El resultado del voto de los 54.915.024 iraníes llamados a las urnas no se prevé que cause un terremoto o una revolución en el país, cuyo régimen teocrático aún parece estable y sólido, pero sí permitirá ver el alcance del deseo, demostrado por el triunfo del moderado Hasán Rohaní en las presidenciales de 2013, de aproximarse a la comunidad internacional y de avanzar hacia un sistema menos rígido.
Si tal y como se estima los ciudadanos reconocen los esfuerzos de Rohaní para lograr un histórico acuerdo nuclear con Occidente que puso fin a las duras sanciones que pesaban sobre el país y creen en sus promesas de mejora económica, ya incipiente, los candidatos moderados y reformistas que lo apoyan podrán desbancar a los conservadores que dominan el Parlamento desde 2004. Esa circunstancia tendrá consecuencias en el balance de poderes en la República Islámica y le permitirán a Rohaní avanzar en sus planes de deshielo con Occidente, de apertura económica y poner en marcha su promesa electoral de mejorar la situación de las libertades públicas, hasta ahora en segundo plano.
Más profundas consecuencias puede tener el voto para la Asamblea de Expertos, la cámara compuesta por 88 clérigos chiitas cuya misión principal es la de elegir al líder supremo en caso de vacante y que incluso puede cesarlo en su cargo, algo que hasta el momento nunca ha sucedido.
Los 76 años de edad del actual líder, Alí Jameneí, hacen pensar que esta institución podrá tener un protagonismo inusitado en los próximos años.
En estas elecciones concurren 6.229 candidatos a diputado y 161 clérigos para la Asamblea de Expertos, el mayor número de contendientes en la historia de la Revolución Islámica, si bien suman apenas un poco más de la mitad de las personas que se presentaron en primera instancia y que fueron descalificadas por el Consejo de Guardianes.
El papel de este organismo, nombrado directamente por el líder supremo, es el de autorizar o vetar a los candidatos electorales, instrumento que es empleado para impedir la postulación de personas críticas con el régimen o que no abrazan sus principios fundamentales. Como en otras ocasiones, los reformistas han criticado con dureza que el Consejo vetara la participación de muchos de sus candidatos más reconocidos.
Precisamente esta semana el poderoso expresidente y candidato reformista a la Asamblea de Expertos, Akbar Hashemí Rafsanyaní, lamentó como un evento "no agraciado para el sistema islámico" y como "una buena excusa para la propaganda del enemigo", la eliminación de candidatos reformistas en estas elecciones, entre ellas, la del nieto del fundador de la República Islámica, Hasán Jomeini.
"Es cierto que han eliminado a muchos reformistas, pero también han quedado fuera muchos de los elementos más radicales. Lo que hemos visto es que el sistema prefiere un Parlamento formado por Lariyanis. Y creemos que es positivo, dada su tendencia hacia la moderación", dijo un diplomático europeo en referencia a Alí Lariyani, el influyente presidente del actual Parlamento.
Lariyani, una de las figuras centrales del movimiento "principalista" conservador, ha ido durante la presente legislatura moviéndose hacia posturas moderadas y apoyó abiertamente a Rohaní durante la negociación nuclear, abriendo una brecha con los sectores más radicales.
En cualquier caso, las esperanzas reformistas se centran en lograr que acudan a las urnas los amplios sectores, particularmente entre los acomodados y entre los profesionales liberales, que constituyen su principal sostén pero que rechazan el régimen y que no desean apoyarlo participando en las elecciones. Así, su campaña se ha centrado en pedir a la gente que acuda a votar, incluso con pedidos específicos a los que "no creen en el sistema".
Y en eso coincidieron con el propio Jameneí y con los defensores de los principios de la Revolución Islámica, para los que una amplia participación ciudadana en la votación serviría para reivindicar el sistema, exhibir su buena salud y desmontar las acusaciones de que no cuenta con el apoyo de la ciudadanía.
| Agencia EFE |


Dejá tu comentario