7 de marzo 2018 - 00:00

Las imágenes como testigos de la historia

El afamado fotógrafo dio a conocer un nuevo trabajo que ilustra una faceta del pasado argentino a través de símbolos de la obsolescencia o la inutilidad, como la de un puente en la ruta 9 que no sale ni va a ningún lugar.

Porter. “Los elementos que fotografío están como son. Yo no pongo ni quito nada de la escena, invito a observarlos y reflexiona”.
Porter. “Los elementos que fotografío están como son. Yo no pongo ni quito nada de la escena, invito a observarlos y reflexiona”.
La foto de un puente que no parte de ningún lugar y no llega a ningún lado (está en la Ruta 9, Km. 192) se convierte en un texto de resonancias políticas, históricas y metafísicas. Esa intencionalidad es la que recorre el libro-galería de fotos de Santiago Porter, "Bruma" (Ediciones Larivière). Porter, premiado fotógrafo, profesor de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés, ha publicado anteriormente los libros de arte "Piezas" y "La ausencia", sobre 20 personas que murieron en el atentado a la AMIA, un objeto que llevaban con ellos, y el recuerdo de un deudo. Dialogamos con él.

Periodista: Al hojear "Bruma" se piensa en imágenes de un Chernobyl subtropical hasta que se ve una vetusta lápida que dice "O juremos con gloria morir". Entonces se piensa en la Argentina tras una catástrofe.

Santiago Porter: El libro propone una suerte de reflexión, y esa es una interpretación posible. "Bruma" entrega una suerte de indicios que invitan a pensar un estado de cosas que remite a nuestra política contemporánea.

P.: De un fotógrafo se espera que ofrezca imágenes políticas de denuncia y no muestras de lo que quedó inconcluso, del país fracasado, de los proyectos absurdos, de lo detenido en el tiempo, de la chocante belleza de la devastación.

S.P.: Trabajé como reportero gráfico desde muy chico y me tocó fotografiar los más diversos sucesos políticos, pero tras abandonar el fotoperiodismo hace un tiempo mis intereses son otros. "Bruma" me ha hecho regresar a muchos de los escenarios e historias que me tocó fotografiar con espíritu de documento, o denuncia, y posar esta vez la mirada de manera distinta. Explorando la utilización de la fotografía como lenguaje. La relación que se puede establecer entre cómo las cosas se ven, y aquello que a las cosas les ha pasado. Y cómo esas cosas, una vez fotografiadas, adquieren la capacidad extraordinaria de evocar lo que les pasó, y más aún. Los elementos que fotografío dan cuenta de cómo nos hemos venido comportando como sociedad en los últimos 60 años.

P.: Algunas son metáforas dramáticas, por caso ese puente que no empieza ni termina, que es solo un pedazo de puente en medio de la nada.

S.P.: Un puente al que no se puede subir ni bajar, un monumento a la obsolescencia. Es una imagen abierta a la interpretación de quien la lee, y a lo que quiera pensar de ella. Si hay de mi parte una escritura es la de carácter metafórico. Yo no trabajo al estilo "flaneur" de quien deambula con la cámara, se sensibiliza frente a las cosas que ve y las registra; una práctica fantástica que a mí no sucede. Las imágenes que yo genero representan datos, anécdotas específicas de nuestra vida política contemporánea. Una imagen que es un texto que interpela a quien lo enfrenta. Cuando elijo fotografiar edificios no elijo cualquiera. Elijo edificios públicos construidos en Buenos Aires entre fines de la década del 30 y principio de los 50, que es cuando el Estado, en sus decisiones arquitectónicas, se hace visible frente a sus ciudadanos. Establece con ellos una suerte de vínculo físico. Me interesan lo que representan: la economía, la salud, la justicia, la administración; lo que pretendieron ser, y cómo se ven. En ese capítulo inicial del libro son muchas las relaciones que podemos establecer. La soledad del Ministerio de Economía blindado por puertas doradas es kafkiano, hasta que se descubren los agujeros de las balas de 1955 o un aparato de aire acondicionado. Hay capas de historia acumuladas que se pueden descubrir.

P.: Si bien hay imágenes fácilmente evocadoras, como el Mirage de la Guerra de Malvinas, el mayor impacto lo da la ausencia de seres humanos, y cuando aparecen son restos del pasado, como un monumento a Eva Perón decapitado.

S.P.: Los elementos están como son, yo no pongo ni saco nada, invito a observarlos. Me interesan los objetos que sufrieron los avatares de la historia. Pero no explico nada, me interesa el diálogo libre entre la imagen y su receptor. Esa escultura de Evita iba a recibir a quien llegara al faraónico mausoleo que Perón le había ordenado al escultor italiano Leone Tommasi tras la muerte de Eva Perón. Los comando civiles del 55 decapitaron la figura y la tiraron al Riachuelo. La encontró María Julia Alsogaray cuando Menem le ordenó la limpieza del Riachuelo. Mi trabajo fue generar una imagen a la altura de las peripecias de esa escultura. Hay una investigación que es esencial al relato que la foto busca establecer, y donde se suma lo ensayístico, lo poético, lo documental, lo estético. A pesar de que estamos saturados de imágenes a partir del cambio de paradigma en la historia de la fotografía y la irrupción de la vía digital, creo que la foto tiene un potencial muy particular para comunicarnos. Si bien todos podemos escribir es la intencionalidad narrativa la que hace al escritor. Si bien hoy todos podemos sacar fotos, es la intencionalidad creadora la que hace al fotógrafo.

P.: ¿Por qué su libro se llama "Bruma"?

S.P.: No porque haya bruma en algunas imágenes, sino por esa densidad que se retrata en el libro, que es algo que flota y recorre décadas de la Argentina como algo inasible, intangible y que por momentos nos abruma.

P.: ¿Ahora en que está trabajando?

S.P.: Esto lo acabo de terminar. Lo fui mostrando mientras avanzaba en distintas exposiciones y ahora se expone en su totalidad. Como mis proyectos son de larguísimo aliento no tengo la más pálida idea de lo que sigue. Creo que si tenía algo que decir está en este libro.

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