vides del norte argentino. La bodega Michel Torino es una de las más bellas de la región.
Un circuito ya clásico del noroeste argentino es aquel que lleva a través de los Valles Calchaquíes salteños, en una ruta por montañas de múltiples colores, viñedos y antiguas construcciones de adobe, a lo largo de unos 500 kilómetros a través de la Ruta Nacional 68.

En automóvil el paseo se puede realizar en dos o tres días, dependiendo de las paradas que se realicen en los pueblos norteños y en la ciudad de Cafayate, la principal localidad de la región y cuna del mejor vino Torrontés argentino. Una de las características sobresalientes del paseo por estos valles es el asombroso relieve, resultado de milenarios movimientos geológicos modificados de manera constante por la erosión del viento y el agua, como ocurre con la Quebrada de las Conchas, donde son famosas las formaciones que se asemejan a diferentes figuras como un anfiteatro o un barco hundiéndose, entre otras.

Antiguamente conocido como Camino Real o Camino del Inca, el circuito que hoy recorre los Valles Calchaquíes fue transitado en épocas precolombinas por las comunidades diaguitas -también llamadas calchaquíes- que cruzaban el Valle de Lerma. Estos grupos se dedicaban a la fundición de bronce, alfarería, tallas en piedra y a la fabricación de excelentes tejidos.

Los Valles Calchaquíes y sus antiguos habitantes fueron también testigos de los primeros asentamientos de las misiones jesuíticas y la ruta que servía al comercio trasandino, y a las caravanas de llamas que se dirigían o bajaban desde el Alto Perú.

EN LA RUTA

En la ciudad de Salta, algunos de los atractivos más importantes son la Iglesia y el Convento de San Francisco; el original Cabildo, donde empaparse de anécdotas que hicieron de la Argentina una nación independiente; la Catedral Basílica, uno de los templos más bellos del país; y el Tren a las Nubes, que asciende hasta 4.200 metros de altura.

Con rumbo al sur por la Ruta 68, saliendo de la Capital, el siguiente destino es Cerrillos, a sólo 15 kilómetros, un sitio de valor histórico por haberse firmado allí el denominado Pacto de los Cerrillos, una ciudad que en verano se destaca por sus coloridos carnavales, y que está rodeada por cultivos de tabaco y cereales.

La Ruta Nacional 68 desemboca luego en la localidad de La Merced, donde se puede visitar el Santuario del Señor de Sumalao, en el que los historiadores afirman oraron los patriotas de la Independencia.

Más adelante aparece El Carril, un típico poblado del Valle de Lerma, el cual conserva antiguas casonas y arraigadas tradiciones gauchescas como las que se exhiben cada marzo durante el Festival de Canto y Jineteada.

Siembre camino al sur, con Cafayate en el horizonte, el siguiente destino es Coronel Moldes, una ciudad destacada por su antigua iglesia parroquial. Entre las actividades turísticas se encuentra la pesca deportiva de pejerreyes y dorados en el río Juramento; la caza deportiva en los cerros circundantes, y deportes náuticos en el cercano Dique Cabra Corral.

Unos cinco kilómetros más adelante se encuentra Ampascachi, antiguo asentamiento de una tribu aborigen, para continuar luego por La Viña, un poblado elegido por los jesuitas, encargados de cultivar los primeros viñedos de la zona.

La antesala de los Valles Calchaquíes es la denominada Quebrada de las Conchas, que se extiende por unos 83 kilómetros sobre la Ruta Nacional 68. El camino atraviesa allí caseríos aborígenes como las Ruinas de Quitilipi; construcciones de adobe en Las Curtiembres; las abritas; el carrizal; y algunas viviendas semisepultadas. El distintivo del lugar son las extravagantes formaciones naturales que tomaron los nombres de Anfiteatro, Garganta del Diablo, Obelisco y Casa de los Loros, entre otros.

Sobre la ruta se encuentran también los médanos o dunas, pequeños arenales blancos con composición de mica calcárea, ideales para recorrer las noches de luna llena.

Finalmente se llega a Cafayate, rodeada de ríos, médanos y viñedos que producen la cepa del Torrontés, una variante mundialmente reconocida por sabor, cuerpo y color. Además, en las bodegas de la zona se recomienda la degustación de vinos pateros. Desde allí, algunas de las visitas imperdibles son a San Isidro, donde se conservan cuevas con pinturas rupestres; a la bodega La Rosa, una de las tradicionales de la región; al Museo Regional y Arqueológico Rodolfo Bravo, con más de mil piezas que relatan el origen local; y al molino jesuítico que funciona luego de 350 años de uso.

De regreso a Salta capital, completando la llamada "vuelta a los valles" se puede recorrer Molinos, otra de las poblaciones serranas de los Valles, con casonas de adobe, una iglesia construida en 1639 y ruinas aborígenes; Brealito, con una laguna para la pesca deportiva y jornadas de acampe; Cachi, a 157 kilómetros de Salta; Cuesta del Obispo, sobre la Ruta Provincial 33; y Quebrada de Escoipe, un valle agrícola de cerros multicolores, entre otros bellos poblados.

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