14 de mayo 2013 - 00:46

Las filtraciones que no sellarán

Mercedes Marcó del Pont
Mercedes Marcó del Pont
Semanas antes de las elecciones presidenciales de 2011, el temor de ahorristas pasaba por las medidas que podía tomar el Gobierno el día después. Un clásico de todo proceso electoral doméstico. Las reservas internacionales del BCRA cayeron de u$s 52.313 millones al 1 de marzo a u$s 47.400 millones para noviembre. En el medio, se esfumaron las divisas de la liquidación de exportadores de soja. A partir del 24 de octubre 2011 comenzó el BCRA a preocuparse por las filtraciones. Pero siempre reaparecieron en otros tramos de la cañería. Soja a la que se agrega maíz para camuflar como alimento balanceado en las exportaciones, soja que se hace pasar como semillas, pasajes aéreos que sacan extranjeros en el país, compras de nafta en zona de frontera por uruguayos y paraguayos. Todos son ejemplos de artilugios que se utilizan para obtener importantes ganancias. Se suman a las tradicionales actividades en tiempos de brecha de sobrefacturar importaciones y subfacturar exportaciones (que terminan reduciendo el saldo comercial).

Tan sólo tres días después de las elecciones de 2011, el Gobierno derogó la exención que exceptuaba a las mineras y petroleras de la obligación de repatriar la totalidad de las divisas provenientes de sus exportaciones. Se intentaba aumentar la oferta de divisas en la plaza local, pero generó más temor entre los ahorristas. Era un reflejo de que hacían falta dólares. Aumentó la demanda del público y empresas. Se opta el 31 de octubre entonces por atacar la filtración con el Programa de Consulta de Operaciones Cambiarias. Para adquirir divisas había que contar con autorización oficial. Se comienzan a utilizar tarjetas de débito en el exterior para hacerse de divisas.

Alta rentabilidad

El BCRA impone en marzo de 2012 que se deben efectuar sólo contra el débito de las cuentas en moneda extranjera. Igual se perdían divisas por el rubro "Atesoramineto". En julio de 2012 el BCRA elimina esa filtración. El que quiera ahorrar en dólares debe ir al "blue". En simultáneo, el uso de la tarjeta de crédito para compras en el exterior, o simularlas para hacerse de divisas, pasa a ser la actividad principal. Otra rendija. Se aplica desde septiembre de 2012 el 15% de recargo al uso de la tarjeta que incluye las compras por internet. Otras actividades de alta rentabilidad pasaban entonces por comprar fichas de casino con tarjeta en el exterior, y la extracción directa de dólares como adelanto de efectivo. Ante cada sellado de estas filtraciones se agregaba demanda al "blue", y por ende, la brecha se ampliaba. Y paradójicamente con mayor brecha, más ganancia dejaban las filtraciones que sobrevivían al sellado del BCRA.

Ya el pasado verano el uso de la tarjeta de crédito pasó a ser la mayor fuente de rentabilidad. La brecha ya dejaba un 45% de ganancia en el acto en febrero pasado. El recargo del 15% quedaba exiguo y se lo elevó en marzo al 20%. El boom del PIN (clave para hacerse dólares con tarjetas) hizo que el BCRA intimara con cartas a quienes obtuvieron divisas. Hubo quienes ni siquiera viajaron: simplemente pasaban la tarjeta a un solo viajero. La brecha entre el dólar "blue" y el oficial trepó hasta llegar al 100% hace una semana.

Lo anterior permite escudriñar cuáles serán las próximas medidas. Lo más probable es que sobre la base de lo sucedido en los últimos meses se apunte a sellar más filtraciones. El turismo es el rubro que está generando una salida de divisa de u$s 4.000 millones al año. O eventualmente se restringirán aún más importaciones o giros de utilidades. La política monetaria es menos expansiva. En abril se contrajo la base monetaria y la expansión interanual ahora es del 35%. Pero más allá del sellado de filtraciones y su impacto en el "blue", el costo pasa por la actividad económica. Es lo que es más difícil de sellar.

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