2 de junio 2009 - 00:00

Las dudas para después de las elecciones

Fernando Navajas
Fernando Navajas
Una mirada benigna al estado de situación de la economía argentina postelecciones sugiere que la nueva fase de expansión de los precios de los commodities apoyada en la debilidad del dólar va a permitir anclar expectativas para empezar a revertir el shock externo a mediano plazo, con la debida recuperación de la cosecha en 2009-2010. El retorno del riesgo-país de valores de default a niveles más normales se consolidaría luego de las elecciones en el caso de que se verifique el resultado hoy más probable a nivel nacional en la lucha de las tres coaliciones principales (K-peronismo, PRO-peronismo y ARI-UCR-socialismo) sin claros vencedores ni vencidos. Esto evitaría una debacle política y le permitiría al Gobierno retomar la agenda de refinanciamiento truncada por la crisis de Lehman en setiembre de 2008, estabilizando la fuga de capitales a valores tolerables, consolidando la estrategia del BCRA de mover lentamente el dólar sin sobresaltos y permitiendo reducir la velocidad de expansión del gasto público y los salarios. Este escenario no es incompatible con un mes de junio lleno de ruido porque entramos en la fase final de la campaña y los candidatos de las coaliciones se sacan chispas para ganarse a los indecisos.

¿Usted comparte esta visión? Seguramente no. Pero mi punto es que éste debiera ser hoy el punto de referencia obligado para discutir la macro argentina y examinar críticamente qué es lo que hace que uno sea menos optimista que lo que sugiere esta descripción inicial.

Los economistas profesionales sabemos que las dudas sobre la evolución económica se mantendrán en el segundo semestre si no se revierte la fuga de capitales, alentada desde comienzos de 2008 primero por un conflicto innecesario con el campo, luego por un conflicto innecesario con las finanzas (la nacionalización de las AFJP) y más recientemente por un conflicto implícito (no reconocido) con el sector industrial, que ha hecho colapsar la inversión agregada y amenaza seriamente a los niveles de empleo. Menos inversión y menos empleo son como el virus H1N1 para el modelo K, porque refuerzan la tendencia a la estanflación, la caída de la recaudación, la conflictividad laboral y la inestabilidad financiera. Y si para hacer frente a esto se opta por políticas tan intervencionistas como las de 2008, las noticias del lado de la inversión y el empleo no van a ser para nada buenas. Hasta aquí llega el poder -que no es poco- del análisis económico: más no se puede decir con seriedad si se reconoce que una parte de la fuga de capitales tiene componentes políticos.

Es por ello que otro conjunto más básico de dudas proviene del mismo campo de la dinámica política. Muchos politólogos van a dudar de la simpleza del párrafo inicial de esta nota porque consideran que la tendencia de la elección ya está marcando un antes y un después en el armado de coaliciones en la Argentina, debido a que no hay forma de que el oficialismo no salga debilitado de esta elección. Y un oficialismo debilitado en el Congreso es el comienzo del fin del modelo K, más allá de las voluntades o antipatías. La «real-politik» de lo que comienza en el segundo semestre lleva a su vez a que en la cabeza de muchos políticos y analistas se empezaron desde hace un tiempo a «racionalizar» escenarios de transición (catástrofe o no, mediante) político-económica. Estas racionalizaciones entre comillas son el resultado de que (además del horizonte) la memoria es corta en nuestro país, lo que lleva casi mecánicamente a hacer paralelismos o comparaciones con la última «crisis de modelo», es decir, 2001.

Hay varias razones para creer que estos paralelismos con 2001 son incorrectos y producto de una memoria corta y mecánica. Las principales provienen de los fundamentos macroeconómicos, que han permitido sobrellevar una significativa salida de capitales hasta ahora. Sin embargo, una parte importante de la clase política se comporta como si estuviera prestando mucha atención a ese episodio. Además, el propio Gobierno contribuye a la confusión con amenazas apocalípticas («el modelo o el caos») o de profundización del modelo, cuando sabemos que ambos anuncios fueron un ingrediente del léxico de la crisis de 2001. ¿Por qué hay tanta fijación con la dinámica de 2001? En una interpretación común de esa crisis, la Argentina sufrió un problema de intermediación política porque los datos de la crisis obligaban a cambiar el modelo pagando un costo político elevado, lo cual iba a ser aprovechado por la oposición para ganar rentas políticas luego del ajuste. La imagen es que ahora se está repitiendo el mismo juego y para la oposición el país está estructuralmente bien para salir adelante con cambios menores en el entramado institucional y de diseño e implementación de políticas.

¿Fue la crisis de 2001 un simple problema de intermediación política para manejar un ajuste macroeconómico severo? ¿O fue algo más profundo, reflejando un rechazo cultural de la población a que la Argentina adopte políticas de mercado y dando un cheque en blanco a políticas intervencionistas? Éstas son las preguntas del millón y la respuesta electoral del 28 de junio nos va a indicar si entramos o no en el tramo final modelo K. Yo no lo veo tan claro, simplemente porque no creo que la crisis del modelo de los 90 haya sido sólo un problema de intermediación política frente a un ajuste doloroso y por lo tanto, para que el modelo actual sea revisado, se requiere primero que amplios sectores de la población observen resultados económicos y sociales que para mí no están presentes en los datos. En cambio, la interpretación obvia y esperable de amplios sectores de la oposición es que el voto va a indicar el final del cheque en blanco y el comienzo del paso de factura. Esta interpretación, además de la misma estrategia electoral, ha hecho que esta campaña se encuentre relativamente vacía de propuestas de Gobierno, en donde lo táctico domina lo sustancial. Esto es una pena porque existe una agenda de acciones institucionales y diseño de políticas que podrían devolverle al país la previsibilidad que ha perdido definitivamente desde 2008 y que contribuiría a estabilizar la crisis de financiamiento externo.

Volviendo al escenario económico para el segundo semestre, lo probable es que se vea al Gobierno con algún grado de margen político para retomar la agenda urgente que había quedado trunca en setiembre de 2008 en cuanto al financiamiento externo, lo cual es un dato crucial para la macro. Yo no apostaría, como tampoco lo hice en 2005 y 2007, a que el Gobierno corrija el rumbo un ápice en cuanto a políticas. Pero tampoco creo que la llamada profundización del modelo signifique hoy mucho más que una propaganda electoral. Reconociendo los límites electorales y la necesidad de competir en 2011 con un frente opositor duro, la agenda de retornar al crecimiento lo antes posible se va a encargar de poner al Gobierno frente al dilema de pelear por su sostenibilidad o entrar en una etapa testimonial y demasiado costosa para todos los argentinos. Entonces veremos cuál va a ser el legado del peronismo-K, porque es sólo en las crisis donde los políticos encuentran su verdadera estatura.

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