26 de enero 2010 - 00:00

Las semejanzas y los parentescos en el arte contemporáneo mundial

«Al día siguiente, nadie murió» de Luisa Rabbia, artista italiana radicada en Nueva York, que también presenta el video «Viajes con Isabella, Recortes de viaje, 1883-2008».
«Al día siguiente, nadie murió» de Luisa Rabbia, artista italiana radicada en Nueva York, que también presenta el video «Viajes con Isabella, Recortes de viaje, 1883-2008».
La muestra que inauguró la semana pasada la Fundación Proa, un breve pero intenso panorama de las prácticas artísticas que tienen como soporte el video, junto a una serie de intervenciones e instalaciones, permite descubrir semejanzas, afinidades y parentescos, en el arte contemporáneo que hoy circula por el mundo. «Art in the Auditorium», exhibición organizada juntamente con varias instituciones internacionales (Whitechapel de Inglaterra, GAMeC de Italia, Kunstsenter de Noruega, Istanbul Modern de Turquía y City Gallery de Nueva Zelanda) presenta videos de los artistas Lars Laumann, Inci Eviner, Ursula Mayer, Patrizio Di Massimo, Aïda Ruilova, Nova Paul, Luisa Rabbia y Charly Nijensohn. Luego, las obras de Mirtha Dermisache, Elba Bairon, Esteban Pastorino, Alejandra Seeber, el mexicano Jorge Méndez Blake y el uruguayo Alejandro Cesarco, completan un horizonte donde el desplazamiento de la mirada de los artistas marca algunas características en común.

El video «Marguerite Duras. India Song» realizado en 2006 por el uruguayo Alejandro Cesarco, muestra algunas alteraciones ostensibles de la película original, filmada en 1975, como la desaparición de los personajes, además de otros cambios imperceptibles. Cesarco se sirve de la obra de Duras de la llamada «longitud de onda» del film original, y allí inserta su trabajo: el color rojo de las paredes o los textos suyos y de Daniel Link. «El aire está tan quieto y denso», se lee en una de las dos pantallas. Todo parece destinado a acentuar el espesor del tiempo y a recuperar y amplificar el efecto hipnótico que ejercen tanto la ornamentación como el clima emocional. Las voces de la película de Duras desaparecieron junto a la melancólica y pegadiza melodía del argentino Carlos DAlessio. «La voz en off que presenta ahora Cesarco no tiene estridencias, es tan constante como el flujo de información que recibimos al ingresar en este espacio» señala la curadora, Florencia Malbrán. En suma: luego de la libre manipulación del tiempo y de suprimir, dividir o duplicar las imágenes, nos devuelve a una atmósfera tan bella como «intoxicante».

Cesarco reconoce que algunas escenas del film original están ralentizadas. Las actuales prácticas del arte y el uso de nuevas tecnologías han descubierto cualidades de la imagen que estaban ocultas, que hacen su ingreso independizadas del criterio de su creador, como ocurre con las proyecciones exasperantemente lentas del cine de Hitchcock, que hace de Douglas Gordon, antecedente que reconoce Cesarco.

Al ingresar a Proa, el argentino radicado en Berlín, Charly Nijensohn, abre la muestra con el video «Dead Forest (Storm)» que realizó el año pasado en el Amazonas, en la inmensidad de las tierras inundadas por una represa hidroeléctrica abandonada. Cuando Charly Nijensohn realizó la video-performance «Un acto de intensidad», la austera poesía visual de unos hombres parados sobre pedestales en medio del océano de sal, marcó un punto de inflexión. Las hieráticas figuras erguidas como el personaje de «Dead Forest», que es el propio Nijensohn, enfrentando, la adversidad, se percibían como la viva imagen de la fortaleza interior.

Desde entonces, el artista explora los límites y el sentido de su obra se ha vuelto sideral, se abre a múltiples lecturas. Nijensohn no es un mero militante ecologista. Sus exploraciones arraigadas en el romanticismo, son el producto de una sociedad anti-romántica, donde el dominio técnico del hombre sobre la naturaleza, casi ha logrado acabar con los refugios intocados y amenaza destrozar la armonía del cosmos. En este sentido -el del romanticismo y el de contexto actual- existen notables afinidades con el cineasta alemán Werner Herzog. Ambos, comparten la fascinación por lo inaccesible y como los viajeros ansiosos del romanticismo, ambos van en pos de nuevos horizontes y nuevas emociones. En un pasaje de la película «Tokyo-ga», Wim Wenders relata un diálogo en el cual Herzog le dice: «El simple hecho es que quedan muy pocas imágenes. Desde aquí arriba se puede observar que todo está completamente construido. Hay pocas imágenes para encontrar. Uno tiene que excavar en su búsqueda como un arqueólogo. Uno tiene que buscar a través de este paisaje devastado para encontrar algo. Esto va asociado a un riesgo, por supuesto. [.] Necesitamos imágenes en sintonía con nuestra civilización, imágenes que resuenen con lo que tenemos en lo más profundo de nuestro ser. [.] Aquí no queda nada, hay que buscar realmente. [.] Iría a cualquier sitio por eso.»

Gracias a una coherencia ejemplar y reiterada, Nijensohn parece ilustrar, una y otra vez, la única noción de Sublime posible en un mundo desertificado. Desaparecida la nostalgia estética al modo romántico, queda la búsqueda, como aventura incesante.

Esta búsqueda es comparable a la que emprende la italiana radicada en Nueva York, Luisa Rabbia, en su video «Viajes con Isabella, Recortes de viaje, 1883-2008». Rabbia interviene con sus dibujos la colección de fotografías tomadas en el año 1883 durante un viaje a China por una coleccionista de Boston. Sobre estas imágenes ajenas, traza un camino que lleva su sello, ya que utiliza el diseño de una cinta retorcida como un signo personal. Con el dibujo como recurso, la artista cruza el paisaje de la antigua China, ausculta la memoria, crea una obra que reúne el pasado con el presente más actual, a través de una extensa y metafórica senda.

La curadora de la muestra de Rabbia, Beatrice Merz (hija de Mario y Marisa Merz, padres del Arte Povera), y flamante directora del Museo de Arte Contemporáneo del Castello de Rivoli, en Torino, presenta junto al video la instalación «Al día siguiente, nadie murió». Rabbia empapeló una inmensa pared de la sala con la imagen desmesurada de un electrocardiograma, también cruzada por sus cintas, que en esta obra adquieren una condición orgánica y se asemejan a venas o arterias. Beatrice Merz señala que la artista «entreteje un mundo -que es el suyo- hecho de soledad, de inseguridad psicológica, de recuerdos compuestos por imágenes tomadas de las vidas de otros».

En la muestra se destacan algunas similitudes, formales y de contenido, entre Rabbia y la argentina Alejandra Seeber, también residente en Nueva York, e invitada a participar con un wallpaper y unas burbujas de vidrio. Seeber pegó en la pared y luego despegó y fragmentó, empapelados con motivos de los más diversos: dibujos infantiles, un enorme parque arbolado, superficies con brillantina, floreadas o con elegantes arabescos y las rayas negras y amarillas en diagonal que usan los estacionamientos de autos. No se trata -al menos, no únicamente- de poner en evidencia el poder evocativo o la dinámica del collage de los cubistas y futuristas, o de criticar el consumo al destruir la función utilitaria del papel y desgarrarlo con la técnica del llamado «décollage». La artista busca crear el efecto de los paredones que quedan al aire libre durante las demoliciones de casas antiguas, tan habituales en Buenos Aires.

Si Rabbia con el registro de un aparato científico, trae a la sala la evidencia sensible del palpitar de un corazón, Seeber con las imágenes de esos papeles viejos, pone al desnudo la estética de cada centímetro de pared, y ambas dejan a la vista un pasado ineluctable.

Las imágenes que se divisan a través de los visores diseñados por Esteban Pastorino también ostentan su dimensión sensible. El Riachuelo y su particular arquitectura de lata que tiende a desaparecer, aparecen frágiles y lejanos como distantes maquetas, al ser observados con el Estereoscopio y el Periscopio, unos aparatos de latón, acero, madera y espejos y lentes, con formas elegantes que se yerguen en la terraza de Proa. A través de los aparatos que fabrica Pastorino, el paisaje parece reducido a la dimensión de un juguete.

«Se trata de los efectos ópticos producidos por medio de la intervención directa sobre el proceso fotográfico que realizo», aclara el fotógrafo. Las visiones se asemejan a la serie de fotografías aéreas que tomó colocando la cámara sobre un barrilete, logrando así que las ciudades, los monumentos, se vean como pequeños objetos.

Junto a la librería de la Fundación, como una prolongación del concepto que yace en los anaqueles, Jorge Méndez Blake presenta «La biblioteca de Borges» con unos cuadrados de espejo dispuestos en la sala y los colores que se multiplican en las numerosas ediciones adheridos a la pared. Consciente del peso del término en la obra de Borges, el mexicano se resiste a ilustrarla, busca más bien aproximarse.

La excelencia del video de Ursula Mayer, con la pulida arquitectura y las imágenes del arte femenino de las décadas que van de 1930 a 1950, y el desopilante enredo de personajes entre los decorativos arabescos de Inci Eviner, en un video estratégicamente colocado en el suelo, completan, entre otras obras, una muestra que bien vale un viaje hasta La Boca.

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